Edgardo Malaver Lárez
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| Hay una Tacarigua para cada venezolano... o poco falta |
A medida que pasa el
tiempo, me acerco más a la conclusión de que hay en el mundo más calles que
nombres que ponerles, más vecindarios, más ciudades, más ríos topónimos para
llamarlos. A veces me da la impresión de que en Caracas hubiera tres avenidas
Sucre, cuatro plazas Páez, cinco barrios El Progreso. Si los hay, una
explicación sencilla —y bastante obvia, aunque requiera un poco de estudio de la
historia— es que la capital de Venezuela ha ido creciendo, “absorbiendo”
lugares que originalmente eran lejanos y adoptados sus topónimos sin darse
cuenta de que se le metieron por las ventanas y de repente aparecieron escritos
en el mapa. Y no pasa solamente en Caracas, ¡ni siquiera solamente en Venezuela!,
pero el caso que nos interesa más es el nuestro... o me interesa a mí, al
menos.
Estas coincidencias, por
cierto, por lo menos en mi mente, favorecen mucho la ficción. Imaginen un cuento
policial en que el criminal ejecuta sus fechorías en una plaza Bolívar y vive,
trabaja o visita a menudo y sin esconderse, frente a otra plaza del mismo nombre,
rodeada de calles cuyos nombres se repiten y conducen a sitios históricos parecidos,
en los cuales los mismos héroes protagonizaron acontecimientos memorables semejantes
en épocas igualmente remotas. ¿Cómo se puede investigar un crimen en una ciudad
como esta? ¿Cómo puede cualquier ciudadano encontrar su casa en semejante lugar?
¿Cómo sabe uno a cuál escuela ir a recoger a sus hijos en las dos de la tarde?
En Venezuela se repiten
muchos nombres de lugar. Parece ficción, pero los mapas muy rara vez mienten. Existe,
por ejemplo, un Charallave en el estado Miranda y otro en el estado Sucre. De
igual forma, tenemos la heroica ciudad de La Victoria del estado Aragua, pero
también hay una La Victoria en Apure, a orilla del vibrador Arauca, es decir,
en la frontera con Colombia. En el estado Anzoátegui, existe una Aragua de
Barcelona, famosa por una batalla de 1814, y más al este, en Monagas, una
Aragua de Maturín. Y no hay que olvidar que, en el centro de Venezuela, está el
estado Aragua, aparentemente el titular del copyright.
Y si es por nombres
triples, San Carlos no es el único. Tenemos en el mapa una Caicara del Orinoco
en el estado Bolívar, una Caicara de Maturín en el estado Monagas y una Caicara
de Barcelona en el estado Anzoátegui. Cualquiera diría que la región oriental
quiere superar récords de otras regiones, pero no parece que ninguna región se
quedara atrás en este espíritu de la repetición toponímica. Y no es diferente
en el lado occidental.
Por si estas coincidencias
entre estados no fueran suficientes, también las hay dentro del mismo estado. Miren
cómo en el occidente de Venezuela hay una península de San Carlos en el
municipio Padilla del estado Zulia, al norte, en la mera entrada del lago de
Maracaibo, pero al sur del lago, la capital del municipio Colón se llama San
Carlos del Zulia. Y, naturalmente, está la ciudad San Carlos, aunque sea la
capital del estado Cojedes, hacia el este, entre el mar y los llanos.
El nombre Tacarigua, sin
embargo, quizá sea el topónimo más frecuente de Venezuela. Hay una Tacarigua en
el Zulia y otra en Nueva Esparta (que se divide en Tacarigua Adentro y
Tacarigua Afuera), ¡pero en Miranda hay tres!: Tacarigua de la Laguna en el
municipio Páez, Tacarigua de Mamporal en Buroz y Tacarigua de Brion en Brion; y
no sólo eso: hay en Miranda una laguna y el parque nacional que la abarca que
se llaman Laguna de Tacarigua. Tacarigua es también el nombre indígena del Lago
de Valencia, Carabobo. ¡Ocho lugares con el mismo nombre!
Por su parte, los hagiónimos,
como en todo el mundo cristiano, son incontables. Para no poner más que un
ejemplo, digamos que en Venezuela tenemos por lo menos cuatro ciudades llamadas
Santa Ana: en Anzoátegui, Táchira, Nueva Esparta y Falcón —en el mundo, por
cierto, hay por lo menos 29, diez de ellas en México—. En Venezuela incluso existe
una asociación de ciudades llamadas Santa Ana, que cada año celebra su asamblea
general en uno de los estados miembros.
¿Y Bolívar? Es curioso que
el nombre del Libertador no parezca dar nombre a muchos lugares —seguramente
será una falla en mi investigación—. Sin embargo, si no contamos nuestra Ciudad
Bolívar, hay en el mundo 13 ciudades llamadas así, ¡cinco de ellas en Estados
Unidos! No parece incongruente que el nombre del ciudadano más destacado de la
historia venezolana sea el que ha llegado a más lugares y el que se ha multiplicado
más. Y mucho más que el propio nombre del país, porque el municipio de
Venezuela, en la provincia de Ciego de Ávila, Cuba, es el único otro lugar del
mundo, si he investigado bien, donde se repite el nombre de Venezuela.
¿Ustedes se acuerdan de
aquel cuento de Andrés Eloy Blanco en que un pueblo llamado Mamporal —no, no,
este es ficticio, aunque hay más de un Mamporal en Venezuela— y otro llamado
Manatí compiten tanto para ser el único, el mejor, el que siempre derrota al
otro en tal o cual cosa, que una vez se incendiaron dos casas en Manatí y los
de Mamporal al día siguiente, para no ser menos, incendiaron adrede tres casas?
Eso parece esta repetición tan llamativa de nombres a lo largo de un mismo país.
Quién sabe si Andrés Eloy, como acostumbra, va a tener razón también en esto.
emalaver@gmail.com
Año XIII / N° DXXXIV / 26 de enero del
2026
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