lunes, 10 de septiembre de 2018

Lenguaje incluyente: ¿para qué? [CCXXV]

Laura Jaramillo


 
Imagen dorada de la diosa Justicia



         Desde hace un tiempo, se viene luchando por incluir el género femenino en todos los textos legales: leyes, reglamentos, jurisprudencias y afines. Pero no solo en esos textos, sino también en textos de uso educativo, pues en colegios y liceos se debe hacer la distinción de género. También sucede en todos los entes gubernamentales.
         Sin embargo, resulta curioso que hay ocasiones en las cuales se manifiesta femenino y no masculino. Pero ¿ustedes alguna vez han visto al género masculino peleando por que se le quite el rabito a la a? Yo no, pero deberían.
         Vamos a darle la vuelta a la arepa.

¿Por qué no hay astronauto?
¿Por qué no hay periodisto?
¿Por qué no hay policío?
¿Por qué no hay futbolisto y beisbolisto?
¿Por qué no hay cucaracho?
¿Por qué no hay hormigo?
¿Por qué no hay araño?
¿Por qué no hay culebro?
¿Por qué no hay rano? Porque la pobre rana necesita un rano, no un sapo.

         Hace como dos años, una estudiante, durante la discusión sobre este tema, por demás polémico, me hizo saber que ella se sentía ofendida cuando, por ejemplo, alguien decía muchachos y no muchachos y muchachas. Por más que intentaba explicarle con bases lingüísticas que no había ningún error en el uso genérico del masculino, y mucho menos una intención de ofender, ella no se movió de su pensamiento.
         Eso me llevó a preguntarme: ¿por qué ahora hay un sentimiento de ofensa, cuando hace 20, 30 o 40 años eso no tenía ninguna relevancia? ¿Por qué ahora cambiamos de pensamiento? ¿Para qué se cambió el discurso? Vale resaltar que la estudiante era una jovenzuela de unos 20 o 21 años. Saquen ustedes la cuenta.
         Casualmente, hace algunos días, otro estudiante me pregunta que qué opino sobre la imperiosa necesidad del lenguaje incluyente, y yo le respondo lo que siempre respondo al respecto: me parece ridículo pelear por una letra cuando lo realmente importante es que la ley se cumpla para todos.
         Cada día vemos cómo hay actos de injusticias, y nos quedamos pensando a quién acudimos por justicia, pues pareciera que la venda de Iustitia la pegaron con ‘pegaloca’, venda que irónicamente representa la fe en el cumplimiento de la ley.
         “La justicia no mira a las personas, sino los hechos”. Entonces, es mejor no olvidar que todos somos iguales ante la ley, y que debemos pelear con el cuchillo de Rambo en la boca para que se cumpla a cabalidad, con o sin ‘rabito’.

laurajaramilloreal@gmail.com



Año VI / N° CCXXV / 10 de septiembre del 2018




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