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lunes, 21 de marzo de 2016

Ilación (II) [C]

Edgardo Malaver Lárez


Aristóteles no sólo creó el término silogismo, también
estructuró 
el primer sistema lógico que se conoce



Y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas.
Y el amor, entre sus ojos,
hilaba.

“La hilandera”, Andrés Eloy Blanco


         En febrero del 2013, publicamos como primer número de Ritos simplemente la definición de la palabra ilación del diccionario de la Academia: “Trabazón razonable y ordenada de las partes de un discurso”, dice en segunda acepción. Para el que sabe mucho de eso, muy bien, pero a uno lo desorienta esa palabra trabazón, ¿no es cierto? ¿Qué es lo que se traba?
         Vamos a buscarla también en el diccionario. Primero dice: “Juntura o enlace de dos o más cosas que se unen entre sí”. Aunque digamos que no, esta imagen no dista mucho de la enredadera organizada de hilos que produce una tejedora. Dos acepciones más tarde, dice: “Conexión de una cosa con otra o dependencia que entre sí tienen”. Pues ya no parece tan difícil de comprender.
         Sin embargo, es la tercera acepción de ilación (pero también, bastante, la primera) la que pone por fin las cosas en terreno más bien indiscutible. Las circunscribe a la filosofía, pero es sencillo relacionarlas con la lógica. ¿A usted no le suena “Enlace o nexo del consiguiente con sus premisas” a lo que Aristóteles llamaría silogismo? Si un silogismo es un razonamiento en el cual se llega a una conclusión a partir de dos afirmaciones (premisas), entonces la ilación ha de tener con él alguna relación, cuando menos alguna semejanza, algún hilito que los mediovincule.
         Ciertamente, un texto entero (una enciclopedia o un artículo de El Nacional) o incluso un solo párrafo (como los de Víctor Hugo o como los de Ednodio Quintero), aunque no tenga pretensiones extraordinarias, deberían exhibir esos elementos, esos mecanismos de pensamiento, por medio de los cuales el lector u oyente llega con el autor a las mismas deducciones, a las mismas convicciones, a las mismas conclusiones, más allá de que no esté de acuerdo con él. Es a partir de este “diseño”, y gracias a él, que el texto puede producir ideas nuevas.
         Si las partes de una cosa se traban, si se enredan, si cooperan unas con otras, el conjunto va a ser un todo cohesionado y firme. De repente, se me conecta todo con la idea de cohesión, esa propiedad de todos los textos (sin la cual, según los teóricos, no deberíamos llamarlos así) que, internamente, muestran relaciones entre sus partes: la concordancia, las referencias anafóricas y catafóricas, elipsis, etc., hilos que van amarrando unos elementos a otros, unas ideas a las demás, para hacer un solo ovillo sin cabos sueltos.
         En resumen, todo texto, a riesgo de dejar de serlo, tiene que tener cohesión, es decir, tiene que ser una especie de silogismo dentro de sí... tener ilación.


emalaver@gmail.com



Año IV / N° C / 21 de marzo del 2016

lunes, 7 de julio de 2014

Al final no fuimos a la final [XIII]

Sara Cecilia Pacheco



         Cuando la lengua no te es extraña, cuando te maravilla, te inquieta…, te encuentras inconscientemente analizando cada cartelito, valla o publicación. Eres un observador (algunas veces un inquisidor) de cada palabra que se te atraviesa, de cada grupo de palabras, ves la forma, ves el fondo… Y (clic) le tomas una foto para comentar o reírte con otros de tu especie.
         Lo mismo nos pasa con las conversaciones. Por más bien educado que hayas sido en casa, te sorprendes escuchando conversaciones ajenas. Sin intervenir, claro está. Es así como uno se queda con cada perla. Como en mi caso con la archirrepetida expresión a la final para decir la conclusión de lo dicho, una especie de en fin que está muy de moda.
         En todas partes escucho ese a la final: “A la final no viniste…”, “A la final me salí de la cola…”, “Ni pudimos comprar a la final…”; sin haber notado quizá que la expresión es al final. Si la analizamos, se trata de la preposición a y el artículo el en su forma contraída al, junto al sustantivo final que según la RAE, es “m. Término y remate de algo”. En esta acepción, la palabra final es masculina y no femenina. En elDiccionario de uso del español de María Moliner aparece la expresión al final: “Como conclusión de todo lo hablado, ocurrido, etc. Implica frecuentemente que la conclusión de que se trata es absurda o inadmisible: ‘¡No... si al final resultará que quien tenía razón era él...!’”.
         No faltará quien diga que la final existe y por tanto se puede decira la final. Sí, claro, se puede decir, pero no tendrá el significado que quieres porque la final es, según la RAE: “3. f. Última y decisiva competición en un campeonato o concurso”. La final es la que se jugará este domingo 13 de julio en el Maracaná, una final a la que, al final, esta vez tampoco vamos.

sarace.pacheco@gmail.com


Bibliografía
Moliner, M. (2000). Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos.
Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe.



Año II / Nº XIII / 7 de julio del 2014

lunes, 30 de junio de 2014

Que tu ‘y’ sea ‘y’ y tu ‘o’ sea ‘o’ [XII]

Edgardo Malaver Lárez

 

 

 

 

 

         Es una cuestión de sentido común. Y/o, y/u, e/o, e/u... u, o, y, e... ah... ¿U o e i...? ¿No es demasiada complicación, cuando, utilizando el sano sentido lógico, sería tan sencillo?

