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martes, 24 de diciembre de 2024

Una de traducción... y Navidad [CDXCII]

Edgardo Malaver Lárez



VOCATI PASTORES ADPROPERANT



He oído tanto aguinaldos y villancicos en estos días, algunos de ellos en lenguas extranjeras, que me decido a buscar las letras de algunos que me parecen particularmente hermosos. Como no tengo esperanza de desentrañar pronto, por mucho que la estudie durante esta Navidad, los alegres versos escritos en la lengua de los antiguos incas, me pongo a escudriñar algunos que los niños del coro de la iglesia cantan en latín. El primero, el que más me atrae, el archiconocido Adeste fideles, ha sido traducido por cientos de personas, algunos con suma habilidad para adaptarlos al canto coral (aunque limitando la fidelidad a la métrica), otros con resultados bastante pobres pero relativamente útiles, y luego quedan aquellos que pretendían “solamente dar idea de lo que decía el poema”, pero cuya intuición no acertaba ni en lo más obvio.

Saltando atléticamente por encima de mi amplia ignorancia del latín, después de examinar unas cuantas traducciones de las que juzgo mejor hechas, y apoyándome en el precedente de Luis Cernuda (1902-63) y Ezra Pound (1885-1973), que tradujeron respectivamente a Wordsworth y a Confucio casi en las mismas circunstancias que yo —¡casi!, porque nada como el descaro mío—, intento construir mi propia versión del hermoso canto de Navidad. La composición del Adeste ha sido atribuido al rey Juan IV de Portugal (1604-56) y la melodía al músico inglés John Francis Wade (1711-86). Por los momentos, voy a sumar mi propia traducción, aunque la métrica es irregularísima y la rima aún no encuentra su rumbo. El año próximo, quizá, avance un poco en eso. Aquí lo tienen: el Adeste fideles, con mi deseo de que disfruten la Navidad abrazados con vuestras familias y amigos:


ADESTE FIDELES LÆTI TRIUMPHANTES

Acudan, creyentes, alegres, triunfantes.

VENITE, VENITE IN BETHLEHEM

vengan, vengan a Belén y vean

NATUM VIDETE REGEM ANGELORUM

que ha nacido el rey de los ángeles.


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


EN GREGE RELICTO HUMILES AD CUNAS

Dejando el rebaño, a la humilde cuna

VOCATI PASTORES ADPROPERANT

llamados, se acercan pastores;

NOSQUE OVANTI GRADU FESTINEMUS

nosotros también, jubilosos corramos.


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


ÆTERNI PARENTIS SPLENDOREM ÆTERNUM

Eterno resplandor del Padre Eterno

VELATUM SUB CARNE VIDEBIMUS

oculto en la carne observamos:

DEUM INFANTEM, PANNIS INVOLUTUM

el infante Dios envuelto en pañales.


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


PRO NOBIS EGENUM ET FŒNO CUBANTEM

Por nosotros pobre, sobre heno es arrullado,

PIIS FOVEAMUS AMPLEXIBUS

a él con ternura calurosa cobijémoslo.

SIC NOS AMANTEM QUIS NOS REDAMARET

Al que tanto nos amó, ¿quién no lo amaría?


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


STELLA DUCE MAGI CHRISTUM ADORANTES

Guiados por la estrella, sabios adoran a Cristo,

AURUM THUS ET MYRRHAM DANT MUNERA

y con oro e incienso y con mirra le obsequian.

IESU INFANTI CORDA PRÆBEAMUS

Ofrezcamos al pequeño Jesús nuestros corazones.


