lunes, 4 de agosto de 2025

Hacer su agosto [DXVIII]

Edgardo Malaver Lárez

 

 

Calle Bolívar con avenida Leandro, Juan Griego, Nueva Esparta

 

 

 

Para Miriam Esther Lárez, la maestra primera,

hoy finalmente en su agosto


 

         Oía mucho a mi mamá decir esta expresión. Cuando sucedía algo que beneficiaba a alguien, la lanzaba como quien pone una foto en la mesa. ¿Veía muchos turistas en las calles de Margarita?, decía: “Los árabes deben estar haciendo su agosto”. ¿Comíamos pescado en casa una tarde?, sonriendo se repetía: “Hoy los gatos van a hacer su agosto”. O sea, no necesité buscar la expresión en el diccionario para entenderla. Me imaginaba siempre que, como en agosto siempre estábamos de vacaciones, entonces los que “hacían su agosto” estarían disfrutando de un período de descanso, de placer o de alegría. No había mes como agosto para disfrutar de la gracia de estar vivo. Y ese era el mejor negocio.

         Pero también he investigado la expresión en el diccionario y en otras fuentes. Y como significa lo que siempre había pensado, lo que era fácil deducir a partir de las palabras de Miriam Esther, queda poco más que decir.

         Hoy, por ejemplo, encontré un artículo de Arturo Montenegro, que habla de la etimología de la expresión. Según él, proviene de un viejo dicho que “guía” a los agricultores respecto a las épocas de cosecha: Agosto y vendimia, no es cada día, y sí cada año; unos con ganancia y otros con daño.

         La imagen de los comerciantes árabes que reciben a muchos turistas en agosto, y por ende, recogen altos ingresos, queda clara: para ellos hacer su agosto es atender a muchos clientes, vender mucho.

         José María Iribarren, autor de El porqué de los refranes, menciona que en otros tiempos se decía más bien “hacer su agosto y su vendimia”, es decir, agosto y septiembre, lo cual ya desplaza la metáfora a terrenos menos monetarios y más intangibles.

         Y no podía faltarnos Cervantes. En La gitanilla, en La ilustre fregona, en Rinconete y Cortadillo, si abrimos los ojos, encontraremos la frase, que, aparentemente, no era infrecuente en el siglo XVII.

         Mi mamá y yo también hacíamos nuestro agosto en esta época del año, cuando yo me liberaba de “mis trabajos y cargas” en Caracas y me deslizaba en el avión de los turistas, con la maleta llena de libros al principio, más tarde llena de juguetes, para pasar agosto y vendimia juntos, como quien tiene una siembra que recoger, un negocio al que volver a sacarle ganancias.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año XIII / N° DXVIII / 4 de agosto del 2025

 

 

 

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