lunes, 20 de abril de 2026

De los supuestos gritos de las mayúsculas

Edgardo Malaver Lárez



¿Los textos informativos gritan lo suficiente?





         Cada tres o cuatro meses oigo a alguien a mi alrededor quejarse de que en el trabajo o en su celular le lleguen comunicaciones importantes o mensajes personales o de cualquier tipo escritos en letras mayúsculas sostenidas. La verdad, me digo yo, es que no se ve bien, estéticamente no es fácil de aceptar. Sin embargo, esta no es nunca esa la razón de la queja. Lo que oigo decir es siempre que el autor del mensaje está gritando.
         Sólo una vez hace años, porque lo decía una persona que sabía relacionada con los estudios de la lengua, he preguntado si las mayúsculas se utilizaban para expresar molestia o reprensión, y me respondió que sí; solamente dijo que sí. Posiblemente —es la hipótesis que favorezco en este caso— respondió afirmativamente pensando en el uso común y frecuente. Yo había preguntado pensando en la norma, de la que muy pocos parecen tener conciencia.
         Ya está implícito, ¿verdad?, que la norma no sustenta esta práctica. No existe norma alguna en la lengua española que indique, ni siquiera implícitamente, que el uso de mayúsculas sostenidas signifique ni deba ser interpretado como un grito, como un mensaje en voz alta ni mucho menos un emisor que le habla airado, molesto o en términos insultantes a su destinatario. He revisado escrupulosamente las normas del uso de mayúsculas y minúsculas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española y no encuentro nada que señale esta práctica como errada, inconveniente ni irrespetuosa. A mí me parece estéticamente poco atractiva o armoniosa, pero eso de ninguna manera la convierte en un grito áspero o destemplado.
         (Me imagino que algunos lectores están pensando en esos conjuntos de normas propias de algunas disciplinas, empresas o instituciones precisas que atañen a grupos de personas que trabajan en sus campos del conocimiento y que deben comunicarse por escrito, y han decidido crear sus propias normas para regir esa comunicación. No puedo incluir esas normas en mi análisis de este asunto. Reflexiono sobre él desde el punto de vista lingüístico e intento que esa reflexión sea tan científica como se pueda, y para lograr eso tengo que recurrir a especialistas pertinentes. Los hay también fuera de la Academia, claro que sí y gracias a Dios, pero no puedo confiar a la primera en cualquier grupo que en su oficina (de cuatro o de mil quinientos empleados, no importa), haya decretado que “la sangría ya no se usa”, que “las mayúsculas no llevan tilde”, que “los nombres no tienen ortografía” y otras reglas sin fundamento, como que “las mayúsculas sostenidas expresan gritos”. Ya es suficiente con las incongruencias en que a veces caen los especialistas más respetados, que trabajan rigurosamente. Lo demás no nos va a ser útil.)
         La sola introducción de las normas que ofrece la Academia ya indica explícitamente que la escritura regular se hace en minúsculas y que, por ende, el uso de las mayúsculas debe seguir unas normas razonables. Inmediatamente agrega: “La escritura enteramente en mayúsculas se emplea únicamente en las siglas, los números romanos y textos cortos de carácter informativo”. Esto tendría que ser suficiente para descartar del todo la redacción en mayúsculas sostenidas (e incluso la discusión, si es que existe, sobre si es positiva o negativa de alguna manera). Pero también elimina la idea de que el uso de mayúsculas sostenidas sea agresivo. Las normas ni siquiera mencionan que existan hablantes que se inclinen por esa práctica.
         La única norma del uso de las mayúsculas que puede traerse a esta reflexión es la número 6, referente a “la mayúscula sostenida para favorecer la legibilidad”, pero señala explícitamente que se refiere a “la visibilidad y legibilidad de textos cortos”. Esta sexta norma está dividida en diez puntos, que resumo aquí:

 

Llevan mayúsculas sostenidas a) palabras que aparecen en portadas de libros y documentos; b) cabeceras de diarios y revistas; c) inscripciones en lápidas, monumentos o placas conmemorativas; d) lemas y leyendas de banderas, estandartes, escudos, monedas; e) textos de carteles de aviso o de las pancartas; f) en textos informativos, frases que expresan el contenido fundamental (Por higiene, SE PROHÍBE DEPOSITAR BASURA); g) términos como aviso, nota, advertencia, posdata, cuando introducen los textos correspondientes (AVISO: Los pagos se harán los martes); h) en textos jurídicos y administrativos, verbos que expresan la finalidad del escrito (SE DECRETA...); i) términos con los que se alude brevemente a las partes en documentos jurídicos o administrativos; j) textos de los cómics y viñetas gráficas.

         Creo que se puede entender que la escritura textos enteros, es decir, oraciones concatenadas que forman párrafos y párrafos consecutivos que forman textos, en los que todos los caracteres utilizados aparezcan en su forma mayúscula, no es aceptable, no se ajusta a las normas. Sin embargo, tampoco afirma en ninguno de los puntos, ni siquiera en letras pequeñitas dentro de un paréntesis escondido detrás de una nota a pie de página, que las mayúsculas sostenidas en una palabra, una frase o un párrafo tengan el fin de expresar gritos ni agresión verbal contra el receptor del mensaje. Las mayúsculas no significan eso. No parece faltar nada más que decir.

emalaver@gmail.com



Año XIV / N° DXXV / 20 de abril del 2026




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