¡Feliz Navidad!


emalaver@gmail.com




Año XII / N° CDXCII / 24 de diciembre del 2024

VÍSPERA DE NAVIDAD


jueves, 8 de septiembre de 2022

Prez y gloria [CCCXC]

Edgardo Malaver 

 

 

¿Quién es?, se preguntaban. La Virgen del Valle en la Batalla
de Matasiete (1959), de Juan Antonio Rodríguez

 

 

         Día de la Virgen María. Hoy los católicos del mundo celebran el nacimiento de la madre de Jesucristo. En Margarita, la Virgen del Valle, a cuya mirada materna los margariteños durante todo el año exponen todas sus cosas y todas sus actividades, acapara todos los honores, todas las alabanzas, todas las oraciones. La celebración de la Natividad de la Virgen se celebra en el Hemisferio Oriental desde el siglo VI, mientras que en el Occidental se inició unos 200 años más tarde; cantidad de libros que, como diría san Juan en su Evangelio, “no cabrían en el mundo” se han escrito acerca de esta mujer y, como si fuera poco, también sobre todas las particulares historias que se han tejido a su alrededor dondequiera que alguien ama a su hijo, dondequiera que ella ha aparecido por sí misma, dondequiera que un cristiano confía en su nombre. Se han escrito miles de libros, pero hoy a mí me suena en la mente la letra del Himno de la Virgen del Valle.

         Lo que desde hace tiempo me ha atraído del himno, escrito por José Sixto Cedeño para la coronación de la Virgen del Valle en 1911, es, sobre todo, el nivel lexical del texto. No sé si hace falta hablar de un texto únicamente para explicar el significado de las palabras que lo compone, porque eso es algo que los niños de segundo grado podemos hacer sin dificultad teniendo a mano un diccionario común y corriente, pero este texto es que es lexicalmente muy peculiar. Aquí está el himno:

 

                      Coro

Prez y gloria a la Virgen sagrada,

que del valle do reina el dolor

a la excelsa y divina morada

surgió en alas de célico amor.

 

                          I

De terrible martirios emblema,

circundada de célica luz,

en su áurea y hermosa diadema

brilla enhiesta y serena la cruz.

La ama el nauta que el mar atraviesa

y el labriego en su pobre heredad,

los que luchan con brava entereza,

los que sufren con blanda humildad.

 

                         II

El fulgor de su lumbre destella

a través de las nubes y el viento.

Ora véspero o alba es la estrella

más radiante del vasto elemento.

Es del huérfano triste, clemencia;

del dolor del proscrito, templanza;

es del niño, la blanca inocencia;

del anciano, la dulce esperanza.

 

                         III

Y del ser infeliz del precito

extrañado de humano consuelo,

es el faro inocente y bendito

que lo enrumba camino del cielo.

Caridad es tu nombre más bello,

fe circunda tu trono de luz,

la esperanza te da en un destello

el amor divinal de Jesús.

 

         En el propio coro, la primerísima palabra ya le exige a uno acudir al diccionario. Prez, que yo siempre había pensado que era sinónimo de plegaria, hoy descubro que significa ‘honor, estima o consideración que se adquiere o gana con una acción gloriosa’. La palabra, de origen occitano, no tiene más que dos acepciones en desuso, así de extraña es en español: la primera es ‘opinión de la gente sobre alguien’ y la segunda es igual pero expresamente ‘buena’. Sin embargo, debería ser fácilmente reconocible para nosotros porque al occitano llegó por el latín: pretium, es decir, ‘recompensa’. No deberíamos tener dificultad en ver aquí el origen de una palabra cotidiana y archiconocida: precio.

         También está la palabra célico en el cuarto verso, que se repite en el segundo verso de la primera estrofa. Dice el diccionario que es un adjetivo de uso poético que puede significar ‘relativo al cielo’ (la verdad es que tan distante no está de lo conocido, es igual que celeste). Y por este camino celestial, llega a significar también ‘perfecto’ y, aunque parezca muy mundano, ‘delicioso’. En esta estrofa hay varias palabras que pueden llamar la atención, pero, después de todo, no son tan poco conocidas (diadema, áurea y enhiesta, por ejemplo). La que destaca en realidad es nauta, que no es nada frecuente como sustantivo: ‘persona cuya profesión o afición se ejerce en el mar o está relacionada con la Marina’. No es el sufijo -nauta, pero sí está en el mismo campo semántico.

         En la segunda estrofa, destaca por sobre todo lo demás el sustantivo véspero. Cualquiera cree que no lo conoce, pero después de investigar un instante, nos damos cuenta de que sí. Proviene de vesper, que era, en latín, el nombre del ‘planeta Venus como lucero de la tarde’. ¡Claro! Con razón todo aquello que sucede en la tarde puede uno llamarlo “vespertino”. En segunda acepción, significa ‘anochecer’, ‘tiempo en el cual anochece’.

