Mostrando las entradas con la etiqueta Vaina. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Vaina. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de marzo de 2015

Pero... ¿qué guarandinga es esa? [XLIX]

Elizabeth Cornejo

 

 

 

 

 

         Una conversación que nunca falta y se repite entre todos aquellos a quienes nos encantan las letras, las palabras y afines es esa de... ¡que palabra tan fea! Por supuesto, esto siempre nos lleva a mencionar cuáles son las palabras que nos gustan o disgustan de nuestro idioma.

         Edgardo, el padre de este blog, que pareciera estar muy atento a este asunto, siempre les pregunta a sus invitados, amigos y alumnos: “¿Cuál es la palabra más hermosa de la lengua española?”. Y yo, siempre que lo escucho, pienso invariablemente: guarandinga. Pero hay una cosa cierta, y es que ese asunto del gusto es algo completamente personal. Yo amo la guarandinga y hay quienes la detestan.

         Guarandinga es como el buen vino: tiene cuerpo, color y fuerza —prueben a decirla en voz alta y sabrán a qué me refiero—. Es polisémica, divertida, elegante sustituta de nuestra obscena (?) “vaina” y para complemento de su belleza no aparece registrada en el DRAE, así que también es rebelde e irreverente. Esto aumenta su encanto, ya que sigue estando en la boca de muchos aunque los académicos se nieguen a reconocerla.

         Será por esa misma razón que cuando buscamos el origen de la palabra guarandinga este no aparece por ningún lado. En la red encontramos que es una “palabra proveniente de la zona de Barquisimeto que nombra una situación o estado”, y, a duras penas, en el reciente Diccionario histórico del español de Venezuela de Francisco Javier Pérez se reseña así:

 

guarandinga ƒ Voz del español de Venezuela que se origina a comienzos del siglo XX y cuyo uso se mantiene hasta el presente [...] usándose para designar todo tipo de cosas o asuntos y como forma de auxilio para aludir genéricamente a algo cuyo nombre se ignora o no se quiere señalar.

 

Así mismo, el autor también documenta varios usos de la palabra desde 1920 hasta el 2006, citando que hasta para nombre de torta fue usada. Sin embargo, de su origen, nada...

         Cabe mencionar que, al menos aquí en la capital, la palabra ya no se escucha como antes y hay quienes afirman que está “extinguida (sic) por completo en el léxico caraqueño actual”; sin embargo, yo la sigo escuchando en boca de algunas personas mayores que por “cuestiones de la decencia” se niegan a decir “malas palabras”.

         En mi casa, recuerdo que cuando mi abuela se molestaba con nosotros nos increpaba —y valga la expresión— “decentemente” con un ¿qué guarandinga es esa?, o en su defecto, ¡Niños! ¡Dejen la guarandinga!... Por supuesto que con ese regaño taaaan sofisticado nadie hacía ningún caso hasta que la viejita furibunda gritaba a todo gañote:

 

¡QUE DEJEN LA VAINA, PUES!

 

 

 

Referencias

Calatrava, Alonso (1999). Obituario de voces caraqueñas. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.

Castro Pumarega, Daniel (s./f.). Diccionario de venezolanismos. Signum.
http://projetbabel.org/internet/venezonalismos [consultado en enero, 2015]

Pérez, Francisco Javier (2012). Diccionario histórico del español de Venezuela. Vol. I. Caracas: Bid&Co.-Fundación Polar.

 

egc.designers@gmail.com

 

 

 

 

Año III / Nº XLIX / 23 de marzo del 2015

 

lunes, 18 de agosto de 2014

La lengua es una vaina seria [XVIII]

Laura Jaramillo






         No todas las personas hablamos y nos expresamos de la misma forma; nuestra manera de comunicarnos indica de dónde venimos, lo que nos gusta y, sobre todo, nuestro nivel cultural, lo cual hace que tengamos tanta imaginación y creatividad para usar nuestra lengua. Por eso, los venezolanos nos caracterizamos por ser tan expresivos al hablar y por incorporar nuevas palabras a nuestro léxico diario.
         Gran parte de nuestro vocabulario, además de ser un complejo mundo lingüístico en constante variación, está lleno de metáforas y expresiones, lo cual nos regala una identidad. Pensemos por un momento si no tuviéramos una palabra adecuada, por ejemplo, al momento de pisarnos un dedo con el martillo o con la puerta del carro (coño), o al momento de nombrar algo de lo cual no nos acordamos (vaina). A pesar de que el significado base sea distinto, nosotros los hablantes nos encargamos de darles nuevos significados.
         Para los venezolanos, y para muchos hispanohablantes, como colombianos, cubanos, puertorriqueños, etc., vaina es algo indefinido, quiere decir todo y no quiere decir nada, define sus pensamientos y sus palabras. Un momento agradable o desagradable es una vaina.
         Aunque vaina puede tener los siguientes sinónimos: funda, envoltura, recubrimiento, cubierta o cáscara, en el argot popular, vaina tiene otras connotaciones: cosa poco conocida (¿qué vaina es esa?); contrariedad o molestia (¿qué vaina tan seria?); molestar a alguien, decir tonterías (echar vaina); tener precaución (¡ni de vainas!). También la usamos para calificar una cosa cuando es mala o buena: Ayer fui a ver una película; ¡qué vaina tan mala!, no te la recomiendo; la mala suerte, la vida y el matrimonio ¡son una vaina seria! Todas registras por el DRAE, y en sus últimas acepciones.
         Para algunos son expresiones consideradas vulgares, porque se piensa que son usadas por hablantes de bajo registro léxico, lo cual no es cierto, puesto que todo tiene un lugar y espacio, y hasta el más estudiado puede perfectamente expresarlas; no es lo mismo que un padre le diga a su hijo cuando ve las notas raspadas: “¿Qué es esto, si lo único que haces es estudiar?”, que decir: “¡¿Qué vaina es esta, si lo único que haces es estudiar?!”.
         A los venezolanos nos gusta estar inventando expresiones que sacamos de las experiencias que vivimos a diario, porque son esas vivencias las que nos hacen ser tan ingeniosos con nuestra lengua, porque la lengua también es una vaina seria.

laurajaramilloreal@yahoo.com



Año II / Nº XVIII / 18 de agosto del 2014