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miércoles, 24 de diciembre de 2025

El cumpleaños de todos los años [DXXIV]

Edgardo Malaver Lárez

 


 

El nacimiento de Jesús (1296), de Pietro Cavallini

 

 

         Ya llegó hace semanas la época del año en que comienzan los eruditos de Internet a pretender enseñarnos a los ignorantes —es más, a los crédulos— que Jesús, el protagonista de la Navidad nuestra de cada año, no nació en Navidad, es decir, que no nació el 25 de diciembre, como todos ingenuamente creemos o hemos dejado que nos engañen. Yo me fastidié de esos mensajes incluso antes de que apareciera Internet; pero este año algunos de estos sabelotodos hicieron una innovación bien original: este año la moda es afirmar con firmeza que, en realidad, a pesar de lo que nos han hecho creer por tantos siglos, Jesús sí nació el 25 de diciembre.

         Ariadna Voulgaris comentó este “fenómeno” en la edición de Navidad de hace cuatro años, titulada DECEMBRIS, y una de sus conclusiones es la misma a la que yo pretendo llegar hoy: que no importa. En teoría literaria —y los Evangelios son también textos literarios— se entiende que aquello que no es mencionado por el narrador sencillamente no existe; y, no sólo no existe, sino que tampoco vale la pena ponerse a analizarlo, porque al no estar presente no constituye símbolo ni imagen ni valor apreciable para nuestra interpretación del texto. Si Homero, por ejemplo, no nos dice que Odiseo es rubio, alto y musculoso, sino que es “rico en ardides”, debe ser que lo que interesa que el lector sepa y se imagine sobre el personaje es que es un hombre astuto, cosa que se ocupa de decir o dejar claro muchas veces en el texto. Si a usted le hace ilusión ponerles color a los cabellos de Odiseo o figurarse si tiene más estatura que usted o si la fuerza de sus brazos era de temer, seguramente encontrará en el texto suficientes datos para hacer un dibujo del personaje, pero igualmente lo que importa de veras para comprender su historia y lo que ella significa para los seres humanos será tener en mente que Odiseo era un hombre capaz de urdir estrategias, maquinaciones y componendas suficientes, por ejemplo, para ponerle fin a una guerra.

         Será bastante poco lo que logre con las elucubraciones sobre su color de pelo, su estatura o su fuerza física. Además, sin contar que sería una frivolidad, es más bien simple imaginárselo sin buscar mucho en el texto: era europeo, rey y soldado... pero no importa. Homero no se detuvo a darnos esos datos porque no son los relevantes. De igual forma, los narradores de los Evangelios no se detuvieron nunca a decirnos, ¡nada menos!, la fecha en que se iniciaba la biografía que nos ponían en las manos porque era ocioso hacerlo. Ni siquiera lo hizo el único evangelista que revela que antes de escribir dedicó un tiempo a investigar con cuidado la vida del protagonista de su relato.

         Otra buena razón para la ausencia de la fecha del nacimiento de Jesús en las primeras y principales fuentes sobre su existencia es el hecho de que en sus tiempos y en la cultura en que vivió no era costumbre celebrar el cumpleaños. Ni siquiera parece que hubiera sido importante anotar, recordar, tener presente la fecha en que se nacía. Ya he mencionado esto antes en Ritos, y lecturas más recientes me lo confirman, pero ahora sé que en realidad eran pocos y de clase alta los que celebraban el cumpleaños. Y Jesús, según su propio testimonio, “no tenía ni dónde reclinar la cabeza”.

         La costumbre de celebrar el cumpleaños era tan poco frecuente y tan elitesca que en toda la Biblia apenas aparecen dos: uno en el Antiguo y otro en el Nuevo Testamento. Y en ambos casos el personaje homenajeado ordena matar a alguien durante la fiesta, con lo cual tampoco le quedarían al pueblo judío ni a los primeros cristianos muchas ganas de adoptar semejante costumbre. El primer caso aparece en el Génesis, donde el faraón de Egipto al que servía el casto José, durante su cumpleaños, mandó colgar a su panadero. El segundo, contado por Marcos y por Mateo, es Herodes, que durante un banquete por su cumpleaños, víctima de los enredos de su mujer, ordenó decapitar a Juan el Bautista.