         Por último, en la tercera estrofa encontramos la palabra precito, que parece un error ortográfico, pero está en el diccionario con el significado de ‘condenado a las penas del infierno, réprobo’. Etimológicamente (o más bien morfológicamente), se descompone en pre- y -cito, que da la apariencia de indicar algo como “citar lo anterior”. Pues resulta que el diccionario lo “traduce” como ‘lo sabido de antemano’. Calza, ¿verdad?

         Sintácticamente también es atractivo este texto, porque no bien comienza el coro aparece el adverbio relativo do, también en desuso, en el verso que del valle do reina el dolor. Sólo se utiliza en poesía y equivale a donde. Sucede algo parecido con el verso Ora véspero o alba es la estrella (tercero de la segunda estrofa). Ora es la aféresis de ahora, equivalente a o, que habría que interpretar como conjunción distributiva y en este verso debería repetirse inmediatamente antes del segundo término que “distribuye”: alba. O sea, debería decir Ora véspero, ora alba... Entiéndase, por tanto, “sea en la tarde, sea en la mañana, es la estrella...”.

         El alto nivel del vocabulario, es decir, el contenido lexical, y la complejidad sintáctica del himno, junto con el hipérbaton omnipresente, la ordenadísima rima, las licencias poéticas, dan una sensación de solemnidad casi gregoriana, medieval, que se confirma cuando oímos la música, abiertamente académica, que acompaña al poema. Y sin embargo, al mismo tiempo, como acabamos de ver, el canto tiene también una sencillez que está a la vista y que, sin estudiar aún su contenido semántico, juega a favor de su belleza y comprensión. Por ende...

         Gloria y prez a la poesía de este himno, surgida como María “en alas de célico amor”.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año X / N° CCCXC / 8 de septiembre del 2022

 

lunes, 5 de septiembre de 2022

Amigos invisibles [CCCLXXXIX]

Edgardo Malaver

 

 

Aun las mujeres poderosas son objeto
de irrespeto.
Mujer oriental (1889),
de Arturo Michelena

 

 

 

         Los lectores de mi generación muy probablemente no necesiten leer Ritos esta semana, pero puede ser que sus hijos hayan sentido curiosidad por el significado de este nombre que, en Venezuela, tan sólo trae a sus memorias los sonidos de un grupo musical que en sus primeros tiempos fue la mar de original y que aún ahora cuenta con 867.000 seguidores.

         El nombre del grupo, que se formó en 1991 y ha producido 13 discos, insinúa que al grupo no le interesa solamente la música sino toda la cultura, pero tampoco solamente el fragmento de la cultura que se encierra en los límites de su país. “Amigos invisibles” era la forma en que el escritor Arturo Úslar Pietri se dirigía a los espectadores de su programa de televisión Valores humanos, que durante décadas ofrecía eruditas charlas sobre infinidad de temas culturales universales, pero también la historia, las costumbres, la lengua de Venezuela.

         Los Amigos invisibles, si se detiene uno a mirar (o más bien a escuchar), nos ofrece también un cúmulo de curiosidades lingüísticas venezolanas, que ellos utilizan para mostrar la naturaleza de los venezolanos. Pienso, por [único] ejemplo, en la canción “Mujer policía”. Un yo masculino se dirige a una mujer que representa a la autoridad en términos típicamente venezolanos: el doble sentido. Le va confesando que quiere cometer un delito únicamente para estar cerca de ella, y lo hace atribuyendo a las palabras envergadura, arreglar, jaula, chaleco antibalas, alimaña connotaciones lujuriosas y sensuales, atrevidas, irrespetuosas. Como las canciones tienen que haber sido escritas con toda la intención de producir un efecto, algo tiene que significar este “atrevimiento”. Por detrás de las palabras dichas (o cantadas), es bastante sencillo identificar el desafío a la autoridad que vemos todo el tiempo en las calles, e incluso la visión de la mujer como poco más que objeto de deseo (ni siquiera de amor), además del habitual recurso de los venezolanos al humor para referirse a todos los temas habidos y por haber. Las intenciones humorísticas, harto ingeniosas y evidentes, en realidad nos interrogan: ¿los venezolanos respetan menos a la autoridad cuando está encarnada en una mujer o respetamos menos (o nada) a las mujeres cuando son agentes de la ley?

