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lunes, 10 de junio de 2019

Traspasantier, el otro día [CCLXIV]

Edgardo Malaver



¡Oh, Dios, y qué buen vasallo, si tuviese buen señor!
Estatua del Cid en Burgos



Para Beatriz Loreto

        Extrañamente, fue después de concluir el artículo de hace dos semanas, “Antier, antes de Cristo” (Ritos CCLXII) cuando me acordé de otro adverbio, que creo haber visto una sola vez, en La Asunción, Nueva Esparta, hace muchos años y sólo escrito en la portada de un libro: trasantier, que, ¿para qué lo explico?, se refiere al día inmediatamente anterior a antier. Existe, naturalmente, la versión formal, que es trasanteayer, y que es la que aparece definida en el diccionario, pero ni el diccionario ni mis oídos deben haber oído jamás la máxima locura de los adverbios de tiempo, en uso o en desuso: traspasantier.
        Si apareciera en el diccionario, sería más bien traspasantier y quién sabe si transpastanteayer, una palabra en la que todo llama hacia el pasado, la raíz y sus tres prefijos: trans-, past- y ante-. No es, entonces, el día anterior al día en que se habla, ni el día anterior, ni el que antecede a éste, sino el que sigue hacia atrás en el tiempo: hace cuatro días. ¿Habrá en otro idioma un adverbio tal? ¿Será sencillo en esas lenguas, como en español, señalar con este grado de precisión que uno está hablando de lo sucedido hace 96 horas... o pocas menos, pero ni una más? Y digo que es sencillo porque, si no existiera o no hubiera existido la palabra, sería la mar de sencillo crearla, con tan sólo conocer los prefijos, que es algo que todos conocemos, aunque no todos estemos conscientes de ese conocimiento.
        Como es natural, ayer, anteayer (o antier), trasanteayer (o trasantier) y traspasanteayer (o traspasantier, que es la que parece haberse fundido mejor con los sonidos cotidianos de la lengua) también se utilizan en sentido figurado. Todos son sinónimos de pasado, relativamente cercano o inciertamente remoto, conocido o incognoscible, pero ahora impreciso, muy impreciso, como la historia toda antes de la invención del alfabeto. Es, sin embargo, la imprecisión significativa de la enciclopedia que dice, por ejemplo, que un juglar anónimo escribió el Cantar de mío Cid en algún momento entre la mitad del siglo XII y los primeros años del XIII —¡y que la primera página se perdió!—. Fue en el pasado, pero no el año pasado, ni hace un siglo. Ni siquiera fue trasantier, porque casi mil años tiene que ser más allá: traspasantier.
        Visto así, todo el tiempo cabe en la lengua... y en la poesía. Uno siente aun que el tiempo se encoge al leer, por ejemplo: “Estando atento, hogaño y mañana, al trasantier de tu voz, buscarla, ir a su zaga, hallarla en la lira y en los silbidos y en el bravo rugido de la mar”. Eso es: estas manifestaciones de la lengua popular son nada menos que poesía.
        Distante y cercano, ese sonido del pasado llega a nosotros clara y opacamente al mismo tiempo. Y es lo que revela nuestra memoria cuando, incapaz de establecer con décimas de segundo cuándo sucedió algo, y dándose cuenta de que no hace falta, apela al recurso de la metáfora. Uno termina diciendo: “El otro día me tropecé con el fantasma de mi abuelo. Yo tenía unos siete años, regresaba de la escuela. ¿Cuándo fue?”.
        No importa, la lengua lo reconstruye con sílabas y sonidos y esa es la verdadera memoria.

emalaver@gmail.com



Año VII / N° CCLXIV / 10 de junio del 2019




lunes, 27 de mayo de 2019

Antier, antes de Cristo [CCLXII]

Edgardo Malaver



Rod Taylor ensaya como ir al pasado en La máquina del tiempo (1960),
basada en la novela de H.G. Wells



