lunes, 2 de octubre de 2017

Jerónimo, o por qué celebramos el Día del Traductor el Día de la Secretaria [CLXXII]

Edgardo Malaver



San Jerónimo (1735), de Giuseppe Antonio Petrini 

 
         ¿Por qué celebramos el Día del Traductor el Día de la Secretaria? Es sencillo: traductores y secretarias —pero también arqueólogos, archivistas, biblistas y estudiantes— han elegido como patrono, como guía, como ejemplo al mismo personaje de la antigüedad que reunía los rasgos particulares de estas profesiones: Eusebio Sofronio Jerónimo, dálmata de nacimiento.
         También llamado Jerónimo de Estridón o, sin más detalles, san Jerónimo, el patrono de ambos grupos nació presumiblemente en el año 347, es decir, en tiempos en que el Imperio Romano ya se había dividido. En su juventud se vino abajo el imperio asentado en Constantinopla y resurgió el occidental. Después de haber probado otras formas de ver la vida, incluyendo algunas heréticas, cuando sus padres, que eran ricos, lo enviaron a estudiar en Roma, Jerónimo tomó el camino de la fe. Y perseveró tanto en él, que terminó siendo, junto con otros tres santos, Padre de la Iglesia, o sea, autor de un conjunto de escritos que dieron forma y profundidad a la teología cristiana desde sus primeros siglos.
         El aporte de Jerónimo —y de los otros tres Padres latinos, san Ambrosio (hacia 337-397), san Agustín (354-430) y san Gregorio Magno (540-604), proclamados en 1298— fue fortalecer las bases teológicas y cristológicas de una Iglesia aún joven, afligida por mil corrientes e influencias filosóficas y paganas que pretendían aminorarla. Una seguidilla de pensadores, poetas, predicadores, magos, soñadores, estrafalarios y charlatanes difundían en su tiempo interpretaciones evangélicas y doctrinales que no concordaban con las enseñanzas de Jesús ni los misterios de la noción cristiana de Dios.
         Cuando tenía unos 30 años, Jerónimo llegó a Antioquía. Esto dice José de Sigüenza en su exquisito incunable Vida de san Jerónimo:

Es posible que en Antioquía no estuviera Jerónimo mucho tiempo. En todo caso, lo aprovechó bien, no sólo aprendiendo, sino produciendo ya algunos trabajos teológicos. Su “extraordinario deseo de aprender” le llevaría pronto a Constantinopla, donde se encontraría con san Gregorio Nacianceno [...]. De la mano de Gregorio entrará Jerónimo en los secretos de la exégesis alegórica, a la vez que descubrirá los valores del mundo teológico griego, apenas conocido en Occidente. Uno de los buenos propósitos de Jerónimo será hacer de puente entre la teología griega y la latina: ofrecer a los latinos la rica ciencia de los griegos. Dos autores llamaron al principio la atención de Jerónimo: Eusebio de Cesárea, con sus trabajos históricos, y Orígenes.

         En las traducciones de aquellos tiempos, dice De Sigüenza, ya intercalaba Jerónimo “notas propias, en las que se aprecia la huella de sus simpatías o antipatías por determinadas personalidades de su tiempo”, fruto sin duda de la influencia de Orígenes (hacia 185-254), “el gran descubrimiento de Jerónimo en esta época”. El método doble de Orígenes, la “comparación de las diversas versiones con el texto original hebreo o griego y la profundización en su sentido místico, marcará a Jerónimo para toda su vida”.
         Su trabajo con Gregorio llamó la atención del papa Dámaso I (304-384), quien lo puso al frente de los archivos eclesiásticos y lo encargó de la correspondencia sinodal entre Oriente y Occidente. Dámaso fue el creador de la doxología Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos e introdujo el uso de la palabra hebrea aleluya en la liturgia. De Sigüenza explica, sin embargo, que al servicio del papa Jerónimo corría el riesgo de “enterrar infructuosamente sus talentos en el trabajo formalista del escribano y en la conversación árida de la administración”. Su relación con Dámaso fue determinante en su obra intelectual, pues el papa estimuló constantemente la vocación de escritor de su secretario: “estás durmiendo, y [...] enfrascado en la lectura te olvidas de escribir, por eso vengo a despertarte con algunas preguntas. No es que no hayas de leer, pues ése es el alimento diario que nutre el espíritu; pero el fruto de la lectura se prueba escribiendo”.
         Y entonces llegó el año 382, y Dámaso puso en manos de Jerónimo la Biblia para que, por primera vez en la historia, fuera traducida al latín con un estilo unitario y orientada a la divulgación y la predicación. Para cumplir el encargo, el santo se encerró en una cueva cercana al lugar donde nació Jesucristo. Terminó aproximadamente en el año 405, y se quedó en Belén hasta su muerte el 30 de septiembre del 420. El texto “compuesto” por Jerónimo, llamado Vulgata, se convirtió entonces en la Biblia de uso común de la Iglesia Católica y, en 1546, el Concilio de Trento la hizo oficial. Hasta 1979, cuando Juan Pablo II (1920-2005) adoptó la Nova vulgata, se utilizó, con variaciones parciales introducidas a lo largo del tiempo, la versión de san Jerónimo.
         La Vulgata le trajo a Jerónimo más de una controversia. Celosos biblistas de su tiempo lo imprecaban a causa de su libertad al traducir, mientras que otros lo ofendían por lo contrario. Él escribió varias cartas para refutar a sus adversarios y gracias a ellas conocemos lo que hoy se llamarían sus “enfoques teóricos” sobre la actividad del traductor. El santo dálmata consideraba la traducción (especialmente la de la Biblia) un asunto tan delicado, que, como escribe en su Epístola 57, “incluso el orden de las palabras es un misterio”. Para él, ergo, el acto de traducir y lo dicho en el texto son una revelación. Sobre la importancia de contar con el original al momento de comparar una traducción con otra, afirma en la Epístola 106 que “todo lo que surge del manantial lo podemos encontrar en los riachuelos”.
         La obra escrita de san Jerónimo, aparte de la traducción, se compone de comentarios bíblicos (en que destacan aquellos sobre las cartas de san Pablo), tratados polémicos (como Contra Rufino, quien también escribió contra Jerónimo), biografías (incluyendo Varones ilustres, nutrida reseña de 135 escritores desde san Pablo hasta él mismo) y epístolas (que llegaron a ser 154, aunque se conservan 120), además de decenas de elegías y cientos de escritos de dirección espiritual. En la actualidad, Jerónimo pasaría sin duda por ensayista.
         ¿Quién es entonces, todavía hoy, san Jerónimo? Un sabio que encontró en el intercambio lingüístico y literario su camino para servir a todos. Un santo, un filósofo, un teólogo, cuyo aporte a la humanidad ha sido “ser puente” entre la ciencia griega y la latina, es decir, entre Oriente y Occidente; un escritor, un ensayista, un traductor que nos ha dejado claras, aunque no nos demos cuenta, las vinculaciones entre el cielo y la tierra, entre la ciencia de la exégesis y la fe, entre la sabiduría espiritual y el don de la palabra en el mundo.