         Entonces, ¿necesitamos conocer la fecha en que nació Jesucristo? Para disfrutar, entender, analizar e interpretar el texto del Evangelio, y particularmente la celebración en que está involucrado hoy, esta noche, el mundo entero, no. Ni siquiera hace falta para detenerse a pensar si uno cree en Dios, si duda de su existencia, si confía en él o desconfía, si lo niega, si lo contradice. Lo importante es otra cosa. Si la talla de sandalia de Jesús fuera importante, lo sabríamos; si era zurdo, si tenía color favorito y cuál era, si tenía una cicatriz en un muslo, como Odiseo, san Mateo nos lo habría dicho y ese minúsculo detalle contaría para algo en la comprensión del mundo espiritual, que sí es algo de lo que Jesús no paraba de hablar.

         Total, que ahora están diciendo que Jesús sí nació el 25 de diciembre —falta la hora—, como hemos celebrado hasta este primer cuarto del vigésimo primer siglo, aun teniendo la certeza de que no sabíamos la fecha precisa. Y dicen incluso que en esa fecha lo celebraban en los primeros siglos del cristianismo. Pues muy bien, pero igualmente es lo de menos y da lo mismo.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año XIII / N° DXXIV / 24 de diciembre del 2025

EDICIÓN DE NOCHEBUENA





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martes, 31 de diciembre de 2024

Yo no olvido el año viejo [CDXCIII]

Edgardo Malaver Lárez

 


 

Fiesta de fin de año en la Plaza Bolívar de Caracas
en los años 1940. Foto: V. Torrealba
 

 

 

         Los últimos días de diciembre, como todos los años, han sido muy musicales. En realidad eso no depende de la música, sino de cuán abierto está uno a percibirlo. Y este año se nota que la música que flota a mi alrededor fluctúa de lo clásico a lo popular con facilidad, casi siempre muy a mi gusto.

         La semana pasada hasta me puse a traducir el Adeste fideles, y este lunes 30 de diciembre, las piezas que me han atrapado no necesitan traducción. Voy a dejar que sea su belleza y su dulzura las que se luzcan delante de ustedes:

 

Traigo un ramillete de un lindo rosal

un año que viene y otro que se va.

Vengo del olivo, voy pal olivar,

un año que viene y otro que se va.

 

Ay, qué grato es pasar diciembre en Margarita

cantándote al oído esta bella canción.

Pasear por La Arestinga, laguna tan bonita,

igual por Las Marites, que es una ensoñación.

 

Faltan cinco pa las doce,

el año va a terminar.

Me voy corriendo a mi casa

a abrazar a mi mamá.

 

Al llegar aquí,

al llegar aquí,

me saco el pañuelo

para dar a todos

feliz Año Nuevo.

 

Se fue el año veinte, que viva el veintiuno,

Se fue al año veinte, que viva el veintiuno,

que viva Cuyagua, que todos son uno.

 

Cinco minutos más

para la cuenta atrás, [...]

Uno, dos, tres y cuatro

y empieza otra vez,

y la quinta es la una

y sexta es la dos

y así, la siete es tres.

 

Año nuevo, vida nueva

más alegres los días serán

año nuevo, vida nueva

con salud y con prosperidad...

Entre pitos y matracas,

entre música y sonrisas,

el reloj ya nos avisa

que ha llegado un año más.

Las mujeres y los hombres

un besito nos daremos

y entre todos cantaremos

llenos de felicidad.

¡Vamos todos a cantar!

 

Cuando sean las dos de la noche

y el año barbudo se vaya,

agarro mi cuatrico y mi ron

y me voy a abrazar a mamá.

Son para gozarlas estas Navidades

porque el año que viene

se acaban los pesares.

 

La Billo’s Caracas pide a Dios del cielo

que todos pasemos feliz Año Nuevo,

y cantemos todos con el corazón,

comiendo hallaquitas y tomando ron.

