lunes, 29 de diciembre de 2014
Un año pasado que se queda [XXXVII]
lunes, 22 de diciembre de 2014
La sílaba que se le perdió a la Navidad [XXXVI]
lunes, 15 de diciembre de 2014
El lenguaje metafórico del beisbol (y III) [XXXV]
martes, 9 de diciembre de 2014
El lenguaje metafórico del beisbol (II) [XXXIV]
lunes, 1 de diciembre de 2014
El lenguaje metafórico del beisbol (I) [XXXIII]
Laura Jaramillo
• Cuando nos sorprenden en alguna situación indebida,
decimos que nos agarraron fuera de base.
• Cuando tenemos que tomar una difícil decisión, nos
encontramos en tres y dos.
• Si una persona está errada en lo que dice o hace, esa
persona batea de foul.
• Si nos encontramos con una persona que lo único que hace
es dormir, comer y más na, decimos que esa persona ni cacha
ni picha ni batea la pelota.
• Cuando nos dan una información que no esperábamos,
quedamos fly o ponchaos.
• Si una persona se pega la lotería, la sacó de
jonrón.
• Si una persona comienza a decir incoherencias o
burradas, decimos que se le hinchó el bolazo.
• Cuando un hombre, como cosa rara, pues, quiere tener
más de una relación sentimental, decimos que juega doble play.
Año II / Nº XXXIII / 1° de diciembre del 2014
lunes, 24 de noviembre de 2014
¿Y si ahora las gallinas colocaran los huevos? [XXXII]
lunes, 17 de noviembre de 2014
Úslar Pietri, el erudito, ahora es un polímata [XXXI]
En un artículo que leíamos en Castellano III en la Escuela de Idiomas cuando yo era estudiante, “El tamaño del mundo” (El Nacional, 21 de septiembre de 1986, pág. A-4), que luego he utilizado en clase como profesor, Arturo Úslar Pietri deja clara la idea de que el mundo de cada quien es del tamaño de su vocabulario. Y pocos autores hay como Úslar Pietri para ensanchar, agrandar y ampliar el vocabulario de cualquier lector, por más breve que sea el texto suyo que uno está leyendo.
Hace una semana les llevé a los estudiantes de Lengua Española I este texto para que hicieran su última evaluación del año y mientras hablábamos un poco de él, una de las muchachas me preguntó: “¿Cómo se llaman las personas que tienen muchas profesiones?”. Primero dije: “¿Sabelotodo?”, pero luego, más en serio, les expliqué lo que era un policamburista, que hace unos 20 años que no oigo ya en labios venezolanos; en menos de un minuto alguien había encontrado el término en Internet: polímata. Palabra nueva para mí. A la mitad del grupo le pareció increíble que no lo conociera.
Busco, antes de escribir esto, la palabra polímata en el diccionario de la Real Academia y no la encuentro. Me ofrece polímita, que se refiere a los muchos colores que puede tener una tela. Sigo buscando ahora en Internet y, evitando a toda costa a Wikipedia, me tropiezo con un comentario de alguien que dice que es un neologismo que proviene del griego —todo un oxímoron, ¿no? — que significa ‘que conoce mucho’ o ‘que es capaz de aprender de muchos asuntos’, por lo cual comparte raíz con ‘matemática’. Lo busco en otros idiomas y descubro que en inglés Wordreference da polymath. Moliner no lo pone. Seco tampoco. Como no soy especialista en etimología y mucho menos en griego, me voy a contentar momentáneamente con este pequeño ensanchamiento de mi mundo de palabras.