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Año V / N° CLXXII / 2 de octubre del 2017



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lunes, 25 de septiembre de 2017

¿Quién inventó el cuchillo? [CLXXI]

Edgardo Malaver



Forqué y Sanz en ¿Por qué lo llaman amor cuando
quieren decir sexo? (1993), de Miguel Gómez Pereira



         Desde que la ciencia de las computadoras —¿cómo se llama eso?, ¿computación?— se desarrolló lo suficiente para producir rápidos avances en toda aquella actividad humana en que era aplicada —con lo cual aceleró de tal modo el siglo XX que lo convirtió en el más breve de la historia—, parece haberse instalado, por lo menos en las lenguas occidentales —pero a mí me interesa la que hablamos en Venezuela— la manía de llamar tecnología únicamente a los aparatos y actividades directísimamente asociados a las computadoras y, más tarde, a los teléfonos celulares. Todo aquello que no sea una laptop o un celular, una conexión wi-fi o un emoji corre el riesgo de no merecer el idolatrado nombre de tecnología.
         Lexicográficamente, habría que decir que este uso de una palabra ya existente antes es una acepción más, nada más. Sí, pero no tiene nada de malo adquirir conciencia de lo que uno va diciendo por la vida. Además de que ninguna acepción de una palabra es sólo una acepción más, no puede entenderse, como parece concebir la mayoría, que haya una sola.
         La tecnología no es una vitrina en que se exhiben exclusivamente las computadoras y los celulares, el GPS y la “nube”. Voy a abstenerme a propósito —hasta que termine de escribir esto— de buscar en el diccionario. A ver, la tecnología ha de abarcar todo invento, todo avance en la creación basada en el sentido científico del hombre, que le permite acelerar procesos, mejorar y simplificar actividades, ahorrar esfuerzo, reducir distancias, lograr mejores productos... en una palabra, vivir mejor. El lápiz y el papel, la rueca y el telar, la carreta y la canoa son productos de la tecnología. No hizo falta que naciera Thomas Edison para que nos iluminara la estrella de la creatividad —hija, según un antiquísimo lugar común, de la necesidad—. El hombre primitivo, medio primate, medio humano, que por inteligencia o por accidente descubrió que frotando dos pedazos de rama seca podía ahorrarse la espera de un rayo que cayera exactamente a sus pies y le encendiera una fogata es tan inventor como Edison.
         Actualmente, está de moda pensar que hay una generación que le está enseñando a sus padres a “usar la tecnología”. ¿Qué hay de particular en eso? ¿Son diferentes a alguna generación anterior? ¿La gente que inventó el cuchillo, hace más de dos millones y medio de años, no tuvo que enseñarles a sus padres a usarlo? ¿Y no sucedió después que sus descendientes no necesitaron que les enseñaran cómo se cortaba carne con aquel adminículo? A mi abuela le daba miedo prender el televisor; a mi madre nadie tuvo que enseñarle. A mi generación, ya casi no le interesa la televisión. Nada especial.
         Entonces, ¿quién inventó el cuchillo? Quién sabe, pero probablemente haya estado tan fascinado con su invento que vivía queriendo cortarlo todo con él. Y seguramente su generación, preocupada por su salud mental, lo señaló de ser un adicto a la tecnología.
         Sucede con la palabra tecnología lo que insinúa (más bien lo dice claramente) el título de aquella película española de 1993, dirigida por Miguel Gómez Pereira: ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Dicen tecnología, pero quieren decir Instagram... WhatsApp... Candy Crush...
         El cuchillo, el lápiz, la silla, la vela, la carreta, la bicicleta, el puente, el sacagrapas, la taza, el zapato, el cincel, la rueda, el paraguas, el garapiño, el ábaco, ¡el reloj de sol! Si usted crea un objeto para hacer un hueco en la tierra sin tener que usar las uñas, usted es un inventor. Y a nadie se le ocurre llamar eso tecnología, pero lo es.

