Edgardo Malaver Lárez
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| En
Caracas no cayó “ni una teja de la más humilde choza, mientras que todos los templos amenazaron ruina” |
La historia
de los terremotos en Venezuela, que no pretendemos compilar aquí siquiera en una
parte mínimamente respetable, contiene toda clase de curiosidades (si cabe poner
atención a esos datos). El del 21 de octubre de 1766, fecha del que parece haber
sido el más intenso de todos —¡se calcula que llegó a la inaudita marca de 7,9
grados!—, es también, curiosísimamente, el único que no ha dejado víctimas humanas.
Según José Grases
Galofré, sismólogo de
la Universidad Central de Venezuela, este hecho favorable se debió a la escasa
población venezolana en aquel momento.
También fue
el primer terremoto que ha permitido a los científicos recabar información
concreta suficiente para iniciar los estudios sismológicos en Venezuela. El
movimiento estuvo centrado, otra vez, en Cumaná, pero se sintió en casi toda
Venezuela. En Guayana y algunos otros lugares, las fuertes réplicas se
mantuvieron durante 14 meses, y con tanta intensidad que muchísimos habitantes vivieron
durante todo ese tiempo al aire libre.
Esta
semana saltaremos del siglo XVI al XVIII debido a que el terremoto de 1641, que
fue el más grave del XVII, en realidad no está entre los más destacados, y porque
no hemos encontrado —aún— un relato de buena estatura literaria que nos “cante”
aquella historia. Y además, la figura literaria que no dejó escrita una crónica
atractiva al respecto es Arístides Rojas (1826-94). Gracias, maestro.
He
omitido algunas partes que quizá puedan distraernos un poco de nuestro punto de
atención, pero aquí está el cuento:
La
abogada de los terremotos
Arístides Rojas
[...]
El primer convento de Mercedes que tuvo
Caracas fue una hospedería situada, desde los primeros años del siglo décimo
séptimo, en tierras de la parroquia actual de San Juan, cuando en ésta no existían
pobladores, sino el camino que comunica a los habitantes de Caracas con los
valles de Aragua. Estaba, por lo tanto, muy distante de la pequeña capital [...].
Más tarde, en 1638, se levanta el primer convento de las Mercedes en la porción
alta de la ciudad, cerca de la represa del Catuche, cuando no existían ni el
puente de La Pastora ni el de la Trinidad, que aparecieron cien años más tarde [...],
quedando desde entonces esta Virgen como patrona de la ciudad, reconocida por
voto y juramento de ambos cabildos [...].
Nuevo título, el de abogada de los
terremotos, aguardaba a la Redentora de Cautivos, al levantarse el nuevo templo
en la prolongación norte de la antigua calle de San Sebastián, hoy Norte 2. En
los tres terremotos que ha presenciado Caracas y de los cuales dos de ellos la
arruinaron en gran parte, todos han pasado a la historia acompañados de algún
incidente extraordinario. [...] En el gran temblor de tierra de 1766, conocido
con el nombre de terremoto de Santa Úrsula, por haberse verificado en el
día de esta santa, 21 de octubre, la idea que domina pertenece a [...] lo
maravilloso, como es la intervención de la Virgen de las Mercedes [...].
La época del obispo Diez Madroñero, tan
fecunda en reformas religiosas, debía serlo igualmente en milagros, hijos éstos
de los pueblos creyentes. En los archivos de la Obispalía de Caracas aparece [...]
como espíritu de caridad y abnegación, inspirado y capaz de prever los más
ocultos males a que está sometida la sociedad humana. Más meritorio que el
prelado, por su saber, edad y virtudes excelsas, fue el venerable cura de La
Pastora, don Nicolás Bello, varón preclaro que, según la tradición, murió en
olor de santidad. En los días que precedieron al gran temblor de Caracas del 21
de octubre de 1766, el padre Bello había escrito al obispo, quien a la sazón
hacía la visita pastoral de los valles de Aragua, que ordenase la traída de la
Virgen de las Mercedes a la catedral, pues abrigaba presentimientos de que algo
debía suceder para el día de santa Úrsula [y] el obispo ordenó la visita
de la Virgen de las Mercedes a la catedral, donde fue recibida por grande concurrencia,
como protectora de la ciudad, sin que nadie sospechara el objeto de aquella
disposición.
El padre Bello, que entretenía
semanalmente con una conferencia religiosa a sus amigos íntimos, excitó a
algunos de éstos a que le acompañaran a orar en el templo de La Pastora, en la
noche del 20 al 21 de octubre [...].
Vivía en Caracas, en aquella época, un
loco pacífico y locuaz llamado Saturnino, a quien nadie ofendía por su carácter
humilde y benévolo. Desde muchos días antes del de santa Úrsula, Saturnino
recitaba por todas las calles el siguiente estribillo:
Qué triste está la
ciudad
perdida ya de su fe,
pero destruida será
el día de San Bernabé;
quien viviere lo
verá.
Y ya en la
víspera del 21 de octubre decía:
Téngolo ya de decir,
yo no sé lo que será,
mañana es San
Bernabé,
Quien viviere lo
verá.
Y echándose a
cuestas una pesada piedra, subió la colina del Calvario, diciendo a cuantos encontraba
que al raso iba a pasar la noche, porque al día siguiente Caracas debía bailar
como un trompo. Riose la población tanto de la profecía como del profeta, al
cual debía después solicitar a interrogar.
