lunes, 17 de febrero de 2020

Las 101 cagadas del español [CCXCI]

Luis Roberts


 
No es un eufemismo: es Barack (foto: AP)


         Quienes me conocen saben que no soy ni amigo ni usuario de las redes sociales, sólo Twitter para informarme y con reservas. Pero me acaba de llegar la noticia comentada de un libro que apareció en 2014 en Espasa, Las 101 cagadas del español, debido a un equipo de periodistas dirigido por María Irazusta y cuyo origen es un hilo que se abrió en Facebook bajo el titulo Reaprender el español. En él se recogen los errores (por no repetir el sustantivo del título) que se vienen cometiendo usualmente en nuestro bello idioma, algunos de los cuales ya cometieron Cervantes, Lope y hasta Delibes y Umbral.
         Sus capítulos tienen títulos tan sugestivos como “Femeninos travestidos”, “Anglicismos a full”, “No te comas la coma” o “La Pacheca por el corral y la Bernarda por...”; sólo ya el título del primer capítulo nos anuncia lo que viene después: “Sin eufemismos: Obama es negro”. En este se lee:

Nuestro lenguaje es un reflejo de la sociedad. Y nos estamos volviendo, con perdón, un poquito tontos. A la gente no se la despide, se la ‘desvincula’. No hay pobres, solo ‘desfavorecidos’. Y claro, no hay negros, solo personas ‘de color’. ¿De qué color? Llegamos al ridículo.

         Que se tomen un poco a guasa la caterva de desmanes en castellano no es óbice para que la RAE haya sido la Biblia que seguir para el rigor de estas lecciones. Aunque también carraspeen ante algunas decisiones de los académicos:

¿Cómo no pueden reconocer el superlativo negrísimo y admitir almóndiga o madalena? Voy a decir una cosa un poco irreverente, sobre la tilde del solo: Yo hago el amor los fines de semana solo [risas]. ¿A que puede significar dos cosas?

         Por cierto que esta almóndiga aceptada por la RAE —¿por qué no aceptar también la mal usada cocreta?— es una de las varias metátesis (cambiar de lugar un sonido dentro de una palabra) como murciégalo (malhechor causante del terrible “corovanirus”), asín o vagamundo, que junto al consejo —¡ojo!, sólo aconseja o recomienda, no obliga— de eliminar la tilde del sólo, no sólo me hace carraspear sino rechazar, respetuosamente, algunas decisiones de la RAE.
         Ya el genial Gabriel García Márquez pidió en un polémico artículo —yo diría que no fue sino una pirueta surrealista de su genio— suprimir la tildes del castellano. Como dice al respecto Ángel Lucas Sucasas: “¿A que no es lo mismo presidió que presidio?”. Aunque para algunos la diferencia puede ser sólo de esperar un poco. Lo que no sé, porque aún no he leído el libro, es si entre los 101 deslices, o des-heces, incluyen los pleonasmos, o redundancias, que tantos usan normalmente, como lleno completo, desenlace final, obsequio gratuito, hace tiempo atrás, sorpresa inesperada, adelantar un anticipo y tantas otras.
         Quien esté libre de haberlas dicho o escrito alguna vez, que tire la primera... lo que sea, pero yo no lo haré. Lo que sí haré en cualquier caso, para ilustrarme y divertirme, es precipitarme a leer el libro.

luisroberts@gmail.com



Año VII / N° CCXCI / 17 de febrero del 2020



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