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Año V / N° CLXXI / 25 de septiembre del 2017



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lunes, 18 de septiembre de 2017

Chamo, ¡qué quilombo es el español! [CLXX]

Aurelena Ruiz


 
Carlos Gardel baila un tango con Mona Maris
en la película
Cuesta abajo (1934)


         Todo el mundo ya conoce la difícil situación que se vive en Venezuela y que ha obligado a cientos de familias a mirar hacia otras latitudes y, por supuesto, mi familia no fue la excepción. Hace un año tomé la difícil decisión de dejar mi trabajo, mi hogar y a mis seres queridos; pero decidir irse no es lo único difícil, elegir a dónde ir es también un proceso complejo. En mi caso hubo dos variantes que me llevaron a elegir mi destino final, Argentina. Lo primero fue la familia, estaba segura de que quería ir a un lugar donde tuviese familia o amigos porque no podría lidiar con tanta soledad. Por otro lado, el idioma era importante, porque a pesar de que también hablo inglés y alemán, no quería causarle un impacto mayor a mi hija de cinco años, así que un país hispanohablante era lo ideal, o al menos eso creía yo.
         Unos días antes de irnos empecé a explicarle a Arianna que iríamos a otro país y que allí algunas cosas se decían diferente. Le dije que, por ejemplo, al cambur lo llamaríamos banana y a la fresa, frutilla, también le mostré una foto de una chaqueta que le compró mi mamá y le dije que eso se llamaba campera. Por supuesto, también le dije que aquí la gente dice vos y que nunca, nunca, nunca, debía decir concha porque eso era una mala palabra.
         Después de un curso intensivo pensé que estábamos listas, porque además todo el mundo me decía: “Los niños se adaptan más rápido”, y era cierto, lo que no me imaginaba era el lío que eso iba a representar en mi cabeza.
         Desde el mismo día que llegamos empezó la confusión. Llegamos a finales del invierno en un día muy lluvioso, así que todos me decía insistentemente que Ari necesitaba un piloto. Yo pensé: ¿será como una especie de guía? Pero no, el piloto es simplemente un impermeable.
         Aquí es común desayunar facturas, que son una variedad de masas dulces que venden en todas las panaderías. Hasta ahí todo iba bien porque eso ya lo sabía y resulta fácil de diferenciar cuando alguien quiere una factura para comer o una factura fiscal; el verdadero problema es elegir, porque cada una tiene un nombre y yo todavía no me los sé. Sé que hay medialuna de manteca y de grasa, pero casi nunca recuerdo cuál es cuál. También hay cañoncitos, vigilantes, de membrillo, de batata, y unos tantos otros. Yo todavía digo: “Me da uno de ese, dos aquel y tres más de ese de allá”.
         Sin duda, el asunto de los alimentos es lo más difícil. La mantequilla de aquí es nuestra margarina, y la manteca es mantequilla. Las frutas y las verduras también me tienen la cabeza hecha un lío; más de una vez le he dicho a un verdulero: “Dame un kilo de pimentón y dos de parchita”, y el pobre señor se me queda mirando con cara rara y para no quedar mal me dice: “De eso no me queda”, a pesar de que lo estoy viendo. Ahí es cuando recuerdo que debo llamarlos morrón y maracuyá.
         El autobús aquí es colectivo; perfecto, eso lo sabía. Lo que no sabía es que en el lenguaje coloquial es bondi, cuando es el escolar, el de viajes largos es micro y los pequeños son combis. Además, un día se espichó un caucho y yo no tenía idea de a dónde debía ir aunque pasé por el frente de varias gomerías.
         Ser parte de una conversación con chicos (sí, ahora digo chicos y no muchachos ni chamos) es todo un reto, primero porque hablan a una velocidad y un ritmo imposible de seguir, pero además dicen cosas como: “Posta, el guacho prefirió a la cheta esa y yo tipo ¿me estás cargando?”. Se lo juro, es muy muy difícil.
         Por si todo esto fuera poco, también está el lunfardo, que es una manera muy particular de hablar entre los porteños y que tiene su origen en la jerga carcelera. Hace poco más de un siglo, los reclusos usaban esta manera de hablar para no ser entendidos por los policías y hoy en día es común muy entre los bonaerenses. Consiste en usar términos diferentes para referirse a algo, por ejemplo: guita para el dinero, fiaca para la flojera. Pero esto es muy fácil de descifrar así que se les ocurrió cambiar el orden de las sílabas de ciertas palabras, entonces si oyes: “A la jermu del hombre con tegobi la está matando el lorca porque se quitó el lompa”, es que te dijeron que a la mujer del hombre con bigote la está matando el calor porque se quitó el pantalón.
         En conclusión, al cabo de un año, Arianna habla con un cantadito que para mí es reargentino, pero que para los argentinos es otra cosa. Mientras, yo me concentro cada vez que voy al súper para decir correctamente lo que necesito y aunque la mayor parte del día hablo en inglés por mi trabajo, ya se puede notar cómo ahora llamo de vuelta a las personas, o les respondo con un no, por favor después de hacerles un favor, las cosas me parecen geniales y le recuerdo a Ari que tiene que arreglar su mochila por las noches.

