lunes, 1 de septiembre de 2014
Fufurufa [XX]
martes, 5 de agosto de 2014
Desfazedor de tuertos [XVI]
Academia de la Lengua.
don Quijote de la Mancha. Madrid: Real Academia de la Lengua.
lunes, 21 de julio de 2014
¿Todos los mitos son falsos, o eso es un falso mito? [XV]
Leonardo Laverde B.
—Los escritores son seres solitarios
e introvertidos...
—Eso es un falso mito.
—¿Y eso no es una redundancia?
Se suele decir que la expresión
“falso mito” es incorrecta porque es redundante, pues se supone que los mitos son
falsos por definición. Así, al emplear el adjetivo estaríamos repitiendo información
innecesariamente.
¿Es siempre correcta esta apreciación?
Según el DRAE, en su edición de 2001, la palabra mito tiene cuatro acepciones:
1. m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada
por personajes de carácter divino o heroico.
2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto
universal de la condición humana. El mito de don Juan.
3. m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria admiración y estima.
4. m. Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.
Su fortuna económica es un mito.
En las acepciones 1 y 2, la
idea de falsedad, o, mejor dicho, de ficción, sí está implicada (para decirlo en
términos lingüísticos, es uno de los semas que componen los sememas), pero no agota
su significado. De hecho, observemos que en la acepción 1 no se emplea el adjetivo
falsa, ni siquiera ficticia, sino maravillosa. Lo que se narra
en un mito cosmogónico no ocurrió en realidad, pero eso no es relevante, pues el
mito se sitúa “fuera del tiempo histórico”.
En la acepción 3, la idea de
falsedad no está presente en absoluto. Cuando alguien afirma que “Simón Díaz es
un mito de la música venezolana”, no quiere decir que el entrañable Tío Simón no
haya existido; por el contrario, resalta el lugar privilegiado que ocupa su música
en la cultura venezolana.
La acepción 4 es la única que
tiene la idea de falsedad como componente principal. Y aun en este caso, mito
no es sinónimo absoluto de mentira, pues implica un rasgo adicional: se trata
de una creencia ampliamente aceptada.
En el discurso, lo que determina
la acepción o connotación que debe activarse en las palabras polisémicas es el contexto.
Si oponemos la palabra mito a otra que incluya la idea de veracidad, el contraste
hará que resalte su carácter ficticio (como en la frase “¿mito o realidad?”). Si
un ateo afirma que “el Evangelio es un mito”, probablemente intenta descalificar
el relato bíblico, pues existe la opinión generalizada de que dichos libros tienen
una base real. En cambio, un antropólogo que dicta una conferencia sobre “el mito
bíblico de la creación” propone cierto tipo de acercamiento neutro a dicha narración,
no cuestionar su historicidad. Por último, un sintagma como “Di Stéfano, mito del
fútbol mundial”, solo tiene connotaciones positivas (a menos que el hablante se
proponga cuestionar la existencia o el talento de dicho jugador).
Calificar al sustantivo mito
con el adjetivo falso será redundante o no según la situación discursiva.
Por ejemplo, si yo presento una narración original como un mito antiguo, o bien
exagero las cualidades de algún personaje real, podré ser acusado de estar forjando
un “mito falso” sin incurrir en redundancia. En cambio, si utilizo la palabra mito
con el significado de “falsa creencia ampliamente difundida”, añadirle el adjetivo
falso sí será redundante. ¿Es, pues, una incorrección?
En español, no es inusual que
los adjetivos explicativos (también llamados epítetos), sean redundantes y meramente
enfáticos, sobre todo cuando se anteponen al sustantivo. El pleonasmo puede ser
un vicio que atenta contra la economía del lenguaje, pero también, cuando se usa
conscientemente, un recurso estilístico para añadir expresividad. ¿Cuántas veces
no hemos oído hablar del “inmenso mar” y el “brillante sol”? Con todo, hay algunos
pleonasmos, como el famoso “funcionario público”, en los que el argumento estilístico
es difícil de sostener.