 

Compae, venga un abrazo

que esta noche el año se termina.

A las doce lo espero en la esquina

para que brindemos, para que brindemos.

 

         Por todo lo bueno y lo bonito que nos pasó en el año 2024, de parte de Ritos de Ilación, les doy a todos un abrazo de Año Nuevo.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año XII / N° CDXCIII / 31 de diciembre del 2024

 

 

 

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martes, 24 de diciembre de 2024

Una de traducción... y Navidad [CDXCII]

Edgardo Malaver Lárez



VOCATI PASTORES ADPROPERANT



He oído tantos aguinaldos y villancicos en estos días, algunos de ellos en lenguas extranjeras, que me decido a buscar las letras de algunos que me parecen particularmente hermosos. Como no tengo esperanza de desentrañar pronto, por mucho que la estudie durante esta Navidad, los alegres versos escritos en la lengua de los antiguos incas, me pongo a escudriñar algunos que los niños del coro de la iglesia cantan en latín. El primero, el que más me atrae, el archiconocido Adeste fideles, ha sido traducido por cientos de personas, algunos con suma habilidad para adaptarlos al canto coral (aunque limitando la fidelidad a la métrica), otros con resultados bastante pobres pero relativamente útiles, y luego quedan aquellos que pretendían “solamente dar idea de lo que decía el poema”, pero cuya intuición no acertaba ni en lo más obvio.

Saltando atléticamente por encima de mi amplia ignorancia del latín, después de examinar unas cuantas traducciones de las que juzgo mejor hechas, y apoyándome en el precedente de Luis Cernuda (1902-63) y Ezra Pound (1885-1973), que tradujeron respectivamente a Wordsworth y a Confucio casi en las mismas circunstancias que yo —¡casi!, porque nada como el descaro mío—, intento construir mi propia versión del hermoso canto de Navidad. La composición del Adeste ha sido atribuido al rey Juan IV de Portugal (1604-56) y la melodía al músico inglés John Francis Wade (1711-86). Por los momentos, voy a sumar mi propia traducción, aunque la métrica es irregularísima y la rima aún no encuentra su rumbo. El año próximo, quizá, avance un poco en eso. Aquí lo tienen: el Adeste fideles, con mi deseo de que disfruten la Navidad abrazados con vuestras familias y amigos:


ADESTE FIDELES LÆTI TRIUMPHANTES

Acudan, creyentes, alegres, triunfantes.

VENITE, VENITE IN BETHLEHEM

vengan, vengan a Belén y vean

NATUM VIDETE REGEM ANGELORUM

que ha nacido el rey de los ángeles.


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


EN GREGE RELICTO HUMILES AD CUNAS

Dejando el rebaño, a la humilde cuna

VOCATI PASTORES ADPROPERANT

llamados, se acercan pastores;

NOSQUE OVANTI GRADU FESTINEMUS

nosotros también, jubilosos corramos.


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


ÆTERNI PARENTIS SPLENDOREM ÆTERNUM

Eterno resplandor del Padre Eterno

VELATUM SUB CARNE VIDEBIMUS

oculto en la carne observamos:

DEUM INFANTEM, PANNIS INVOLUTUM

el infante Dios envuelto en pañales.


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


PRO NOBIS EGENUM ET FŒNO CUBANTEM

Por nosotros pobre, sobre heno es arrullado,

PIIS FOVEAMUS AMPLEXIBUS

a él con ternura calurosa cobijémoslo.

SIC NOS AMANTEM QUIS NOS REDAMARET

Al que tanto nos amó, ¿quién no lo amaría?


VENITE ADOREMUS VENITE ADOREMUS

¡Vengan y adoremos, vengan y adoremos,

VENITE ADOREMUS DOMINUM

vengan y adoremos al Señor!


STELLA DUCE MAGI CHRISTUM ADORANTES

Guiados por la estrella, sabios adoran a Cristo,

AURUM THUS ET MYRRHAM DANT MUNERA

y con oro e incienso y con mirra le obsequian.