10 de septiembre de 2017

aurelena.ruiz@gmail.com




Año V / N° CLXX / 18 de septiembre del 2017



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lunes, 11 de septiembre de 2017

Viaje a la RAE (IV) [CLXIX]

Luis Roberts


Aunque no es el mismo viaje, el Camino de Santiago 
también implica aprendizaje (foto: 80 Días)



         Este viaje a la RAE no es el camino de Santiago, que puede suponer un mes o más de caminar, no por caminar, sino para llegar a una meta; en la vida, se hace camino al andar, Antonio Machado dixit, pero algunos caminos concretos ya están trazados y el recorrerlos es un problema de aguante y de administración de las etapas.
         Y pasando, no ya por los municipios del camino, sino por los inevitables medios, nos topamos con las primeras piedras de esta etapa. “El alcalde baraja la posibilidad de hacer ajustes en la plantilla municipal”. Craso error, no porque tal vez la reducción del presupuesto le obligue a considerar llevar a cabo dicha reducción, sino porque para barajar hace falta más de un elemento, no se puede barajar una sola carta. Por lo tanto, usemos considerar, pensar, estudiar y no barajar.
         Un listado, cortito, de errores favoritos, indicando primero lo incorrecto y seguido lo correcto. Beneficiencia por beneficencia; consciencia por conciencia (menos en algunos pocos casos); contricción por contrición; disglosia por diglosia; disgresión por digresión; exhorbitante por exorbitante; exhuberante por exuberante; exortar por exhortar; exumar por exhumar; garage por garaje; transplantar por trasplantar.
         Pegados como estamos a los medios de comunicación, escuchamos y leemos algunos errores continuados. El famoso tema, porque de la temática hablaremos luego, equivale a ‘asunto’ o ‘materia’ de la cual trata algo, pero no de ese algo en sí mismo. Así que si queremos “acabar con el tema de la delincuencia”, lo que pretendemos no es acabar con la delincuencia sino con ese asunto, es decir, que no se toque más ese tema. Bueno, casi como cuando dicen en lugar de: “Hoy el tiempo será adverso”, “Hoy la climatología será adversa”, cuando la climatología es la ciencia que estudia el clima. El infausto e inútil lo que es, repetido como un mantra: “Colaborar con lo que es los contenidos de la radio” (donde no hay ni concordancia), sería, sencillamente “Colaborar con los contenidos de la radio”.
         Y puestos a dar listas, aquí va un breve glosario perfectamente válido para la red nuestra de cada día. Hacer clic, clicar y cliquear; medios sociales; anonimizar; ciberataque y cibercomercio; blog, bloguero y bloguear; artículo o entrada (no post); enlace o vínculo (no link); inicio de sesión (no login); usabilidad; bloquear, suspender o restringir (no banear); acechar, espiar, husmear o acosar (no stalkear); contraseña; conectado, digital, en línea (no online); las puntocoms; seminario web (no webinar); emisión en directo o en continuo (no streaming); computación en la nube; cortafuegos; copia de respaldo; correo basura; programa malicioso; programa espía; enrutador o encaminador (no router), o si se prefiere pongan rúter.
         Un tumor es canceroso, pero nunca cancerígeno y un cáncer maligno es redundante; un tumor o una neoplasia maligna es un cáncer, no un cáncer maligno. Y me voy a poner serio, porque utilizar el calco inglés de severo para calificar una enfermedad grave, importante, extrema, o seria, es poco serio.
         El duelo, cuando no es de luto, es una pelea entre dos, personas o equipos, nunca un duelo entre tres o cuatro competidores; eso es un enfrentamiento, una pelea, una competición, pero nunca un duelo. Por eso hay que ser reacio a usar esta expresión, no remiso, que parecen términos que «se parecen igualitos», pero no son lo mismo; reacio es que se opone y remiso es que duda. Y a quien no vea claro esto hay que darle de comer aparte, que se escribe siempre en una sola palabra, sea adjetivo, adverbio o sustantivo, y errar en esto no nos llevará a parte alguna, que aquí sí, pues es una preposición con un sustantivo.
         No sé en qué estaré pensando pero la fiscal general, o fiscala general, como se dice en muchos países de América Latina, es la titular de la Fiscalía General. Es un asunto de mayúsculas y minúsculas.
         Los jóvenes veinteañeros no saben lo que es un “buscapersonas” o un “casete”, el avance tecnológico condena al olvido a cantidad de palabras que pasarán al Thesaurus del baúl de los recuerdos. Hoy todos se hacen selfis, o autofotos, con o sin el paloselfi, pero también esto será pura arqueología dentro de poco, pues ya hay drones que nos siguen y nos fotografían y graban a nuestra voluntad.  Y esto lo constatarán todos ustedes en breve, claro que el verbo constatar  se construye con un sujeto agente, en este caso ustedes, o de forma impersonal, se constata, pero nunca  con un sujeto inanimado: «los datos constatan...».
         No resisto la tentación: la fórmula y/o, calco del inglés and/or, resulta casi siempre innecesaria, pues la conjunción o no es excluyente, así que no se debe usar excepto en textos muy técnicos para evitar ambigüedades.
         Y para terminar esta etapa, se nos ocurre, ex abrupto, algún que otro exabrupto, pues no hay que confundir lo que es de improviso o de manera brusca con lo que es ese sustantivo que es una salida de tono, una inconveniencia.

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Año V / N° CLXIX / 11 de septiembre del 2017



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Titivillus

lunes, 4 de septiembre de 2017

Viaje a la RAE (III) [CLXVIII]

Luis Roberts


 
Carl Fredricksen, el de Up (2009), vendía globos
de colores para los niños, no otro tipo de globos