         “Tengo a mi lado a mis panas, que son infalibles, tú nos los ves porque son invisibles”, cantan siempre los Amigos. Se me antoja a mí pensar que esos “panas infalibles” pueden ser referencias infaltables en el estudio de lo venezolano como Úslar Pietri y otros intelectuales venezolanos que los integrantes de Los Amigos posiblemente respetan por sus innegables aportes. En suma, el nombre “Amigos Invisibles” funciona como encuentro afortunado entre los altísimos niveles de conocimiento de personajes como Úslar Pietri y los ciudadanos comunes que por cantidad de motivos y razones actúan, piensan y se expresan como las circunstancias cotidianas venezolanas les han enseñado.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año X / N° CCCLXXXIX / 5 de septiembre del 2022

 

viernes, 31 de diciembre de 2021

El tañir de las campanas [CCCLXXIV]

Edgardo Malaver

 

 

Flores que, conformes, se sienten dichosas de dar
sus perfumes a las mariposas


 

 

 

         Hablando de cómo lee un mal lector, el escritor británico C.S. Lewis —siempre tengo que detenerme a aclarar que sí, que me refiero al autor de Las crónicas de Narnia—, dice que por lo general a la gente que habitualmente oye música no le interesa la música: “lo único que quieren es tararear la tonada”. Es verdad, a los mortales nos pasa exactamente eso: no entendemos nada de música y, en consecuencia, no nos detenemos a identificar las innumerables sutilezas sonoras de una pieza concebidas para elevar el espíritu mediante la “contemplación de lo bello”, como afirma Edgar Allan Poe —sí, el de “El gato negro”.

         Pues es lo que nos pasaba a todos con aquel verso de la gaita “Amigo”, escrita por Manny Delgado y cantada por Betulio Medina —sí, el de Maracaibo 15—:

 

Y el tañir de las campanas

y el sonar de un cañonazo

me hacen pensar mucho en ti, amigo,

que quiero darte un abrazo.

 

Durante años y años todos hemos cantado esta canción sin reflexionar que en realidad el verbo tañir, que aquí actúa como sustantivo, es un “error”, cuando menos un “descuido”, un “desliz” de la pluma del autor, o de la voz del cantante. El repique de las campanas, o el sonido que produce cualquier instrumento de percusión o de cuerda, se llama tañer. Es un verbo regularísimo que, transitivamente, se conjuga: yo taño, tú tañes, él taña, etc. La confusión, lapsus, o mondegrín a la inversa, puede provenir del participio pasado del verbo: tañido, que curiosamente también puede ser sustantivo. A cualquiera le sucede, al escribir una canción, que, por sonoridad, toma una palabra de forma muy expresiva, como tañir, en lugar de otra, con mucha menos energía, como tañer, aunque esta sea la pronunciación “correcta”.

         A veces sucede por razones de métrica, con consecuencias sobre la sintaxis, como en el caso de “Llorarás”, compuesta por Oscar D’León —sí, el de “Cuando florezcan las amapolas”—:

 

Llorarás y llorarás

sin nadie que te consuele,

y así te darás de cuenta

que si te engañan duele.

 

En el tercer verso, de no incluir la preposición de, faltaría una sílaba y, para decirlo en términos breves, la canción no se podría cantar; pero, además, sucede que el verso perdería toda su fuerza.

         A Luis Mariano Rivera —sí, sí, el autor de “Cerecita, cerecita”— le pasa lo contrario cuando dice, en “Canchunchú florido”:

 

Cuando invierno empieza

tierra a humedecer,

Canchunchú es un canto

al amanecer.

 

Bien podría decir: “Cuando el invierno empieza...” porque la sinalefa entre las dos primeras palabras dejaría invariable el número de sílabas, pero en el verso siguiente otra vez sucede que el poeta necesita, ahora sí inevitablemente, elidir el artículo de tierra, y con eso logra que la estrofa en su conjunto sea muy perceptible, que llame mucho la atención.