IESU INFANTI CORDA PRÆBEAMUS

Ofrezcamos al pequeño Jesús nuestros corazones.


¡Feliz Navidad!


emalaver@gmail.com




Año XII / N° CDXCII / 24 de diciembre del 2024

VÍSPERA DE NAVIDAD

 

 

 

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domingo, 24 de diciembre de 2023

Ochocientas Nochebuenas [CDXXXIX]

Edgardo Malaver Lárez

 

 

 

Misterio, Sagrada Familia... Jesús, María y José, el trío sin el cual
no habría Navidad. Foto del autor

 

 

         Sin pretensiones de pasar a la historia por ello sino para poner en la imaginación de la gente la escena que protagonizaron Jesucristo y sus padres la noche de la primera Navidad, san Francisco de Asís, hace exactamente 800 Nochebuenas, creó y legó al cristianismo una tradición que ha perdurado hasta el día de hoy en el mundo entero. Y armó el pequeño “teatro” en una cueva de Greccio, Italia, con personajes vivos probablemente para que el movimiento y las palabras aumentaran la fe de los que presenciaran aquella mímesis del singular acontecimiento, a la vez místico e histórico.

         Aquella escena, descrita escuetamente, incluso con divergencia de detalles, por los evangelistas, recibe en la actualidad varios nombres: nacimiento, pesebre, belén, portal, misterio. En cualquier conversación cotidiana sobre la Navidad, estas palabras pueden parecer simples sinónimos, pero cada una de ellas tiene su significado y, además, incluye elementos diferentes.

         Nacimiento, el término más genérico, hace referencia casi en exclusiva a, digamos, pocas horas alrededor del parto de María. En la escena la vemos en actitud de adoración hacia su recién nacido hijo, igual que José. Apenas los acompañan la mula y el buey. Suele estar por encima de ellos el ángel que anuncia la noticia a los pastores y los invita a adorar a Jesús, y los propios pastores que se acercan junto con sus ovejas. A lo sumo, pero no siempre, aparecerán aquí los reyes magos con sus camellos.

         La música popular menciona mil veces a estos personajes que se congregan para doblar las rodillas ante Jesús. Incluso los animales están presentes para simbolizar la sumisión de la naturaleza ante el creador de todo. En Venezuela hemos disfrutado durante muchos años aquel villancico de Iván Pérez Rossi, “Corre, caballito”, cantado por Serenata Guayanesa, que dice:

 

San José y la Virgen, la mula y el buey

fueron los que vieron al Niño nacer.

 

Así de escueto es el nacimiento. Y los animales son infaltables, ausentes como el Niño de todo mal y todo desvío del corazón.

         Y Simón Díaz, en “El becerrito” (mejor conocida como “La vaca Mariposa”), incluso se vale de animales para que protagonicen la historia del nacimiento de Jesús:

 

La vaca Mariposa tuvo un terné,

un becerrito lindo como un bebé [...].

Y los pericos van y el gavilán también,

con frutas criollas hasta el caney.

 

Más adelante dice:

 

La sabana le ofrece reverdecer.

Los arroyitos todos le llevan flores por el amanecer

 

El nacimiento se centra en Jesús, que es adorado por sus propios padres y todas las criaturas que existen.

         Por otro lado, existe el término pesebre, que narra más episodios e incluye, por ende, más elementos. Comienza más o menos en el momento en que el ángel Gabriel anuncia a María que “ha alcanzado gracia ante Dios” y tendrá un hijo que engendrará en ella el Espíritu Santo. Sigue con la visita de María a su prima Isabel, también embarazada, el viaje desde Nazaret a Belén, la búsqueda de alojamiento, el propio nacimiento del Niño, y luego también la llegada de los sabios de Oriente, la huida a Egipto, poco más. El pesebre es, por tanto, más histórico-educativo, más narrativo y más místico que el contemplativo nacimiento. Me gusta pensar que es esta cadena de escenas la que san Francisco presentó ante el pueblo en Greccio.

