Edgardo Malaver Lárez
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| Concepción
Mariño, la terrateniente margariteña en Trinidad que albergó a los rebeldes en 1812 |
Originalmente comencé a
escribir este artículo sin darme cuenta en Guasap hace seis días. El martes de
la semana pasada, el 13 de enero, mencioné la Expedición de Chacachacare, de
1813, en una conversación por Guasap con mis primos de Margarita, porque ese
día se cumplían 113 años de aquel acontecimiento de la historia de la Guerra de
Independencia de Venezuela. Dije además que era en realidad el mismo hecho que
la Toma de Güiria, que siempre se cita como si fuera otro casualmente sucedido
el mismo día. No, nadie me preguntó cómo se explicaba esto, pero, como soy
impertinente y lo quería contar, me fui a verificar la fecha y los nombres de
los protagonistas. De repente, cuando ya estaba a medio segundo de volver a la
conversación, veo el nombre de Trinidad y Tobago. ¡¿Trinidad?!, me dije, ¿qué
tiene que ver Trinidad?
Todo. Desde pequeño he
sabido de la existencia de Chacachacare, que es un pueblo, con su respectiva
playa, de la isla de Margarita, muy cerca de la Península de Macanao. Y siempre
me sentía feliz de saber que en un lugar tan pequeñito de mi islita pequeñita
había pasado algo tan importante como la firma del Acta de Chacachacare. Sin
embargo, siempre me preguntaba también por qué, aunque es muy cerca, aquellos
113 expedicionarios, dirigidos por Santiago Mariño, Manuel Piar y José
Francisco Bermúdez, se habría puesto un objetivo tan lejano como Güiria. Es
decir, partiendo de Chacachacare, que está al sur de Margarita, tendrían que
navegar hacia el este, llegar primero a la punta de la Península de Paria,
doblar a la derecha en la Boca del Dragón, dejar atrás Macuro, y después otra
vez a la derecha para adentrarse en el Golfo de Paria; navegando otra vez hacia
el oeste por la costa sur, llegarían a Güiria para arrebatársela a los
españoles. Mariño y sus hombres lograron este objetivo en muy pocas horas, pero
yo me preguntaba por qué no habrían pensado en objetivos más cercanos como
Cariaco, Río Caribe o Chacopata. No es que fuera lejos, pero en un barco de
comienzos del siglo XIX tiene que haber sido más bien complicado, ¿no? Es más,
¿por qué no liberar Punta de Piedras, Pampatar o Porlamar, en la costa sur de
la propia Margarita?
Pues resulta que el
Chacachacare donde se firmó el acta y de donde zarpó la expedición es
—¡siéntense!— una isla, ahora desierta, que pertenecía y pertenece aún... ¡a
Trinidad y Tobago! Es más bien un islote que está muy cerca del extremo
oriental de Paria. Al principio del siglo XIX estaba habitada y había ahí un
leprosario. Pero también estaba una hacienda propiedad de Concepción Mariño,
hermana de Santiago. Cuando Monteverde logró acorralar a Miranda en julio de
1812, el héroe margariteño se refugió en la hacienda de su hermana, y desde ahí
preparó con Piar y Bermúdez el plan para la invasión, que fue tan exitosa que
pronto recuperaron la ciudad y la provincia de Cumaná, la ciudad y la provincia
de Barcelona y después la isla y la provincia de Margarita. Bolívar,
entusiasmado por esta incursión, emprendió su regreso desde Colombia y llegó
triunfante a Caracas. [Qué barbaridad, todo un año de guerra en 148 palabras.]
Este descubrimiento me
trae a la memoria aquella película de Hitchcock — me suena que era El hombre
que sabía demasiado— en la cual el personaje de James Steward, que investiga un
crimen, sigue una pista hasta un lugar llamado Ambrose Chapel, que él interpreta
como el nombre de una iglesia, y resulta ser el nombre de una persona. En mi
caso, la clave del misterio estaba en la insospechada existencia de un lugar en
un país que se llamaba igual a otro que estaba en otro país... ¡y a escasos
kilómetros uno de otro! De un Chacachacare a otro no hay más de 250 kilómetros,
y entre el extremo oriental de Paria y la isla trinito-tobaguense de
Chacachacare, apenas 11.
En la conversación del martes en Guasap, todos admitimos que no sabíamos de la existencia de la Chacachacare de Trinidad. “¡¿Se imaginan aquella confusión?!”, dijo uno de ellos. “Si la hazaña iba a depender de nosotros, qué desastre. Viene mi general Mariño y nos manda un guasap: ‘Miren, muchachos, que me puse de acuerdo con Piar y Bermúdez pa ir mañana a tomar Güiria. Nos vemos en Chacachacare tempranito’. Yo, escondido en Irapa, hubiera dicho dentro de mí: ‘Visquendervallemiarma, ahora hay que ir pa Margarita, tan cerca que estoy yo aquí de Güiria. ¡El Mariño este inventa unas vainas...!’”.
emalaver@gmail.com
Año XIII / N° DXXXIII / 19 de enero del
2026
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