Ariadna
Voulgaris
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| Delta del río Orinoco, en su camino hacia el Atlántico |
No fui a Chiguará. Recordarán
que la noche en que llegué a Mérida, hace una semana, mientras cenaba, oí una
conversación de otra mesa en que hablaban de este pueblo andino, y quise ir. Al
amanecer de la mañana siguiente, recibí una llamada de mi trabajo y tuve que
quedarme en el hotel... trabajando. El segundo día tuve que volver a Valencia,
donde tenía material que necesitaba para hacer el trabajo. Sin embargo, el
recepcionista de la primera noche me habló extensamente de un escritor
importante en la literatura venezolana que nació en Chiguará, Antonio Márquez
Salas, que ahora deseo mucho leer, ya les contaré.
Hoy les
traigo datos de la letra de (o d, o D, como quieran), que ahora es la cuarta
del alfabeto español, pero ocupa el quinto lugar entre las que encabezan más
palabras. Con de comienzan 5.793 palabras de la lengua española, 6,58 por
ciento.
Esta
letra, por lo que me dice una enciclopedia que tiene Alejandra en su casa, Monitor,
fue creada por los ilustres sabios egipcios. Leo en Internet que el ideograma
de los egipcios era triangular, ya que representaba la puerta de las tiendas de
campaña, pero en la enciclopedia hay un dibujo que la hace parecer la puerta
regular de una casa contemporánea. Además, parece también una de minúscula de
la actualidad, que se supone que crearon los romanos siglos después.
El signo
de los egipcios, pues, se “triangulizó”, deduzco yo humildemente, cuando lo
adoptaron los fenicios, que lo llamaron dalet, “puerta”, y los hebreos,
después, hicieron lo mismo. Para cuando el dichoso dibujito llegó a territorio
heleno, se convirtió un triángulo de lo más sencillo y equilátero que podían
trazar y que ellos llamaron delta. Dalet primero, después delta. Por ese camino llegó a Roma, donde le
inventaron, como ya dije, la forma minúscula (que no entiendo por qué algunos
especialistas dicen que apareció a causa de la escritura a mano de la mayúscula).
De la mano de los romanos llegó a España y en aquel barquito de Colón se vino
para América. Esa es la herencia que hemos recibido nosotros, los que hablamos
español donde lo hablemos.
Monitor
explica que la pronunciación de la de en la terminación de los participios y
otras palabras fue haciéndose cada vez más relajada con el tiempo, y que en
muchas regiones no se pronuncia. (Yo hubiera dicho, y el profesor Malaver me
apoya, que era en todas partes, siempre que esté uno amparado por el contexto
familiar, amical, informal.) Ese debilitamiento fonético dio como resultado la
evolución de palabras latinas como pater a padre, de catena
a cadena, de peccata a pecado. En otros casos desapareció,
como en paradiso, que nosotros decimos paraíso, o radix,
que convertimos en raíz.
Además
de la historia, existen unas cuantas curiosidades relativas a la letra de. Por
ejemplo, D. (mayúscula con punto) es la abreviatura de la fórmula de
tratamiento don. En la numeración romana, la de mayúscula representa el
500. En música, los compositores de habla inglesa utilizan la D en lugar de
nuestra muy reconocible nota re. En la historia del siglo XX, de Día D fue el
día en que comenzó el desalojo de los nazis de Europa. En química, la delta es
el símbolo de calor. Con esta cálida letra comienzan sustantivos que nombran
conceptos importantes y entrañables para nuestra cultura: Dios, democracia,
dulzura, y también conceptos desastrados y sin defensores, como deuda,
desastre, dolor.
Como
todas las demás, la de tiene diversas funciones, diversas significaciones y
diversas historias detrás de ella. Su sencilla forma de arco de flecha sin
tensar, recta y curva al mismo tiempo, que desde nuestro ángulo poco tiene que
ver con la idea de una puerta, pero que puede abrir un camino, o marcar un
punto hacia el cual caminar, una dirección, nos trae a la mente una claridad
como la de la didáctica, como el dominio de las emociones, como
la diestra mano que invita al conocimiento. Conocerla mejor con toda
certeza nos comunicará mayores placeres en el uso de nuestra dichosa
lengua.
Otro día
—ya no tengo certeza de la fecha—, seguiré con el quinto capítulo de esta hermosa
historia. Mañana regreso a Atenas.
Valencia, 27 de abril
del 2024
ariadnavoulgaris@gmail.com
Año XII / N° CDLXI / 20 de mayo del 2024

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