A veces la redundancia puede
ayudar a reducir el riesgo de ambigüedad. Por ejemplo, en el sintagma “falsos mitos
de la literatura venezolana”, podríamos argumentar que el uso del adjetivo aclara
que nos referimos a creencias falsas y no a grandes escritores. Sin embargo, también
existe una solución menos conflictiva (“mitos sobre la literatura venezolana”)
que nos evita el riesgo de parecer ignorantes.
¿Cuál es mi conclusión? No
use la expresión “falsos mitos”. Evítese problemas. Sin embargo, si por desgracia
se le escapa alguna vez, no se preocupe demasiado. Siempre puede exclamar, como
el Chapulín Colorado: “¡Lo hice intencionalmente!”.
llaverde2@gmail.com
Año II / Nº XV / 21 de julio del 2014
lunes, 30 de junio de 2014
Que tu ‘y’ sea ‘y’ y tu ‘o’ sea ‘o’ [XII]
Edgardo Malaver Lárez
Es una cuestión de sentido común. Y/o,
y/u, e/o, e/u... u, o, y, e... ah... ¿U o e i...?
¿No es demasiada complicación, cuando, utilizando el sano sentido lógico, sería
tan sencillo?
Ya habrá visto usted algún letrero en algún
quiosco cerca de su casa que ofrezca “malta y/o refresco”, con lo cual el comerciante
debe tener la ilusión de que les expresa a sus posibles clientes que están en la
libertad de comprar, si lo desean, las dos cosas, pero que pueden, también, decidirse
por una sola de las dos opciones. Qué amable.
Los habitantes del mundo de la banca se
comportan a veces como si tuvieran resguardada en sus bóvedas la partida de nacimiento
de esta curiosa... ¿conjunción?, y es fácil imaginarse —aunque esto está por demostrarse—
que aparecerá en el custodiado documento el nombre de algún banquero conocido...
o de un gerente financiero... o de un abogado mercantil.
¿De dónde viene este constructo bicéfalo,
esta especie de vacilación conjuntiva, de disyuntiva doblemente bifurcada (puesto
que una de sus sendas es ya, por sí sola, una bifurcación)? Viéndola con cuidado
—con algo de cariño, como si deseáramos utilizarla seriamente—, la construcción
y/o es toda perplejidad y toda confusión. Más allá del quiosco y el banco,
si la palabra que la sigue es, por ejemplo, oscuro, ¿habrá que escribir “misterioso
y/u oscuro”? Y si sigue, por ejemplo, inmenso, ¿tendrá que ser “solitario
e/o inmenso”? Ya a esta corta distancia, pareciera que algo nos falta, que alguna
fibra de ella nos fuera extraña. Algo de esquemático tiene, que no es armonioso.
La revista Punto y Coma publicó en
1991 una nota sobre este fenómeno, que parece una orden de fusilamiento en su contra:
y/o. Un
«aviso» destinado a los traductores de la antigua división de traducción española
de Luxemburgo establecía «la abolición, salvo petición expresa del servicio interesado,
del uso de la expresión “y/o”, que deberá sustituirse siempre por “o”. La razón
de ello es que en español la conjunción “o” tiene ya de por sí carácter no excluyente
(la expresión “comer manzanas o peras” puede equivaler indistintamente a “comer
manzanas”, “comer peras” o “comer manzanas y peras”)». El rechazo de este esperpento
lingüístico no es nuevo ni exclusivo de los traductores españoles: nuestro compañero
Carlo Gracci (SdT B-7) publicó unas reflexiones sobre ese tema en el último número
de Aperture, la hoja de información de los traductores italianos, y el Diccionario
de dificultades del inglés de Torrents del Prats le dedica un artículo bastante
detallado en el que propone algunas soluciones (párr. 5).