         Todos estos casos entran en el territorio de lo que siempre se ha llamado licencia poética, es decir, esa libertad que pueden permitirse los autores de versos, especialmente en la poesía oral, de añadir, elidir, modificar, crear, repetir, trasponer, fundir sílabas, palabras e incluso versos enteros, según lo requiera el ritmo, la rima o el acento del texto.

         Es entonces una licencia poética lo que se toman Delgado y Medina cuando cantan “el tañir de las campanas”. No puede hablarse de error en este caso ni en ninguno de los otros. Es tan válida esta creación léxica (y poética) que se han permitido los autores que cuando han intentado “corregirla”, casi logran el efecto contrario al deseado: los oyentes, los amantes de sus canciones, el público que los respeta —que en los tres casos es todo el pueblo venezolano—, si es que se percatan del cambio, sencillamente lo ignoran o lo rechazan. Siempre terminan prefiriendo la versión original que, artísticamente, ha sido más creativa, aunque en rigor sea menos cuidadosa con la gramática.

         Hace unos días vi un reciente video en que Betulio Medina canta varios fragmentos de sus canciones en un popurrí hermosísimo. Cuando llega a las campanas de “Amigo”, el experimentado gaitero cambia la letra y canta: “el tañer de las campanas”, y, a pesar de la belleza del video y de la música, ahora sí parece un error que lo pronuncie así. También Oscar D’León ha cantado alguna vez —y quizá ha grabado— “Llorarás” sustituyendo el verso del “error” por “y así te darás tú cuenta”, y no siento yo que le haga ningún favor a la canción. Gracias a Dios, a Gualberto Ibarreto —sí, el de “María Antonia”— no se le ha ocurrido modificar de esa manera la canción de Luis Mariano Rivera.

         Debo, sin embargo, comentar que la teoría de la literatura oral indica que una de las características más importantes de esta manifestación artística es precisamente la variabilidad. Es decir, así como no existe una interpretación de un mismo texto oral que sea idéntica a otra, tampoco hay nada que impida al intérprete introducir modificaciones cada vez que lo emite. Se entiende más bien que ellas enriquecen el texto. Los mitos, leyendas y fábulas, desde Homero hasta hoy, se conservan gracias a esa posibilidad de cambio constante y creativo. Un ejemplo contundente —e intensamente aplaudido— de esta peculiaridad en Venezuela es la modificación que introdujo Yordano—sí, el de “Madera fina”— en un concierto al cantar su popularísima canción “Por estas calles” para protestar en contra de un gobierno que deja a su propio pueblo en manos de la delincuencia. En lugar del cuarto verso de la quinta estrofa, de por sí contundente, que dice: “...y hay algunos que hasta se lanzan pa presidente”, en aquella ocasión cantó:

 

Y los que andan de cuello blanco son los peores

porque además de quemarte se hacen llamar señores.

Tienen amigos en altos cargos, muy influyentes,

y hay algunos que hasta llegaron a presidente.

 

         En suma, el texto oral, aunque artístico, puede variar, pero, como confirma Lewis, lo que queda en la mente del oyente, los sonidos que se encadenaron en sus labios, es lo que irá de boca en boca; el mensaje escrito no va a sonarle si eso no coincide con el que se aprendió desde el principio. Es decir, a menos que el mundo vuelva a empezar por el final y marche hacia atrás, siempre cantaremos “y el tañir de las campanas...”, al final del año y en el resto de él... porque así es la poesía popular y así es la lengua.

         En el fondo está la lengua. Como habrán imaginado, elegí este verso de la música popular venezolana para despedir el año 2021 conversando con ustedes sobre la lengua. Yo también creo es “extraño que se vaya tan ligero”, sus días “transcurrieron en tropel”, hasta “me parece que fue ayer” cuando publicamos aquel número 338. Tal como me pasa siempre, a pesar de todo, me estaba acostumbrando a él. Me provoca cantarle, con Maracaibo 15:

 

Cuando suenen las doce campanadas

y todo se convierta en alegría,

levantaré mi copa a tu salud,

deseando que regreses algún día.