Serían las cuatro y veinte minutos de
la mañana del 21 de octubre de 1786, cuando la población de Caracas despierta
aterrorizada al súbito estremecimiento que hace bambolear los edificios de la
capital. Al acto lánzanse los habitantes a la calle, y los gritos de “¡Misericordia,
Señor!” se escuchan por todas partes. Nadie sabe qué hacer ni a dónde ir, y
todo inspira temor por largo tiempo, cuando al despertar la aurora se sabe que
ningún edificio notable había caído, aunque casi amenazaban ruina, sobre todo
los templos. Dilatada fue el área de este sacudimiento que causó estragos en la
región oriental de Venezuela.
Dos frailes acompañaban a la Virgen en
la catedral, en el momento del sacudimiento, mientras que el padre Bello, con sus
amigos, oraba en La Pastora aguardando la hora del Ángelus [...]. Inmediatamente
fueron abiertas las puertas de la Metropolitana y demás templos, a los cuales
se acogió la población atemorizada; [...] después de un prolijo examen, viose
que todos los templos exigían pronta reparación en sus muros, arcos, etc., que
era necesario rebajar el tercer cuerpo de la torre de San Jacinto y derribar
por completo la de las Mercedes. [...]
¿Por qué habían sufrido todos los
templos, mientras que en las casas de los habitantes no se temía riesgo alguno?
Los moradores de Caracas atribuyeron este hecho a la intervención de la Virgen
de las Mercedes [...].
Al amanecer del 21, el loco Saturnino
estaba ya en Caracas sano y salvo, después de haber pasado la noche al pie de
un árbol en la colina del Calvario. Jamás este pobre se vio tan rodeado de la
muchedumbre y hasta de la gente de criterio, que quería saber del loco lo que éste
ignoraba y había dicho inconscientemente. Pero Saturnino se limitó a contestar a
cuantos curiosos le interrogaban, con una frase: “¿No se lo dije yo, que algo
grande iba a suceder?”. Obraba así, como si fuera el hombre más cuerdo.
Calmados los ánimos y realzada por un
milagro la Virgen de las Mercedes, los moradores de Caracas nombraron a la
Redentora de Cautivos abogada de los terremotos, dedicándole fiesta
solemne el 21 de octubre de cada año. Reparados los estragos que causó el
temblor de tierra en los diversos templos, regresó la Virgen al de las Mercedes,
acompañada de todos los habitantes de Caracas. Desde esta fecha quedó pospuesta,
como patrona de los temblores, la Virgen del Rosario, que tenía tal encargo,
desde tiempos remotos, como lo asevera el historiador Oviedo y Baños.
Llama el cronista Terreros la atención hacia el hecho de no haber caído en Caracas ni una teja de la más humilde choza, mientras que todos los templos amenazaron ruina. [...]
Una graciosa tarjeta de plata
esculturada, regalo del cabildo eclesiástico y Ayuntamiento de Caracas, figuró
desde esta época al pie de la imagen que fue testigo de la tribulación [...].
En una de las caras de la tarjeta se lee:
SERVATRICE NOSTRÆ
DIE. XXI. OCT. A DMN. MDCDLXVI [*]
Y en la otra
las siguientes sentencias:
OMINES, ET JUMENTA SALVASTI DOMINA.
Ex. Psalmo 67
TU CAPTIVORUM-REDEMPTIO, ET OMNIUM SALLUR.
S. Ephren
TE NOSTRÆ CAUSAM SERVATRICEN YUE SALUTIS.
Ex. Ovidio
NOSQUE TUOS LIBRA FAMUR ET (ÆTEMAGIS)
Ex. Ovidio
En medio del fervor religioso que se
apoderó de los caraqueños hacia la Redentora de Cautivos, comenzó igualmente a
apoderarse de ellos la inconstancia. Aguijoneados por la vanidad, se cansaron
de la antigua imagen de Nuestra Señora[...], y resolvieron poseer una escultura
de la Virgen cuyo modelo fuera caraqueño [...]. Cúpole la dicha a la bella
Mercedes Iriarte Aresteiguieta, quedando la nueva Virgen idéntica al modelo.
Descendió del trono la antigua española, y orgullosa subió las gradas la
caraqueña, a cuyos pies colocose la tarjeta de plata. Esta Virgen es la que
recibe anualmente en el templo de las Mercedes la visita de los fieles.
La inconstancia fue apoderándose
igualmente de los ricos agricultores de cacao, perdiendo su brillo la rumbosa
fiesta anual dedicada a la Virgen, hasta que imperaron el olvido y el
indiferentismo Entibiose igualmente la ciudad y poco a poco fue olvidándose de
su abogada la Redentora de Cautivos. En esto llega el famoso terremoto de 1812
que echó por tierra aldeas, villas y ciudades y sepultó diez mil víctimas [...];
pero sobre todo el hermoso convento de las Mercedes [...]. En el espacio de
cincuenta años, sobre las ruinas del antiguo templo, se ha levantado uno nuevo.
En el área del convento figuran hoy jardines y la estatua de uno de los hijos
de Marte, mientras que en su nicho de flores está la imagen de la bella y
distinguida Mercedes Iriarte Aresteiguieta de Ponte.
[*] Este parece ser un error en el texto de Rojas. En números romanos, 1766 es MDCCLXVI.
emalaver@gmail.com
Año XIV / N° DXLII /
27 de julio del 2026
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