         El día 12 de mayo, Adrianka Arvelo republicó en su muro de Facebook un letrero tomado del de alguno de sus amigos que decía, más o menos: Amo a la gente que dice “antes de ayer” para hablar de todo lo que pasó antes de 1990. (El post ha sido eliminado, no puedo citarlo con precisión.) Yo le comenté a Adrianka: “Pero ‘1990’ es antes de ayer”. Naturalmente, el autor del letrero piensa que 1990 está más allá del Fiat lux; a mí me parece que fue ayer.
         No quería hablar más de esto, pero después de eso, varias personas me han preguntado y algunos parecen no haber entendido la respuesta. Es muy sencillo. Tanto, que a mí no tuvo que explicármelo nadie. Si yo pude, con las solas insinuaciones de las palabras, todos pueden.
         Seguramente en un esfuerzo por ser más papistas que el papa, es decir, queriendo ser más correctos que la corrección, quizá intentando no incurrir en el supuesto barbarismo de antier, muchas personas dicen antes de ayer en lugar de anteayer, pero entonces cometen un error que no es lingüístico sino lógico. (Ah, por esto no nos hace falta que nos expliquen.) Antes de ayer no es anteayer.
         Antes de ayer abarca, como se ve, todo el tiempo que transcurrió antes del día de ayer. Como hoy es 27 de mayo del 2019, ese antes de ayer, dicho hoy, incluye toda la historia anterior al día 26 de mayo de este año.
         Anteayer es otra cosa. Aunque anteayer, lógicamente, también ocurrió antes de ayer, se refiere únicamente a ese período de 24 horas transcurridas antes, inmediatamente antes, del día de ayer, domingo 26... pero sólo el día entero del sábado 25, si uno está ya en “territorio” del lunes 27, claro.
         Antes de ayer fue el nacimiento de Galileo, la multiplicación de los panes, la aparición de los protozoarios e, incluso, aunque cueste imaginar cómo fue, el Big Bang. Anteayer fue sábado 25 de mayo y yo vi Coco por décima cuarta vez con mi hija menor. También fuimos a visitar a su prima Sofía y comimos empanadas. No cabe mucho más en un solo día.
         En todo este asunto, creo yo, lo verdaderamente bello es el adverbio antier, que es por lo que ustedes se pusieron a leer este artículo. Antier es simplemente la forma corta, abreviada, apocopada, reducida, informal, antigua de anteayer. No sé si hay nada más que decir. ¿Que si podemos usar antier? No veo por qué no. Ni siquiera entiendo por qué preguntarse. Cada quien tiene libertad lingüística, lo mismo que libertad política, económica, etc. ¿Que no es apropiado en todos los contextos? Igual que todas —¡todas!— las palabras del mundo.
         Ustedes están pensando que antier también señala un pasado no tan cercano como hace dos días. En La Venezuela de Antier (y en su nombre), uno sabe que se trata de la Venezuela de mucho antes que hace 48 horas. Sí, tenemos claro que hay ahí una metáfora, una hipérbole de ‘pasado’, un pasado que, aunque lo parezca, tampoco es tan lejano. La Venezuela de Antier podría llamarse, sí, “La Venezuela de Anteayer”, pero perdería la gracia de lo popular, ya casi no sería una metáfora. Y además sería una soberana chapuza, como dirían en Madrid, llamar por un nombre tan refinadamente formal un espectáculo tan encantadoramente rural.
         Lo más delicioso es que aunque en el habla popular venezolana antier se refiere denotativamente a hace dos días, puede significar también, connotativamente, ‘antes de Cristo’, ‘hace muchísimo tiempo’, facultad de la que carece anteayer, por más formalidad adverbial que exhiba. No hay manera, aunque no se ponga mucha atención, de confundirla con otro adverbio.
         En suma, siempre que uno retrocede 24 horas en el tiempo, se encuentra con un día que, desde la perspectiva del presente, llamamos ayer. Cuando retrocede 48, nos vemos en un día que llamamos anteayer (Cervantes decía antier, pero mi mamá también lo dice hoy en día).
         Anteayer (y antier) es un día; antes de ayer es la vastedad de un conjunto abierto e incalculable en el cual cabe toda la historia del hombre y del mundo, menos el día de ayer y lo que llevamos de hoy. Si usted tiene dudas acerca de cuándo usar uno u otro, pregúntese si sabe con precisión cuánto tiempo ha pasado desde que sucedió lo que va a contar. Si no es capaz de saberlo aunque sea vagamente, fue antier, ni un minuto más ni uno menos.

emalaver@gmail.com



Año VII / N° CCLXII / 27 de mayo del 2019