lunes, 16 de marzo de 2015

Los zapatos que se vendían solos [XLVIII]



A propósito de un rito de Laura Jaramillo

            ¡Ah, la semántica! Esa entidad inaprehensible que levita, como una nube negra, perturbando la elegancia de los análisis formales... ¡Cuántas veces el analista se atasca en la interpretación de una oración, temeroso ante la amenaza de un aparente absurdo!
            Por ejemplo, ¿cómo es posible que la oración Se venden zapatos sea correcta, si los zapatos no se venden solos? Es más, ¿cómo es posible que la frase Se vende zapatos sea correcta también?
            En este dilema en particular subyace la frecuente confusión entre sujeto (constituyente sintáctico) y agente (papel semántico). El sujeto es aquel de quien se predica algo, lo cual se marca a través de su concordancia con el verbo; el agente (y no el sujeto, como se suele creer) es quien ejecuta la acción del verbo. Con frecuencia, ambas categorías coinciden, es el caso de la voz activa; pero esto no sucede en la llamada voz media (en la que el sujeto experimenta, más que ejecuta) o en la voz pasiva.
            Se venden zapatos es un caso, precisamente, de voz pasiva (pasiva refleja, porque se construye con pronombre reflexivo). Zapatos es sujeto (concuerda con el verbo), pero no agente: recibe la acción, no la ejecuta.
            ¿Y qué ocurre en Se vende zapatos? Aquí zapatos no es el sujeto; como se ve, no concuerda con el verbo.
            Y entonces, ¿cuál es el sujeto? No lo hay: es una oración impersonal refleja. Sin duda, debe haber un agente, la persona que vende los zapatos, pero no está expresado sintácticamente.
            Podríamos decir que las oraciones Se venden zapatos y Se vende zapatos son semánticamente equivalentes. En ambos casos, los zapatos son vendidos. Sin embargo, como acabamos de ver, las oraciones son sintácticamente diferentes.
            Hay otros casos de confusión (y colaboración) entre la sintaxis y la semántica, pero prefiero dejarlos como inspiración para futuros ritos...
            —¿Cómo va el negocio? —le pregunto a mi amigo el zapatero.
            —Muy bien. ¡Los zapatos se venden solos!
            Ah, la semántica otra vez...

llaverde2@gmail.com



Año III / Nº XLVIII / 16 de marzo del 2015

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