         Ya habrá visto usted algún letrero en algún quiosco cerca de su casa que ofrezca “malta y/o refresco”, con lo cual el comerciante debe tener la ilusión de que les expresa a sus posibles clientes que están en la libertad de comprar, si lo desean, las dos cosas, pero que pueden, también, decidirse por una sola de las dos opciones. Qué amable.

         Los habitantes del mundo de la banca se comportan a veces como si tuvieran resguardada en sus bóvedas la partida de nacimiento de esta curiosa... ¿conjunción?, y es fácil imaginarse —aunque esto está por demostrarse— que aparecerá en el custodiado documento el nombre de algún banquero conocido... o de un gerente financiero... o de un abogado mercantil.

         ¿De dónde viene este constructo bicéfalo, esta especie de vacilación conjuntiva, de disyuntiva doblemente bifurcada (puesto que una de sus sendas es ya, por sí sola, una bifurcación)? Viéndola con cuidado —con algo de cariño, como si deseáramos utilizarla seriamente—, la construcción y/o es toda perplejidad y toda confusión. Más allá del quiosco y el banco, si la palabra que la sigue es, por ejemplo, oscuro, ¿habrá que escribir “misterioso y/u oscuro”? Y si sigue, por ejemplo, inmenso, ¿tendrá que ser “solitario e/o inmenso”? Ya a esta corta distancia, pareciera que algo nos falta, que alguna fibra de ella nos fuera extraña. Algo de esquemático tiene, que no es armonioso.

         La revista Punto y Coma publicó en 1991 una nota sobre este fenómeno, que parece una orden de fusilamiento en su contra:

 

y/o. Un «aviso» destinado a los traductores de la antigua división de traducción española de Luxemburgo establecía «la abolición, salvo petición expresa del servicio interesado, del uso de la expresión “y/o”, que deberá sustituirse siempre por “o”. La razón de ello es que en español la conjunción “o” tiene ya de por sí carácter no excluyente (la expresión “comer manzanas o peras” puede equivaler indistintamente a “comer manzanas”, “comer peras” o “comer manzanas y peras”)». El rechazo de este esperpento lingüístico no es nuevo ni exclusivo de los traductores españoles: nuestro compañero Carlo Gracci (SdT B-7) publicó unas reflexiones sobre ese tema en el último número de Aperture, la hoja de información de los traductores italianos, y el Diccionario de dificultades del inglés de Torrents del Prats le dedica un artículo bastante detallado en el que propone algunas soluciones (párr. 5).

 

         Parece convincente; sin embargo, el Manual de estilo y normas editoriales (2009) del Colegio de Sonora, México, lo es más:

 

y/o. La expresión y/o es una fórmula inventada por los estadounidenses para economizar palabras; indica la posibilidad de que suceda la situación A o la situación B, pero sin escribir sendas oraciones. En español dicha expresión es innecesaria, y su uso se presta a confusiones. Si en la lista de requisitos para un empleo se solicita persona que sepa hablar francés y/o inglés, puede entenderse que hable uno de los dos idiomas, en cuyo caso bastaría con decir: se solicita que el candidato hable francés o inglés. En cambio, si se requiere a alguien que maneje los dos idiomas, el anuncio podría decir: se solicita que el candidato hable inglés y francés (Quiroz Trujillo, 2009, p. 51).

 

         ¿Inventada por los estadounidenses? Entonces, funcionará en Estados Unidos (a lo sumo, en países de habla inglesa), y quién sabe por qué; será lógico y natural en inglés, pero en español no funciona y no hace falta. Ya está todo claro. Era de sentido común.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Bibliografía

Punto y Coma (1991). “Y/o”. Nº 4 (dic.). Disponible en http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/04/pyc041.htm#y/o.

Quiroz Trujillo, Alma Celina (2009). Manual de estilo y normas editoriales. Hermosillo, México: El Colegio de Sonora.

 

 

 

Año II / Nº XII / 30 de junio del 2014

 



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lunes, 25 de febrero de 2013

Ilación [I]


Ahora que miramos atrás, sabemos que este es el texto inaugural de Ritos de Ilación. No fue concebido como artículo para la primera edición de la... ¿revista?, que no existía aún, ni mucho menos como entrada del blog, que vino más tarde, pero sí fue compuesto intencionalmente al amparo de un espíritu que se fecundó ese día y que más tarde ha seguido animándonos. Entonces, para ser históricamente rigurosos con nosotros mismos, pero también para disfrutar, diríase hemerográficamente, de todo lo que hemos escrito, ponemos aquí lo que podemos llamar nuestro...

N° I


ilación. (del lat. illatĭo, -ōnis). 1. f. Acción y efecto de inferir una cosa de otra. 2. f. Trabazón razonable y ordenada de las partes de un discurso. 3. f. Fil. Enlace o nexo del consiguiente con sus premisas.
     La palabra hilación no está registrada en el Diccionario.

Diccionario de la Real Academia Española, 2001



ilación. ‘Acción de inferir o deducir’ y ‘conexión lógica’: «Ella comenzó a hablar en frases entrecortadas y sin ilación» (Mutis Ilona [Col. 1988]). Este sustantivo proviene del latín illatio (‘inferencia, deducción’). No es correcta la grafía hilación, debida al influjo de hilar, verbo con el que etimológicamente no guarda ninguna relación.


Diccionario panhispánico de dudas, 2005



25 de febrero del 2013