lunes, 28 de diciembre de 2015
El primero que cayó por inocente [LXXXVIII]
lunes, 21 de diciembre de 2015
¡Jesús, María y José! [LXXXVII]
lunes, 14 de diciembre de 2015
El rito milenario [LXXXVI]
lunes, 7 de diciembre de 2015
¿Cómo se llaman los números? [LXXXV]
lunes, 30 de noviembre de 2015
Son tiempos de cambios [LXXXIV]
lunes, 23 de noviembre de 2015
Adivina, adivinador [LXXXIII]
lunes, 16 de noviembre de 2015
Las imágenes del habla [LXXXII]
lunes, 9 de noviembre de 2015
El genio de la lengua [LXXXI]
- “El decano de Medicina de la UCV le responde al minpopo de Educación”. Truncatura que resuelve muy bien el derrame de adjetivos y preposiciones del cargo que, de paso, se llevaría dos de las tres líneas del titular. Ah, sí, también recoge sin querer queriendo la verdadera naturaleza de muchos de nuestros MinPoP[ó]s.
- “No es un pordiosero. Es un hombre en situación de calle”. Florida frase que fracasa en su propósito de embellecer la realidad de quien la padece.
- “¡Yo soy el voceador oficial de esta parada!”. Creativa justificación para cobrar al chofer los gritos que anuncian la ruta de la camioneta a los pasajeros potenciales.
- “Tengo un postgrado en Psicología Forense: hablo con los muertos”. Ingeniosa forma de decir que es espiritista.
- “Efrofriendlyns Jhesvergreen Mc’Namara Guevara Marcano”. No es un trabalenguas, sino el nombre completo de una chica venezolana cuyo documento de identidad circula por la web.
lunes, 2 de noviembre de 2015
El árabe dentro del español [LXXX]
- alacrán, que la siento tan venezolana, pero es una palabra tan desértica... y venenosa, como almizque (o más bien almizcle), sustancia poderosa;
- alambique, que es una palabra como ebria, tan llena de alcohol, por dentro y por fuera;
- alazán, que tiene que ser árabe porque árabes son todos los caballos del mundo, ¿no?;
- albóndiga, que es tan carnívora, tan redonda, tan comelona;
- albornoz, que siento como muy de monje capuchino, lo cual no es muy árabe, pero, al final, la vestimenta de los monjes se parece a la de los apóstoles, que eran primos de los árabes;
- alcancía, porque ¿qué es más ahorrativo que un árabe?; ¿y alquiler?, ¿y albarán?, ¿no son también formas de juntar monedas?
- algazara, que suena tan a tertulia española, pero ¿qué es más español que lo árabe?; quizá sólo los alaridos, la algarabía, la alharaca;
lunes, 26 de octubre de 2015
Números impresionantes (II) [LXXIX]
lunes, 19 de octubre de 2015
Números impresionantes (I) [LXXVIII]
lunes, 12 de octubre de 2015
Pekín y Bombay [LXXVII]
lunes, 5 de octubre de 2015
Somos venezolanos, ¿y qué? [LXXVI]
Parafraseando al “Mono” Sánchez,
Nuestro modo de hablar, además de
nuestras actitudes, costumbres y pensamientos, es la característica más
resaltante para hacernos diferenciar de otros latinoamericanos. Los
venezolanos, solo para hacernos entender, tenemos una peculiar capacidad para
inventar expresiones (y para mantener las de vieja data), a través de figuras
como la comparación y la metáfora, no faltaba más.
Bueno, veamos
algunas de esas expresiones tan nuestras:
·
Los amigos
son compinches o panas; y la amistad verdadera es
una panadería.
·
Cuando nos
sentimos mal, nos da un beriberi o un patatús.
·
Las peleas
son atajaperros, berenjenales o zaperocos.
·
Cuando no nos
importa nada, somos viva la pepa o antiparabólicos.
·
El borracho
está zarataco.
·
No somos
despistados, somos despalomaos.
·
Si tenemos
cosas pendientes por hacer, estamos hasta los tequeteques.
·
Al consentido
o más querido de la casa, le decimos toñeco.
·
Nosotros no
nos morimos, nos petateamos o colgamos los
guantes/guayos.
·
Algo no se
rompió, se esguañingó.
·
No tomamos
cervezas, tomamos birras o nos echamos unos palitos.
·
Si vamos al
cine, no vamos en grupo, vamos en cambote o en patota.
·
Nuestras
arepas son pelúas o catiras.
·
No
bailamos, pulimos hebilla.
·
El doble seis
es una cochina.
·
La droga se
convierte, no sé cómo, en perico; y el drogadicto está periquiao.
·
No nos comemos
un perro caliente, sino un asquerosito o bala fría.
·
El despecho es
un guayabo.
·
La resaca es
un ratón, a veces un canguro.
·
No es frío,
es Pacheco.
·
Cuando se nos
olvida el nombre de alguna cosa, entre varias opciones, lo podemos resolver con
el bicho ese que se bichea (sigue así, Rayuela).
·
No nos ponemos
bravos, nos convertimos en anacondas o macaureles (¿verdad,
Yelitza?).
·
El raspao de
la olla es el cucayo (Blanca, ¡qué falta hace mamá!).
·
No tenemos
sueño, sino un sueñero (ay, Genaibis, qué sabroso cuando llega
el sábado).
·
No se habla
mucho, se habla hasta por los codos.
·
Cuando se
llega a los 60 años, no somos de la tercera edad, sino que mascamos el
agua.
·
No decimos
muchos, sino sopotocientos.
·
Algo no es
chévere, es mollejúo.
·
Los celulares
no son androides o de última generación, sino que cantan el himno
nacional y hasta te peinan.
·
No tenemos
información importante, tenemos una cabilla.
·
Nosotros no
caminamos, pateamos la calle.
·
Las mentiras
son muelas.
·
La garganta es
el gañote; y si gritamos, nos esgañotamos.
·
Si nos
equivocamos, pelamos gajo o meamos fuera del perolito.
·
No es hola,
es épale, qué hubo, qué más.
·
Nacimos
en el año de la pera o en los tiempos de María Castaña.
·
No somos
inteligentes, sabemos más que pescao frito.
·
La sandalias
son chancletas o babuchas.
·
No estamos en
peligro, estamos en pico e zamuro.
·
Y pa más ñapa,
ahora no vamos al supermercado, vamos a bachaquear.
Por eso, somos venezolanos, ¿y qué?
laurajaramilloreal@yahoo.com
Año III
/ Nº LXXVI / 5 de octubre del 2015