         Damos inicio a la que yo pensé que sería la última etapa de este viaje, pero que resulta que sólo será la penúltima. Como la descripción de este viaje no se hace en Facebook, no hace falta que le den muchos me gusta, aunque de hacerlo, siempre así, en singular y minúscula y si lo quieren adornar con comillas tampoco pasa nada. También pueden aderezarla con algún emoticono o emoticonos, siempre preferible al emoticón o emoticones, que también son válidas. Igualmente válidos serían los memes, en este caso en su acepción más usada de imagen humorística, no la originaria de Richard Dawkins.
         Lo importante es huir de la anfibología, de la ambigüedad gramatical, y de las otras. No es lo mismo: tenemos globos para los niños de colores, que tenemos globos de colores para los niños. Este es un problema por resolver por la lingüística computacional y un enemigo siempre al acecho en el mundo del derecho. Tanto como confundir la iniquidad (acto perverso) con la inequidad (desigualdad). Las dos pueden acabar en un degüello, no en un degollo, pues degollar es tan irregular como contar, por eso lo cuento. Y yo soy de los que piensan así, con el verbo final siempre en tercera persona, no tú eres de los que opinas...
         ¿Recuerdan las redundancias? Pues aquí va otra perla cotidiana: recuperarse favorablemente. ¿Alguien “se recupera” a peor? Y hablando de recuperar, no vale la pena recuperar una vocal cuando es doble en muchos casos, se la puede uno ahorrar, como en contrataque, portaviones, sobresfuerzo, antislamista, prestreno... Para que esta reducción sea posible, deben darse las siguientes condiciones: que no existan dos términos de significado diferente, como reemitir y remitir; que la simplificación no invierta el sentido, como ocurre con las vocales i y e, como en archiilegal y en ultraamoral; que no sea con el prefijo bio para que no se confunda con bi, esto es extensible a otros prefijos como heli/helio, ex/exo, di/dia y per/peri; biooxidación y bioxidación no significan lo mismo. Y que no medie una hache, como en semihilo. La simplificación es más frecuente en palabras largas (mininvestigación) y menos en palabras cortas (miniimán). La letra e se simplifica más fácilmente, como en sobresdrújula, remplazar o rencontrar y en cambio con la o o el prefijo co, rara vez hay reducción, como en microondas.
         ¿Saben que la letra u escrita en minúscula es una abreviatura máxima de universidad usada en muchos países de América y está aceptada por la RAE, así como su plural con tilde y minúscula úes?
         Talibán es un adjetivo, que tiene género y número: talibana, talibanes y talibanas. Por lo tanto, la cúpula y la milicia talibana y no talibán.
         El “quesuismo”, ¡ojo, no confundirse!, es tan usual e incorrecto como el “lacualismo”. Hay que usar, en el primer caso, el adjetivo relativo cuyo y no la combinación que su: “Es una persona que su único tema de conversación es ella misma”. Lo correcto sería: “Es una persona cuyo único tema de conversación es ella misma.” Pero la combinación que + su es válida en casos como cuando que funciona como conjunción: “Me dijo que su proyecto no saldría adelante”.
         Un incendio puede estar provocado por un incendiario, que es un malhechor, o por un pirómano, que es un enfermo, pero no es lo mismo. El incendiario produce un incendio intencionado, pero no un incendio provocado, pues todo incendio es provocado por algo o por alguien. Y, desgraciadamente, el incendio se puede propagar, pero no propalar, que para eso están los medios. Los incendios los apagan los efectivos del cuerpo de bomberos, que es el conjunto de los miembros de ese cuerpo que participan en la operación y que puede estar compuesto por 30 bomberos, pero no por 30 efectivos. Y el incendio puede ser violento, pero no virulento, no propaga enfermedades malignas.
         ¿Desde cuándo se usa el desde en lugar del en para indicar ubicación y no origen? “Los cancilleres americanos analizan desde Bogotá...”; “Desde el Gobierno se insiste...”. Lo correcto es: “Los cancilleres americanos analizan en Bogotá...”; “El Gobierno insiste en...”.
         Para alegría de muchos, la palabra poliamor, aunque deriva del anglicismo polyamory está perfectamente formada y es válida, tanto como su derivada poliamoroso, por lo que, aunque aún no esté recogida, ni cursiva ni comillas. Y si uno está de luto, por exceso de poliamor, los brazaletes negros no se lucen, se llevan, pues lucir significa “brillar”, “resplandecer”. Y si ablación significa “extirpación de cualquier parte del cuerpo”, si nos manifestamos, como debe ser, en contra de la “ablación femenina”, o especificamos a qué parte del cuerpo nos referimos, o puede ser que nos estemos oponiendo a que le saquen una muela a las mujeres. Si salimos a la calle a promocionar nuestra empresa repartiremos folletos, pero si queremos difamar al Gobierno (ejemplo hipotético), repartiremos panfletos, no confundir. Estos panfletos pueden ser anónimos o estar firmados con seudónimo, como tantos artículos y obras literarias, pero el seudónimo no es lo mismo que el alias o el apodo que, estos sí, son sinónimos. Y ahora una simpática paradoja: “Aprueban un decálogo que contiene siete principios que ayudarán a...” ¿Un decálogo con siete normas? Pues sí. Un decálogo es ‘un conjunto de normas  o consejos que, aunque no sean diez, son básicos para el desarrollo de cualquier actividad’. ¿Qué tal?

Sigue la próxima semana


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Año V / N° CLXVIII / 4 de septiembre del 2017



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lunes, 28 de agosto de 2017

Viaje a la RAE (II) [CLXVII]

Luis Roberts



Lo que queda de la ciclópea sede del Partido
Comunista Búlgaro en la era postsoviética



