Edgardo Malaver
La de veces que sucede que uno cree que
se está entendiendo con los demás, y resulta que está entendiendo algo radicalmente
diferente. Y como les pasa lo mismo a ellos, todo queda bien, todos nos quedamos
con nuestra equivocada versión correcta de las cosas y no nos lanzamos golpes,
pero en realidad no nos hemos entendido. Ha sucedido incluso con los orígenes
de los nombres de algunos países.
El Inca Garcilaso de la Vega cuenta, en
su célebre libro Comentarios reales,
de 1609, que el nombre Perú no existía en la lengua de los indios del lugar, lo
crearon los españoles. Poco después de 1513, Vasco Núñez de Balboa (1475-1519),
que en ese año se había convertido en el primer europeo en encontrar el Océano
Pacífico por su costa oriental, se fue a averiguar también cómo se llamaba
aquella tierra que ahora era suya. Desde uno de los cuatro barcos que mandó
construir para ello, sus hombres vieron a un indio que pescaba en la desembocadura de un río y lo atraparon
para que les informara lo que deseaban saber. Le preguntaron: “¿Qué tierra es
esta y cómo se llama?”. El indio entendió que le preguntaban su nombre y lo dijo:
“Berú”. Ellos siguieron haciéndole señas y el indio creyó que le preguntaban
dónde lo habían encontrado y respondió: “Pelú”, palabra con la que en su
lengua se llamaba al río. Desde aquel momento, “que fue el año de mil y
quinientos y quince, o diez y seis, llamaron Perú aquel riquísimo y grande
imperio, corrompiendo ambos nombres, como corrompen los españoles casi todos
los vocablos que toman del lenguaje de los indios de aquella tierra”, nos confía el poeta.
El mismo Inca Garcilaso, en su Florida del Inca, de 1605, relata casi
la misma historia sobre el origen de Yucatán. Y en Margarita Jesús Manuel
Subero (¿o habrá sido Ángel Félix Gómez?) explica exactamente así la aparición del nombre Paraguachí en castellano. Ya no lo llamaríamos “corrupción”, pero son ejemplos suficientes para pensar que debe haber pasado en toda América... o dondequiera que un pueblo ha ido a conquistar a otro.
La de historias nacionales que
provienen de un “error” de esta naturaleza. Perú llegó a ser un virreinato, el
mayor, de la corona española entre 1542 y 1824, representó la fuente más
abundante de riquezas para el reino español, acumuló un patrimonio cultural que
hoy en día aún vibra y deslumbra a los visitantes, y todo esto existió y existe siempre bajo
un breve nombre que provenía de un error de comunicación, de una situación en
que era casi imposible obtener el socorro de un intérprete. Parece, sin embargo, que fue un
error afortunado.
emalaver@gmail.com
Año IV / N° CXXXIV
/ 12 de diciembre del 2016
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