         La palabra belén, como es sencillo pensar, es una metonimia del lugar donde ocurrieron los hechos. En la retórica clásica sería una sinécdoque. Se nombra el suceso por el nombre del lugar donde sucede. Jesús nació en Belén, entonces, llamemos belén a la escenificación de su nacimiento. Se circunscribe, ergo, a lo que sucedió una vez que la Virgen embarazada y José llegaron a la ciudad natal de él, y ha de extenderse sólo hasta el momento en que la familia sale huyendo hacia Egipto para salvar a Jesús de la sentencia de Herodes.

         En América, por lo que parece, se difundió la costumbre de instalar belenes en casa o en lugares públicos durante el reinado de Carlos III, que fue rey de España desde 1759 —pero que lo había sido de Nápoles y Sicilia antes, desde 1734— hasta su muerte en 1788.


Nacimiento con toques populares
e infantiles. Foto del autor


         El cuarto término es portal. Según mis observaciones, a no ser por las canciones de Navidad, no se usa en Venezuela (pero uno nunca sabe). ¿Se habrá comenzado a llamar portal a la escena del nacimiento a partir de la simplificación de la escena, es decir, una especie de silueta de una casa bajo cuyo techo aparecían siluetas de las figuras de la Virgen, de José y del pesebre donde dormía Jesús? También es muy simbólico que el Hijo de Dios hubiera nacido en la puerta de la calle de una casa ajena, en la entrada de una ciudad extranjera, en el portón de un establo. Como símbolo, el portal ha cumplido su misión de abrigar la llegada al mundo de un hombre que venía para ser puerta al cielo para los demás hombres.

         La literatura oral ha recogido ese sentido de una hermosa manera en el villancico anónimo “Alegría, alegría”:

 

Alegría, alegría, alegría,

Alegría, alegría y placer,

que esta noche nace el Niño

en el portal de Belén.

 

Oigamos también en este punto el conocido villancico aquel de Raphael: “El tamborilero”:

 

[...] Ha nacido en el portal de Belén

el Niño Dios

 

Yo quisiera poner a tus pies

algún presente que te agrade, Señor.

Mas tú ya sabes que soy pobre también

y no poseo más que un viejo tambor...

ro po pom pom, ro po pom pom...

En tu honor frente al portal tocaré

con mi tambor.

 

La imagen del portal siempre viene acompañada con la alegría y admiración de los más humildes, que caminan para saludar y ofrecer lo mejor que tienen al hijo de María, la virgen.

         Y este personaje, María, y su virginidad nos traen al último término: misterio, precisamente porque es un misterio, es decir, un hecho cuya razón de ser es incognoscible, que, siendo virgen, María sea madre. El misterio se circunscribe a la familia mínima: incluye solamente las figuras de Jesús bebé, a veces sin pesebre siquiera, María madre y José protector. Los protagonistas, los imprescindibles, los que forman la familia que hará de Jesús un hombre de fe en medio de su mundo y de su cultura. (Algunos artistas los han representado en una sola estatuilla, unidos en un abrazo.)

         Estoy segurísimo de que san Francisco no necesitó imágenes ni actores ni teatro para sostener su fe. Las palabras deben haber hecho la mayor parte del trabajo. El pueblo, sin embargo, siempre quiere imágenes, y posee una imaginación tan extensa que, a lo largo de estos ocho siglos, a ambos lados del Atlántico, y también más allá, dejando atrás Shanghái, ha mezclado los elementos del escenario que armó el Pobre de Asís aquella lejana noche del siglo XIII con otros momentos de la historia, ha añadido los que le han proporcionado los miles de contextos de cada lugar, e incluso ha creado nuevos nombres para todo aquel escenario. Sobre todo ha logrado con ello multiplicar su belleza y su rica y enriquecedora simbología.

         Total, que la Navidad también nos trae palabras. E imágenes que nos hablan. Y música que nos arrulla, como a Jesús. Ojalá que hoy nos traiga, además, armonía. Feliz Navidad.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año XI / N° CDXXXIX / 24 de diciembre del 2023

EDICIÓN DE NOCHEBUENA

 



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