lunes, 30 de marzo de 2015
La comida del ganado en nuestra lengua [L]
lunes, 23 de marzo de 2015
Pero... ¿qué guarandinga es esa? [XLIX]
Elizabeth Cornejo
Una conversación que nunca falta y se
repite entre todos aquellos a quienes nos encantan las letras, las palabras y
afines es esa de... ¡que palabra tan fea! Por supuesto, esto siempre nos lleva
a mencionar cuáles son las palabras que nos gustan o disgustan de nuestro
idioma.
Edgardo, el padre de este blog, que
pareciera estar muy atento a este asunto, siempre les pregunta a sus invitados,
amigos y alumnos: “¿Cuál es la palabra más hermosa de la lengua española?”. Y
yo, siempre que lo escucho, pienso invariablemente: guarandinga.
Pero hay una cosa cierta, y es que ese asunto del gusto es algo completamente
personal. Yo amo la guarandinga y hay quienes la detestan.
Guarandinga es como el buen
vino: tiene cuerpo, color y fuerza —prueben a decirla en voz alta y sabrán a
qué me refiero—. Es polisémica, divertida, elegante sustituta de nuestra
obscena (?) “vaina” y para complemento de su belleza no aparece registrada en
el DRAE, así que también es rebelde e irreverente. Esto aumenta su encanto, ya
que sigue estando en la boca de muchos aunque los académicos se nieguen a
reconocerla.
Será por esa misma razón que cuando
buscamos el origen de la palabra guarandinga este no aparece
por ningún lado. En la red encontramos que es una “palabra proveniente de la
zona de Barquisimeto que nombra una situación o estado”, y, a duras penas, en
el reciente Diccionario histórico del español de Venezuela de
Francisco Javier Pérez se reseña así:
guarandinga ƒ Voz
del español de Venezuela que se origina a comienzos del siglo XX y cuyo uso se
mantiene hasta el presente [...] usándose para designar todo tipo de cosas o
asuntos y como forma de auxilio para aludir genéricamente a algo cuyo nombre se
ignora o no se quiere señalar.
Así mismo, el
autor también documenta varios usos de la palabra desde 1920 hasta el 2006,
citando que hasta para nombre de torta fue usada. Sin embargo, de su origen,
nada...
Cabe mencionar que, al menos aquí en la
capital, la palabra ya no se escucha como antes y hay quienes afirman que está
“extinguida (sic) por completo en el léxico caraqueño actual”; sin
embargo, yo la sigo escuchando en boca de algunas personas mayores que por
“cuestiones de la decencia” se niegan a decir “malas palabras”.
En mi casa, recuerdo que cuando mi
abuela se molestaba con nosotros nos increpaba —y valga la expresión—
“decentemente” con un ¿qué guarandinga es esa?, o en
su defecto, ¡Niños! ¡Dejen la guarandinga!... Por supuesto que
con ese regaño taaaan sofisticado nadie hacía ningún caso hasta que la viejita
furibunda gritaba a todo gañote:
¡QUE
DEJEN LA VAINA, PUES!
Referencias
Calatrava, Alonso (1999). Obituario de voces
caraqueñas. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.
Castro Pumarega, Daniel (s./f.). Diccionario
de venezolanismos. Signum.
http://projetbabel.org/internet/venezonalismos [consultado en enero, 2015]
Pérez, Francisco Javier (2012). Diccionario
histórico del español de Venezuela. Vol. I. Caracas:
Bid&Co.-Fundación Polar.
egc.designers@gmail.com
Año III / Nº XLIX
/ 23 de marzo del 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
Los zapatos que se vendían solos [XLVIII]
lunes, 9 de marzo de 2015
El guayabo de la ausencia [XLVII]
lunes, 2 de marzo de 2015
Divagando sobre semántica [XLVI]
miércoles, 25 de febrero de 2015
Cumpleaños, aniversario, onomástico
lunes, 23 de febrero de 2015
¿Pronombre de lugar en español? [XLV]
Daniel Avilán
Para aquellos
que hemos estudiado francés siempre ha resultado muy chocante que existan en ese
idioma cosas que no existen en español y que, además, en alguna altura de la vida,
estas cosas nos resulten hasta necesarias en nuestra lengua. Entre todas esas cosas
que me hacen falta en español está el pronombre y de lugar del francés, que
reemplaza, entre otras cosas, los complementos circunstanciales de lugar como referencia
anafórica, por lo general.
En una conversación
en francés, por poner un ejemplo común, en la que hablemos de Venezuela, este sustantivo
podría convertirse más adelante en el discurso en y, cuando cumpla función
de complemento circunstancial de lugar, eg. Le Venezuela, j’y habite dès que
j’y suis né. Pero en español se hace difícil retomar el mismo referente de la
misma manera: Venezuela, yo vivo (ahí, aquí, allá...) desde que nací (ahí, aquí,
allá...). Con toda certeza, existen en español varios elementos deícticos que cumplen
funciones similares, pero, no en forma de pronombre, por lo que se ve en el ejemplo,
al menos no que yo recuerde.
Un día que
me topé con un poema de Gonzalo de Berceo (Los milagros de nuestra Señora)
noté este verso: “Avién y grand abondo de buenas arboledas” y me di cuenta, tal
vez por mi ojo demasiado buscón, de que estaba ahí, en ocurrencia con el verbo aver
de existencia, un pronombre y de lugar. No lo podía creer, pero estaba ahí:
aver como avoir; entonces me resultó lógico: avoir en tercera
persona del singular en presente del indicativo es il a, pero para existencia
está il y a, justo como en español haber (o aver para Berceo)
en tercera persona del singular en presente del indicativo es (él o ella o eso)
ha, y para existencia está el pronombre y, que no pudo desaparecer
por cosas de lógica lingüística, tal vez. Así, en español tenemos hay que
en francés es il y a.
Como con
la lengua no debe uno dejar de ser curioso, y como yo soy además hasta obsesivo,
me puse a buscar de manera poco seria y sin método alguno, ocurrencias del mismo
pronombre en español donde se expresara existencia y encontré esto: estoy,
soy, voy, doy, curiosamente todas en la primera persona del
singular yo y en presente del indicativo.
Esto me hace
pensar en la profundidad con la que nuestra lógica morfosintáctica española (castellana
acaso) expresa una manera particular de entender la existencia: estrechamente ligada
con el espacio; el único espacio del que se tiene certeza, deícticamente hablando,
el mío, el de la primera persona, en torno a la que todo el universo lingüístico
gira.
Si la lengua
materna de Heidegger hubiera sido el español, su estudio sobre Ser y tiempo
no habría sido el mismo.
daniel.avilan@gmail.com
Año II / Nº XLV / 23 de febrero del 2015
EDICIÓN DEL SEGUNDO ANIVERSARIO