         Iniciamos esta segunda etapa del viaje a la RAE, tocando un tema que debe estar de capa caída en estos atormentados momentos: la libido. Libido es deseo sexual y es llana, y lívido es amoratado, muy pálido y esdrújula; aunque uno puede acabar lívido de tanta libido.
         En un listado de cuarenta fobias o aversiones, parca cifra, elijo unas pocas realmente curiosas: la afenfosfobia, aversión a ser tocado; la aliguinefobia, aversión a las mujeres guapas; la belenofobia, aversión a las agujas, especialmente las de inyectar; la cacofobia, aversión a la fealdad; la cainofobia, aversión a la novedad; la chamainofobia, aversión al Halloween; la courofobia, aversión a los payasos; y, por último, dos lamentablemente muy usuales entre nosotros: la fronemofobia, aversión a pensar, y la ergasiofobia, aversión al trabajo.
         Una expresión aceptada por la RAE y de gran actualidad es a la búlgara para aludir decisiones tomadas por disciplinada unanimidad, a veces con más votos que votantes, como solía suceder en las reuniones del Partido Comunista Búlgaro.
         Es conveniente de vez en cuando repasar la lista de palabras con alternancias acentuales, las que admiten dos acentuaciones prosódicas, como afrodisiaco, alveolo, amoniaco o cardiaco, sobre todo los que nos dedicamos a la corrección, que, por cierto, es una de las palabras que presenta dos de las posibles duplicaciones de letras en español.
         Los medios se arman un lío tremendo con ciertos gentilicios. El árabe es una raza y una lengua; el islamista, musulmán y mahometano, profesa una religión. Un bosnio no es árabe, no habla árabe y generalmente es musulmán. El judío, hebreo o israelita es un pueblo en el sentido histórico y religioso. Hoy el hebreo es un idioma, el judío una religión y el israelí una ciudadanía y unas instituciones del estado de Israel. Así mismo, el finés es un idioma y el finlandés el gentilicio de Finlandia.
         Un bloguero bloguea, chatea, guglea, tuitea y retuitea en Twitter, evita a los piratas informáticos, crea boletines digitales, usa su tableta, marca tendencias o temas del momento, y todo esto en la red, usando su internet: esa es la maravilla de Internet. Y todos estos términos están aceptados con esta grafía para evitar los anglicismos.
         ¿Saben la regla del nueve para evitar el queísmo?  Convertir el enunciado en interrogativo: ¿de qué me alegro? (me alegro DE que...); ¿en qué confío? (confío EN que...); ¿de qué está seguro? (está seguro DE que...). Si la interrogativa lleva preposición, la enunciativa también. Y lo mismo para evitar el dequeísmo.
         ¿Lo implícito y lo tácito es lo mismo? Para muchos sí, para la RAE, no: lo implícito es lo no explicado y lo tácito lo no dicho.
         Si queremos jugar al calambur, o simplemente poner en aprietos a más de uno, no hay más que enredarles, aunque generalmente se enredan solos —pronunciando o escribiendo— con los famosos parónimos, las palabras que se diferencian en una letra, que quieren decir cosas distintas, a veces opuestas, y que muchos confunden para hilaridad de unos y sorpresa de otros. Veamos solo algunos: esotérico y exotérico; espiar y expiar; espirar y expirar; estirpe y extirpe; laso y laxo; seso y sexo; aprehender y aprender; adición y adicción; accesible y asequible; adoptar y adaptar; alimenticio y alimentario; amoral e inmoral; apertura y abertura; apóstrofo y apóstrofe; aptitud y actitud. Y hablando de lo alimentario: comible  y comestible no son lo mismo, como no es lo mismo querer que poder. Y eso puede pasar tanto con una seta como con una persona.
         Y ya para terminar esta segunda etapa, señalar que la palabra electroencefalografista: “persona especializada en electroencefalografía”, es, con 23 letras, la palabra más larga que aparece en el DRAE.

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Año V / N° CLXVII / 28 de agosto del 2017



Otros artículos de Luis Roberts

lunes, 21 de agosto de 2017

Viaje a la RAE (I) [CLXVI]

Luis Roberts



Actinidia deliciosa, nombre científico de una...
¿marca comercial?



