Ariadna Voulgaris

¿Cómo se habría llamado esta
ciudad argentina
en la Edad Media?
A veces la historia del
alfabeto se torna un “quítate tú pa ponerme yo”. Como toda creación humana, las
letras van cambiando con el tiempo: de función, de significados, de escritura, de
posición en el alfabeto, incluso de preferencias en el corazoncito de los
hablantes... o escribientes, más bien, ¿no?
La efe también ha tenido
esos vaivenes, o quizá sea ella la principal que ha ido cambiando según cambian
los vientos humanos. Fíjese usted, cuando los romanos comenzaron a chupar todo
lo que podían de la cultura de los griegos, que fue muchísimo, adoptaron la letra
Φ (y su minúscula φ), que se pronunciaba, aproximadamente, fi... (Eh,
no, no, en realidad lo que hicieron fue adoptar, entre tantísimas palabras, las
que en su escritura incluían esa letra.) A partir de entonces, no sé cómo ni
por qué, pero se las arreglaron para escribir con ph las palabras que habían
traído de Grecia y las que de ellas derivaron después, y así se siguieron
escribiendo, incluso después de desaparecer el latín, hasta el comienzo del
siglo XIX, en español, por lo menos. Para que se asombren, aquí les voy a dejar,
apenas 40 de ellas:
asphalto, diáphano, diaphragma, elephante,
emphasis, epitaphio, esphera, esphinge, esóphago,
estropha, geographía, geroglyphico, hermaphrodita, huérphano,
lympha, nympha, orphandad, orthographía, metáphora,
metamorphosis, pámphilo, párrapho, peripheria, phalange,
phantasma, phase, phenómeno, philosophía, pharmacia,
phantasía, phrase, physico, phoca, phósphoro,
propheta, sarcóphago, symphonía, triumpho tropheo,
zaphiro.
Ay, se me escapó, precisamente, la palabra alphabeto. No podía
ser otra. Pues en 1803, la Academia les eliminó a todas esas palabras el dígrafo
ph y lo cambió por f.
Curiosamente, sin aparente
razón, siglos después, cuando el latín hablado en Castilla comenzó a
metamorfosearse en algo nuevo, las palabras latinas comenzaron a perder el
sonido de la efe. Los hablantes comenzaron a aspirar este sonido, siempre en
posición inicial de palabra, en lugar de pronunciarlo entre el labio inferior y
los dientes superiores. De modo que fijo, que provenía de filium,
se convirtió en hijo; farina, que era descendiente de farina,
se transformó en harina; formoso, que el vulgo había derivado de formosus,
también el vulgo lo cambio por hermoso. Y sucedió igual con el industrioso
verbo facer (de facere), con el duro sustantivo hierro (de
ferrum), el delicioso fico (de ficus). Y hay muchas más.
Hay hasta excepciones, como fama, fiel, factor.
Cuando irrumpió don Juan
en la historia, esta especie de alergia que le tenían a la pobre efe cesó y tal
como se había impuesto la de la hache, la moda de la efe se hizo espacio. Entonces
los Hernandos quisieron llamarse Fernando, y ocurrió que algunas palabras
recuperaron la efe, pero mantuvieron lo que habían ganado cuando se escribían
con hache, como fundere, fundir, hundir y como filum,
hilo, filo. (Perdón, ¿quién?, ¿don Juan? No, claro que no, no es el
picaflor de doña Inés, me refiero al que inventó la imprenta.)
Ay, pero no les he dicho
que antes de los griegos, la efe ya tenía su recorrido. Los fenicios conservan el
certificado de originalidad en cuanto a su creación. Parece que la llamaban vaw,
que significaba algo como ‘uña’ y que pronunciaban ese nombre como lo haría hoy
un alemán. Fueron los latinos quienes voltearon el signo, como si hubieran intentado
dibujar una escuadra debajo de otra, para que nadie dijera que simplemente otra
vez se estaban plagiando algo de los griegos. Yo me los imagino mirando y
mirando la letra gamma (la Γ, la han visto, ¿verdad?), cambiándola de posición,
escribiéndola al revés, juntándola con otras letras, probando cuál podía verse
más romana, y de repente, después de mucho jugar, viene uno de ellos y traza
una encima de la otra y dice: “Listo, esta va a ser la efe, vamos a almorzar”.
Oye, qué buena idea. Nos
vemos después de la siesta.
Atenas, 11 de mayo del 2025
ariadnavoulgaris@gmail.com
Año XIII / N° DXVI / 2
de junio del 2025