Parece convincente; sin embargo, el Manual de estilo y normas editoriales
(2009) del Colegio de Sonora, México, lo es más:
y/o. La
expresión y/o es una fórmula inventada por los estadounidenses para economizar
palabras; indica la posibilidad de que suceda la situación A o la situación B, pero
sin escribir sendas oraciones. En español dicha expresión es innecesaria, y su uso
se presta a confusiones. Si en la lista de requisitos para un empleo se solicita
persona que sepa hablar francés y/o inglés, puede entenderse que hable uno
de los dos idiomas, en cuyo caso bastaría con decir: se solicita que el candidato
hable francés o inglés. En cambio, si se requiere a alguien que maneje los dos
idiomas, el anuncio podría decir: se solicita que el candidato hable inglés y
francés (Quiroz Trujillo, 2009, p. 51).
¿Inventada por los estadounidenses? Entonces,
funcionará en Estados Unidos (a lo sumo, en países de habla inglesa), y quién sabe
por qué; será lógico y natural en inglés, pero en español no funciona y no hace
falta. Ya está todo claro. Era de sentido común.
emalaver@gmail.com
Bibliografía
Punto y Coma (1991).
“Y/o”. Nº 4 (dic.). Disponible en http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/04/pyc041.htm#y/o.
Quiroz Trujillo, Alma Celina (2009). Manual de
estilo y normas editoriales. Hermosillo, México: El Colegio de Sonora.
Año
II / Nº XII / 30 de junio del 2014
Otros
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Electroencefalografistas
y más récords
Tu
misión, Jim, si decides aceptarla...
miércoles, 23 de abril de 2014
Congorocho [VI]
Isabel Matos
[Para recordar nuestro primer aniversario (25 de febrero), que
quedó opacado por la ola
de protestas ocurridas en toda Venezuela, y para celebrar el Día
del Idioma de este año, Ritos de Ilación reinicia la publicación de sus notas, que
esperamos regularizar ahora
que el equipo ha crecido]
Esta palabra me ha acompañado desde
que aprendí a pronunciarla. La usaba para cualquier insecto que se pareciera a un
escarabajo. Aunque estaba especialmente reservada para unos congorochitos que vuelan
frenéticos hacia los bombillos encendidos hasta quedar exhaustos o, en su defecto,
asados por el bombillo.
En el DRAE no está registrado. Tampoco en
múltiples diccionarios de venezolanismos en línea[1]. Realizo una búsqueda simple
en Google y encuentro varios resultados:
1. Un pueblo en el estado Guárico, a unos 20 kilómetros de San José de Guaribe.
Otros sitios web dicen que pertenece a Anzoátegui, pero ni siquiera Google Maps
tiene fotos o información alguna del lugar. Ese no es el congorocho que yo conocía.
2. Un insecto de la familia de los Miriápodos, es decir, un ciempiés. No precisamente
el insecto que recordaba, pero al menos es un insecto. Este congorocho vive en la selva húmeda[2], así
que no sé muy bien cómo el vocablo vino a parar en mi casa del llano árido.
3. La búsqueda de imágenes es más alentadora. Muchos ciempiés y uno que otro
escarabajo. Así que luego de visitar las páginas de los escarabajos encuentro que
un venezolano respondió en un blog una vez, por allá por el 2008, que a los escarabajos
se les dice congorocho también. Además, una joven publicó también una foto de un
hermoso bordado en punto de cruz titulado Congorocho en otro blog en 2011.
No soy la única. Respiro aliviada. He aquí
la foto del célebre congorocho:
isabelmercedes@gmail.com
[1] Por ejemplo:
http://projetbabel.org/internet/venezonalismos.htm#C
http://ensartaos.com.ve/cultura/diccionario-de-venezolanismos.
http://www.comercioexterior.ub.es/correccion/venezuela/cultura/Diccionario%20de%20Venezolanismos.htm.
[2]
De acuerdo a http://www.mucubaji.com/guaquira/EEGBiodMyriapoda.html.
Año II / Nº VI / 23 de abril del 2014
EDICIÓN DEL DÍA DEL IDIOMA
miércoles, 10 de abril de 2013
Electroencefalografistas y más récords [III]
Edgardo
Malaver Lárez
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