         Esta semana emprendí un viaje a la RAE; sí, a la Real Academia Española —único viaje que me permite la acongojante situación— para combatir la canícula, la lluvia y el semiocio, de la mano de dos utilísimos libritos —por su tamaño— de FUNDEU y con el rimbombante título de Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana, el Primero y el Segundo, que compré hace meses, tal vez atraído por el título que me recordaba una divertida película de Woody Allen, y que, leídos, los sumo a mis libros de consulta. Como este viaje no es largo no es de la Alcarria, ni el Camino de Santiago, pero sí lleno de anécdotas, lo haremos en varias etapas y esta es la primera. Se trata de normas del castellano, conocidas las más, pero sorprendentes otras que nos ayudan a agachar la cabeza humildemente entonando algún que otro mea culpa; curiosidades, cambios, desusos y obsolescencias, etc. Empecemos pues el viaje.
         Hablando de desusos, recordemos la lista de las preposiciones e inmediatamente borremos dos: so, convertida en adverbio, y cabe, desaparecida en inacción. Pero tendremos que añadir tres pseudopreposiciones: mediante, durante y vía. Entre un listado de 55 solecismos por el mal uso de la preposición, señalaré los que más me suenan, en la calle, en la casa, o en los medios: a excepción de, a grosso modo, a la mayor brevedad, a reacción, a resultas, bajo el supuesto, con motivo a, da la casualidad que, de acuerdo a, de motu propio, en base a, en el corto plazo, tan es así. Los latinismos adaptados al español llevan su tilde: réquiem; pero no así las locuciones latinas: sui generis. Lapso y lapsus son cosas distintas, y siendo el lapso un intervalo de tiempo, se comete, no un lapsus sino una grave redundancia diciendo “lapso de tiempo”. Calcando del inglés (perdón por el gerundio), dicen hallar culpable, en vez del correcto declarar culpable; y presunto en lugar de supuesto; presunto se utiliza para designar a quien se considera posible autor de un delito cuando se han abierto diligencias procesales pero aún no hay fallo de la sentencia, antes de eso es solo supuesto. Por culpa del cine y la TV —perdón, por las malas traducciones—confundimos evidencia con prueba y crimen con delito y decimos querella criminal, redundancia al canto, pues toda querella es penal. Que módem es un acrónimo inglés y menstrual es la palabra más larga con dos sílabas son dos curiosidades refrescantes, pero que kiwi, como aspirina o clínex, sea una marca convertida en nombre, casi se me atraganta.
         Y ya que salieron a relucir las redundancias, algunos ejemplos paradigmáticos: accidente fortuito (¿existen accidentes no casuales?); en vigor actualmente (si no, ya no está en vigor); apología a favor (la apología es una alabanza, no puede ser en contra); divisas extranjeras, nexo de unión, cita previa, prever con antelación y tantas otras. Sin olvidar la ya famosa “extranjeros de otros países”.
         ¿Actualmente, he dicho? Pues con los falsos amigos hemos topado, esos que son falsos porque nos mienten, porque dicen ser españoles y son ingleses o franceses, los actual, adoptar, asumir, billones, bizarro, eventualmente, obsceno, sensitivo, etc. Los que en nuestro idioma quieren decir otra cosa y los usamos mal por culpa de esos falsos amigos.
         La enantiosemia, también llamada antonimia o antífrasis: palabras que tienen un sentido opuesto al otro, nos deja perlas como: perla, sancionar, en absoluto, gracioso, o el “quijotesco” huésped. Y hablando del castellano del Quijote, “parlar” en español es hablar mucho y sin sustancia, por lo que uno prefiere ser “hispanohablante” al afrancesado “hispanoparlante”. Por cierto, la palabra en español que tiene todas las tildes es “pedigüeñería” y es más valleinclanesca que “mendicidad”. Sendos no es equivalente a ambos y su uso como “enorme” no es propio de la lengua culta, por lo que sendos senos, se referiría únicamente a los senos de todas las personas mencionadas.
         En una granada y hasta divertida lista de arcaísmos, me quedo con dos con los que dirigirme a ciertos personajes sin el riego inmediato de la tortura: albuznaque (bruto, bestia) que ornea (rebuzna).
         Todos los días oímos, vemos y padecemos lo que se califica como catástrofe humanitaria, pero si supiéramos que humanitaria es sinónimo de “bondadoso y caritativo”, hablaríamos más bien de catástrofe humana. Y hablando de oír, oía es la única palabra no monosilábica que tiene tantas letras como sílabas.
         Este viaje, obviamente, no es por avión; si lo fuera, el comandante nos daría la altitud a la que volamos cuando lo hacemos sobre el mar y la altura cuando lo hacemos sobre la tierra. Pero, en cualquier caso, culminamos esta primera etapa para dar descanso, más a los lectores que a nuestro aún no fatigado cuerpo.

luisroberts@gmail.com




Año V / N° CLXVI / 21 de agosto del 2017


Otros artículos de Luis Roberts:


lunes, 14 de agosto de 2017

Que me coma el tigre [CLXV]

Edgardo Malaver



El escritor venezolano Antonio Arraiz llevó la tradición oral 
de Tío Tigre y Tío Conejo a la literatura escrita



         El cantante popular colombiano Nelson Díaz Sánchez murió en septiembre del 2010 a los 86 años. En 1968 había grabado una canción que le dio visibilidad duradera y un lugar en el repertorio musical de su país. De este lado de la frontera, los versos y sonidos de Díaz Sánchez desbordaron la música y se instalaron también en el habla popular.
         Cada Carnaval por lo menos, se oye en Venezuela alguna vez aquella famosa canción, en la cual un personaje es perseguido por un animal feroz que quiere comer su “carne morena”. Intentando evitarlo, se sube a un árbol, se sube a una loma, se tira en el río y finalmente se mete en una casa, “pa que no lo vea”. A todos estos lugares lo sigue la fiera, y él termina diciendo: “La cosa está fea”. El coro después repite y repite: “Tú lo que quieres es que me coma el tigre, / que me coma el tigre, / que me coma el tigre”.
         Naturalmente, cuando en Venezuela uno siente que alguien le impone condiciones particularmente difíciles, que no le deja escapatoria, que, por más que la busque, no hay válvula que alivie la tensión de una situación, termina diciendo: “Tú lo que quieres es que me coma el tigre”. Estas situaciones pueden salir de la esfera personal y abarcar la social, política, religiosa, artística, etc., porque donde haya seres humanos habrá siempre unos pocos que querrán imponer a los más su voluntad y sus reglas. Unos seres humanos lucen más feroces que otros. El mundo ha sido siempre así, el problema aparece cuando el que se cree con derecho a dictar las pautas elimina también las válvulas.
         La figura intimidante del tigre, bañado por la naturaleza de colores impresionantes, protagoniza otras expresiones que involucran siempre el poder, el conflicto, la pelea. “Tigre no come tigre”, diría cualquiera que desea indicar que, por más fuerte o furioso que se muestre un enemigo, no la va a tener fácil si desea enfrentarlo. Si algún interlocutor está de acuerdo, dirá: “Y si lo come, lo vomita”.
         También puede representar la deshonestidad y la fragilidad ética. En una conversación referida a la frecuencia de conductas no muy decentes, uno dice: “¿Qué es una raya más pa un tigre?”. La tradición oral, por otro lado, nos ofrece el símbolo del tigre como encarnación de la fuerza bruta opuesta a la inteligencia y la picardía. El ejemplo inmejorable son los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo.
         Hay quienes matan a un tigre y luego le tienen miedo al cuero. Así, en realidad, no se logra gran cosa. Los sagaces suelen arrebatar nuevos territorios a los cobardes. La evidencia puede ser que a veces hay tríos de tigres que van por la vida sintiendo una honda tristeza. La esperanza para el futuro, siempre, es que las nuevas generaciones suelen heredar los rasgos de sus padres y abuelos. Indiscutiblemente, hijo de tigre nace pintao.