El quid del asunto lo veo, quizá, en la información, tampoco muy confiable, de que se trata de un neologismo. Y probablemente la señal más clara de que lo es sea que la Real Academia no lo ha incluido en su diccionario. Otro detalle que combina con el fenómeno es que a menudo nacen de alguna parte, como en todo ecosistema, por aquí y por allá, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, palabras nuevas que ha inventado gente que en algún momento ha sentido la necesidad de poner nombre a alguna idea que se le ha ocurrido. Por ejemplo, usted quiere hablar de una persona que al mismo tiempo ha sido escritor, político, periodista, diplomático, legislador, lingüista, historiador, poeta, orador, músico, abogado, profesor universitario, teólogo y traductor, todo al mismo tiempo (Cecilio Acosta, Fermín Toro, Udón Pérez, Rafael María Baralt, Andrés Bello, etc., todo el siglo XIX en pocas palabras) y no se le ocurre un hiperónimo que agrupe todos esos oficios, y se dice: “Caramba, nos falta una palabra, hay que crearla”. Y le sale... ¡polímata! ¿Y erudito? ¿Y polígrafo? ¿Y sabio? ¿Y humanista? ¿Y renacentista? ¿Y docto? ¿Y letrado?
Por otro lado, ¿la raíz de polímata será la misma que la de autómata, la de galimatías, la de materia y la de matar? Presumo que no, pero me gustaría oír (o leer) lo que digan o consigan mis alumnos de Lengua Española I, ojalá que antes de que nos volvamos a ver en Lengua Española II.
Si me tocara a mí hacerlo, le daría una cálida bienvenida a la palabra polímata. ¡La de palabras que al principio nos parecen extravagantes y luego se meten en nuestro mundo! Quién sabe si para mis nietos será una palabra tan común como son para mí ahora teléfono, canoa y camisa. Lo que no podemos admitirnos a nosotros mismos es actuar como la madre del patito feo: vivir feliz en su pequeñísimo mundo conocido y creer que más allá de la baranda de su jardín no había nada.
emalaver@gmail.com
lunes, 10 de noviembre de 2014
¿Cómo se apellida la avenida Solano? [XXX]
Pero no es él a quien se homenajea con la existencia en Caracas de una avenida Solano.
Carlos Antonio López nació en Asunción, Paraguay, el 4 de noviembre de 1792. Como san Francisco Solano, ingresó en el seminario muy joven, pero por consejo de su familia. Más tarde, prefirió estudiar derecho y, después, oponerse políticamente a su tío José Gaspar Rodríguez de Francia, que entre 1816 y 1840, año de su muerte, ostentó el título de dictador perpetuo del Paraguay. Después de los dos golpes de estado de 1841, López terminó siendo secretario del comandante general Mariano Roque Alonso (1792-1853), líder del levantamiento. En 1844, el Congreso tenía que elegir presidente y López se convirtió así en el primer presidente constitucional de la República de Paraguay al entrar en vigencia la nueva constitución que él había contribuido a redactar. Su primer período debía terminar, y terminó, en 1854, pero lo reeligieron para tres años más, a pesar del saldo autocrático de su primer gobierno, amparado por las muchas omisiones de su constitución. Al final de su segundo período, fue reelecto para 10 años más, pero la muerte lo alcanzó en 1862. Y entonces, gracias a su estratégica ubicación en el cargo de vicepresidente, su hijo de 35 años heredó el poder.
Tampoco es este abogado López al que los caraqueños nombran al recorrer la avenida Solano.
El joven hijo del difunto presidente, que recibía una nación en relativo progreso, en sus primeros años construyó hospitales, teatros, escuelas y oratorios, abrió vías férreas y otorgó becas a estudiantes. Inauguró su gobierno anunciando una política nacionalista y de hecho protagonizó varios conatos de invasión a sus vecinos más cercanos. En 1865, condujo al país a la Guerra de la Triple Alianza, contra Brasil, Uruguay y Argentina, en la cual perdió la vida durante la Batalla del Cerro Corá en marzo de 1870. En Francia, como embajador, se había enamorado de una irlandesa, que trajo a Paraguay en contra de la voluntad de su familia y que le dio siete de sus diez hijos. Había nacido, como su padre, en Asunción el 24 de julio de 1826 con un apellido que se encargó de legar a una tercera generación de políticos y soldados paraguayos. A causa de la devoción a aquel santo español que recorrió media América del Sur a pie, había sido bautizado con el nombre de Francisco Solano.
Este mariscal López es el epónimo de la afamada avenida caraqueña.