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lunes, 3 de julio de 2023

Santa Tecla [CDXXVIII]

Luis Roberts

 

 

 

Las palabras y el fuego respaldan
la candidatura de santa Tecla.
Ilust.: catholic.net


 

 

          Nada más lejos de mi intención que proponer a la Iglesia Católica la elevación a los altares de una nueva santa, ¡Dios me libre! Vana intención. Bastante tiene la Iglesia con los más de 9.000 santos y beatos que tiene en su santoral, cada uno con su correspondiente día de celebración; casi treinta al día.

         Según el derecho canónico, el católico debe bautizar a sus vástagos con los nombres de los santos del día, lo que, si se cumpliese, haría de las partidas de bautismo un documento libresco. Los Borbones encontraron hace tiempo la solución: les ponen humildemente sólo cinco o seis nombres rematándolos con un “y de Todos los Santos” y asunto concluido. Al contrario: a pesar de que en los últimos papados se han proclamado algunos nuevos centenares de santos, se ha tendido a aligerar la nómina eliminando algunos santos de larga tradición y devoción, incluso la mía, como san Cucufato y san Cristóbal.

         Lo que propongo, a sabiendas de que no se me hará ningún caso, es cambiar el patronazgo de los traductores. Nuestro santo patrón es san Jerónimo, santo por el solo mérito de haber traducido, y mal, la Biblia, la llamada Vulgata latina. Bien es cierto que lo aceptamos porque tenía varias coincidencias con nuestro hacer diario: conocía superficialmente el arameo, el hebreo, el griego y el latín, inventaba cuando ser hallaba en un callejón sin salida y echaba mano de los falsos amigos y de acepciones erradas en infinidad de ocasiones. Metidas de pata de consecuencias teológicas hoy difíciles de enmendar. Camel en arameo es, efectivamente, ‘camello’, pero también el cabo o la soga que amarra un bote, por lo que al caer, como nos ha pasado tantas veces, en un falso amigo, se le ocurrió eso de pasar un camello por el ojo de una aguja, en vez de un cabo; ¿un camello? Y ahí quedó para siempre. Pero más grave fue lo de confundir almash, que es una joven adolescente, con una virgen que es betulá en arameo, y esa discusión teológica fue el objeto, no solo de arduas discusiones en varios concilios, sino de asesinatos, herejes quemados vivos, etc.

         Mi propuesta, abocada al fracaso, repito, es abandonar el patronazgo de san Jerónimo y, como ya lo intentaron en su día sin éxito los informáticos, declarar como nuestra santa patrona a santa Tecla, lo que supondría solo un adelanto de seis días en la celebración del Día del Traductor. Las razones son obvias, como los informáticos, los traductores pasamos más horas al día con la tecla que con nuestra pareja. Además, su martirio tiene una gran afinidad con nuestro quehacer. Santa Tecla de Iconio (ninguna broma al respecto, por favor), acompañaba a san Pablo en sus viajes “evangelizadores” (las comillas son porque no había aún evangelio alguno) y toda su meta en la vida era permanecer casta y pura, lo que con san Pablo no debió costarle mucho esfuerzo, pues según las crónicas de la época era bajito, calvo, patizambo y contrahecho.

   Según llegaban a diversas ciudades siempre había algún jerarca que pretendía violarla, lo que al parecer era usual en esa época, y ella se negaba por mor de su deseo de castidad. Por ello fue repetidamente condenada al martirio. Primero fue quemada viva, pero una lluvia con granizo apagó el fuego, según unas versiones, y según otras el fuego se convirtió en un halo protector. ¿Cuántas veces los clientes no nos ponen a correr on fire para entregar un trabajo en unas pocas horas y lo hacemos y sobrevivimos?

         Más tarde fue echada a los leones para que la devorasen y estos la lamieron los pies. ¿Cuántos clientes han amenazado con devorarnos y al final no han tenido más remedio, no que lamernos los pies, pues ya no es de uso, pero sí de darnos las gracias? Y por último cuando iba a ser degollada se abrió la roca de un monte y ella desapareció en su interior para siempre. Todo traductor sabe que en algún momento, cuando un cliente quiere degollarlo, lo mejor es desaparecer para siempre.

         Aquí queda mi propuesta sin futuro: santa Tecla patrona de los traductores.

 

luisroberts@gmail.com

 

 

 

Año XI / N° CDXXVIII / 3 de julio del 2023


lunes, 2 de junio de 2014

Se armó la sampablera [X]

Aurelena Ruiz



         Cuando hay alguna revuelta por ahí —algo muy fácil de encontrar hoy en día en Venezuela— solemos escuchar a la gente decir que “se armó la sampablera”, pero ¿sabemos de dónde viene esa expresión?
         No es difícil deducir que viene del nombre de san Pablo, el apóstol que convirtió el cristianismo en una religión universal. San Pablo era hijo de judíos fariseos y participó en las primeras persecuciones contra los cristianos, pero, luego de escuchar a Jesús en su viaje a Damasco, “revolucionó” su vida y se convirtió a la nueva fe. Desde entonces, se dedicó a predicar la palabra de Dios por todas partes; fundó comunidades cristianas a lo largo de Asia Menor y Europa, hasta llegar a Roma.
         Durante su larga travesía san Pablo tuvo que “luchar” con muchos judíos y cristianos para liberarlos de algunos rituales del judaísmo, en dos oportunidades fue “encarcelado” y juzgado en Roma y, aunque su muerte no está muy clara, todo parece indicar que fue “ejecutado” en ese mismo lugar.
         A pesar de que la historia de san Pablo está muy asociada con la controversia, la lucha, la revolución y la violencia, no es directamente de este apóstol de donde viene la expresión, sino de la Plaza San Pablo, ubicada en el centro de Caracas, donde actualmente se encuentra el Teatro Municipal.
         Resulta que el 2 de agosto de 1859, ocurrió en Caracas un enfrentamiento entre liberales y conservadores, luego del golpe de Estado contra Julián Castro, dirigido por el conservador Manuel Vicente de las Casas.
         Castro, considerado como “antipartidista”, fue elegido como presidente interino tras la renuncia de Monagas en julio del 58. En febrero de 1859 Castro renuncia por aparentemente sufrir de una enfermedad, pero pronto recupera el cargo y les da su apoyo a los liberales.
         Luego de derrocar a Castro el 1° de agosto, De las Casas lo encarcela y se declara también a favor de los liberales; sin embargo, los civiles no lo apoyan y los conservadores retoman el poder.
         Por su parte, Pedro Vicente Aguado, jefe de los liberales en La Guaira, se entera del derrocamiento y decide ir con sus tropas a Caracas. Aguado esperaba encontrarse con una ciudad bajo el dominio de los liberales, pero, por el contrario, fue recibido en la Plaza San Pablo por los conservadores, trayendo como consecuencia una feroz batalla que generó una gran alteración del orden público.
         Aquiles Nazoa afirma que “de aquel suceso memorable se originó la palabra caraqueña sampablera”, dando a entender que existe alguna disputa, pleito o alboroto.
         En los últimos meses, son muchas las sampableras que se han armado en el país, especialmente en San Cristóbal y Altamira. ¿Será entonces que en unos cien o doscientos años nuestros descendientes dirán que se armó una “sancristobalera”?, ¿o quizás una “altamirera”?

aurelena.ruiz@gmail.com



Año II / Nº X / 2 de junio del 2014