emalaver@gmail.com



Año V / N° CLXV / 14 de agosto del 2017



Otros artículos de Edgardo Malaver
Números impresionantes (I) [LXXIX], 19 oct. 2015
Pekín y Bombay [LXXVIII], 12 oct. 2015
Ilación [I], 25 feb. 2013

lunes, 7 de agosto de 2017

Reporteros [CLXIV]

Luis Roberts


Los Tontons Macoutes, los paramilitares de los Duvalier, 
aterrorizaron Haití a partir de 1958



         Hace unos días un amigo tuiteó, o retuiteó, no recuerdo, un tuit a la vez divertido y revelador, que decía: “Twitter es un sitio donde alguien dice que es un asesino ‘multiple’ e inmediatamente alguien le contesta que múltiple lleva tilde”. Con esta introducción quiero decir que las líneas que siguen no son una frivolización académica del sangriento y doloroso parto histórico que vive Venezuela, nada más lejos de mi intención, la de alguien que vive con tembloroso temor, pero con emocionada esperanza, el brusco golpe de timón que un pueblo está dando a la Historia. Pero trabajador de la lengua al fin, y enamorado de su herramienta, no puedo por menos que aprovechar para, con una sonrisa, hacer ciertas observaciones, utilizando estos hechos más como excusa que otra cosa.
         Como tantos otros, supongo, sigo la situación de la calle a través de Internet con la información que los medios alternativos nos ofrecen. Jóvenes y valientes reporteros y reporteras, jugándose hasta la vida en muchos casos, entre gases, tiros, carreras, etc., nos informan puntualmente de las tropelías y saña de unos personajes a los que no les falta más que la cruz gamada en su uniforme para encontrar un símil histórico de un ejército de ocupación y unos “tontons macoutes” que no necesitan mayor identificación. Supongo también que estos reporteros son comunicadores sociales, o están en vías de serlo, y aquí entro en materia, por lo que es más preocupante, si cabe, el estado del uso del idioma en nuestro país, como ya denunció hace años el maestro Rafael Cadenas.
         Para mi entender existen al menos tres factores concomitantes que nos permitan poder entender las causas de este pobre estado: la falta de maestros acuciosos que corrijan los errores desde la primera enseñanza y las aberraciones de los idiolectos populares, la falta de lectura que enriquezca el léxico, y un prurito propio de las clases menos favorecidas, social o culturalmente, de intentar elevar el registro por la falta de confianza en sus propios recursos.
         Aquí aprovecho para recordar a mi admirada amiga, la profesora Yajaira Arcas, y su explicación del paso del pelo al cabello en los barrios populares. Tal vez habría que añadir un cuarto factor, a caballo entre el primero, los maestros, y el tercero, el registro, y son los cuentos de camino, esos que siguen afirmando que las mayúsculas no llevan tilde o que el quisiese es de un registro inferior al quisiera. Vemos con asombro, y no sólo en este colectivo, pues políticos y profesionales varios no se libran de este estigma, la desaparición de verbos como mirar (¿por qué me ves?; porque no soy ciego), oír (puse el despertador a las 3 para escuchar unos tiros con gran deleite) poner (¿cuándo empezarán las gallinas a colocar huevos?), abrir (apertura la boca que no te escucho); sustantivos como pelo (¿cuándo iremos a la “cabellería”?), todo es un evento, ya no hay actos, hechos, accidentes, elecciones, todo son eventos, las famosas palabras muletas, el daño irreparable que el complejo de inferioridad ante el inglés, el papanatismo, nos está produciendo, no sólo a nivel léxico, sino sintáctico, con un uso no idiomático, por ejemplo, de la voz pasiva: “...unos guardias fueron quemados...”.
         Y volviendo a nuestros reporteros, y pasando de las muletas a las muletillas, produce una mezcla de hastío y risa la repetición como un mantra de “lo que es” o “lo que sería”: “lo que es la calle tal...”, “lo que sería la manifestación de hoy...”; el “a nivel”: “estamos a nivel de la calle tal...”; el “como tal”: “los resultados de la represión como tal...”.
         Y como colofón y para terminar, pues este es el objetivo de este escrito, transcribo algunas, unas pocas, de las expresiones que tengo apuntadas para ilustrar este mensaje, o reflexión con más sencillez: “Hicieron barricadas con troncos de árboles y otros utensilios”; “nos activaron bombas...”; “le propinó una herida...”; “la resistencia y los funcionarios enfrentan sus diferencias...”; “realizaron palabras...”; “nos detonaron perdigones...”; “realizaron detonaciones...”; “accionaron con sus armas...”; “algunas personas se realizan fotografías” (oído justo mientras escribo); “están aperturando un canal...”; “pueden colocar detenidos en cualquier momento”, y así hasta el aburrimiento. ¿Qué les parecería a estos jóvenes reporteros si alguien, yo por ejemplo, dijera: “nos lanzaron bombas”, “nos están disparando perdigones”, “le produjo una herida”, “dijeron palabras”, “resistencia y policías se enfrentan”, “dispararon”, “se hacen fotos”, etc.
         Muchachos, seguiremos oyendo sus crónicas con el corazón en un puño, pero parafraseando a un santo que no viene a cuento, podremos decir: “¡Oh, Dios, qué buenos reporteros si tuviesen un mejor lenguaje!”.

luisroberts@gmail.com





Año V / N° CLXIV / 7 de agosto del 2017


Otros artículos de Luis Roberts:
Titivillus [CXLV], 27 mar. 2017
Hablemos como el pueblo [CL], 1° may. 2017