 

¡Feliz Año Nuevo para todos!

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año IX / N° CCCLXXIV / 31 de diciembre del 2021

 

 

 

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lunes, 8 de abril de 2019

And Lady Mondegreen [CCLV]

Ariadna Voulgaris



No me venga con mondegrines, mi cuate, que yo
conozco al condecito Erly desde hace tiempo



         Recordarán aquella escena de Ifigenia en que Cristina le confiesa a María Eugenia, la narradora, el secreto de su familia, la razón por la que está internada en el Colegio del Sagrado Corazón, donde se conocieron. Comienza en ese momento una amistad íntima y armoniosa cuya memoria María Eugenia esparce a lo largo de la novela. Así, aunque sin historias de deshonor familiar, comenzamos a ser amigas Alejandra y yo en primaria. Lo nuestro fue más sencillo, empero. Cristina deseaba saber lo que era un “hijo natural” y María Eugenia no se atrevía a confesarle que tampoco sabía. Alejandra se equivocaba todos los días al cantar el himno nacional y yo no me atrevía a corregirla. Hasta la distraía en los versos precisos para que nadie la oyera equivocarse. Ella cantaba, por ejemplo: “Y a este santo nombre, templo de calor, el vil egoísmo que otra vez triunfó”. ¡Tembló de pavor!
         Ahora parece que avergüenzo a mi amiga, pero lo cierto es que esto nos ha pasado a todos. Yo, por ejemplo, ya grande, oía las canciones que tocaba mi abuelo venezolano en la guitarra y después cantaba: “Y aunque mi vida se torne errante, te juro que adelante esperaré por ti”, en lugar de anhelante, que incluso es el título de esta hermosa melodía. Por último, nadie se ha dado cuenta aún de que el Alma llanera no dice “Me arrulló la vida diana de la brisa y el cantar” sino “Me arrulló la viva diana de la brisa en el palmar”. Aquí, por cierto, me sopla el profesor Malaver que existe una versión que dice “Soy hermano de los pumas, de las garzas, de las rosas”, que no de la espuma”.
         Por lo que he leído recientemente en Internet, este fenómeno, que a mí me parece harto cotidiano y que debe suceder dondequiera que exista una emisora de radio, se comenzó a documentar en 1954, cuando la escritora Sylvia Wright mencionó en el artículo “The Death of Lady Mondegreen” su experiencia con un verso de una canción escocesa recogida por Thomas Percy en su libro Reliquias de la antigua poesía inglesa de 1765. Wright disfrutaba escuchar de su madre los versos sobre la muerte de Murray, pero pensaba que éste había sido asesinado en el bosque junto con su amante, llamada Lady Mondegreen. El poema en realidad dice así:

Ye Highlands and ye Lowlands,
Oh, where hae ye been?
They hae slain the Earl O’Murray,
And laid him on the green.

         Seis palabras cuyas sílabas, percibidas y ligadas de manera confusa, convertían una heroica historia épica en una dolorosa historia de amor. Oscuros esbirros, en apariencia, se habían ensañado contra los enamorados mientras disfrutaban de la soledad, cuando en realidad, abandonado por sus guerreros, el joven noble yacía sobre el césped, ahora incapaz de delatar a sus asesinos.
         Los mondegreens (que es como terminaron llamándose estas palabras confusas o estas confusiones lingüísticas) son infaltables en los repertorios de los humoristas. Cantinflas y Emilio Lovera no serían nadie sin ellos. Alejandra y yo, sin tantas ínfulas, casi no podemos hablar diez minutos sin recurrir a ellos. Nos reímos con los mondegreens como un par de borrachas en una piyamada. Ella hasta ha dejado, ahora en la adultez, de molestarse cuando le canto su propia versión del Gloria al bravo pueblo. Por fortuna, no habla griego, porque viviría para burlarse de los desatinos y perogrulladas que cometo en la lengua de mis abuelos. ¡Oh, Margot!

ariadnavoulgaris@gmail.com



Año VII / N° CCLV / 8 de abril del 2019



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