lunes, 8 de mayo de 2023

Besos entre sol y mar [CDXX]

Mileydi Juárez

 

 

 

María Alejandra Martín como María Eugenia
Alonso en
Ifigenia (1986), de Iván Feo

 

 

Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Y su mirada está limitada por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la Tierra.


Clarice Lispector (1974)

 

         El mundo nos habla del inicio y el fin, la naturaleza en sus incomprensibles instantes de belleza nos susurra: “Eres una gota de agua en el inmenso mar”. ¿Quién le dice al sol: “Apareciste muy temprano o no cumpliste tu labor hoy?”. Nadie, ni aún el comentario más hiriente, puede cambiar su curso. Lo vemos en el ocaso, que etimológicamente se refiere a la caída, el decaer del sol y guarda un íntimo vínculo con la necesaria oscuridad que envuelve y sucede a esta caída. Y así, las vidas humanas siempre distintas como el ocaso diario, son sin embargo menos predecibles y con propósitos siempre buscados; lo escribimos, cantamos, gritamos y silenciamos: ¿qué haré mientras esté aquí?, ¿cómo viviré mientras llega mi ocaso?

         La verdad es que si el astro rey tuviese la libertad de decidir entre nosotros y su tranquilidad de no hacerlo… ¿cambiaría algo? Lo vemos en la literatura y la oportunidad de plantear imposibles, realidades básicas y anhelos, en la hermenéutica, para comprender, reconocer e interpretar; en obras como Ifigenia (1924) de Teresa de la Parra (1889-1936), Don Quijote de la Mancha (1605-1615) de Miguel de Cervantes y en el presente.

         Partiendo de la hermenéutica gadameriana está el primer horizonte en Ifigenia. Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba, con su ambientación de género realista en el siglo XX, apenas unos 100 años atrás; en la vida de María Eugenia Alonso y la alegoría a su sacrificio personal, al entierro de su libertad por una fuerza mayor, que ella misma describe como “deidad terrible y ancestral; dios milenario de siete cabezas que llaman sociedad, familia, honor, religión, moral, deber, convenciones, principios” (De la Parra, 1924, p. 310). En su diálogo personal luchan los anhelos de su alma contra las presiones de su entorno, así como el astro desciende al final de la jornada, ella observa cómo el ocaso la encierra en una prisión, apenas en el florecer de su vida. Ideales confinados a un rol predispuesto.

         A la par, en el siglo XVII, observamos el horizonte de la pastora Marcela en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Con su ambientación de novela realista tipo cínica, la imponente figura de una joven vista como frívola, alza la voz a los señalamientos en su contra. Un discurso que en sí mismo guarda fuerza, pero en el tiempo que es enunciado establece un precedente. Para ella, las opiniones de su belleza no son más que pretextos para recortarla una vez más en los patrones de la mente esclava: “Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso” (Cervantes, 2023, I, 14).

         Ahora bien, acertado es Hans-Georg Gadamer en su ilustración del proceso interpretativo como un “juego”, del cual no somos directores sino participantes: “El que juega se halla más bien arrebatado por una realidad «que le sobrepasa»” (Gadamer citado por Grondin, 2008 p. 75); la fusión de los horizontes entre María Eugenia Alonso y Marcela nos acerca a la humanidad de dos seres de épocas y contextos distintos, con la misma necesidad intrínseca de libertad que supera el entendimiento. Una libertad contemplada desde los inicios del mundo y, en palabras de san Agustín de Hipona, se refieren a “la voluntad del hombre que de modo natural se inclina a buscar los medios para ser feliz” (citado por Alonso García, 2009, p. 194). ¿Acaso esta es no la libertad clamada por estas dos jóvenes?, ¿no es la misma que se defiende en el presente?

         ¿La tradición literaria de los personajes femeninos establece una relación directa entre ellas? El prejuicio interpretativo lleva al lector a comprender la desigualdad entre los personajes como una regla establecida entre líneas. Una María Eugenia o Marcela en el presente seguirían siendo heroínas por valorar su esencia, aunque el ocaso de sus vidas no cumple el deseo de los valientes corazones. Son un reflejo de los autores, en su oportunidad de desarrollar personajes con vestigios de la injusticia humana que ellos han vivido. Las distancias temporales expanden la dimensión de los análisis al dar un paso fuera, como lectores e intérpretes.

         Cada día sin falta ni autorización, el sol culmina su recorrido entregándose al mar con un cálido beso en el horizonte. Los ocasos de cada personaje confirman las verdades del espíritu estudiadas en la hermenéutica; en su identidad almacenan información del pasado, con las experiencias del presente y los interminables hilos del futuro.

 

mile07juarez@gmail.com

 

 

 

Referencias bibliográficas

Alonso García, A. (2009). “Libertad y gracia en san Agustín de Hipona”. En González Ginocchio, D. “Metafísica y libertad”. Cuadernos de Anuario Filosófico 214, 193-200.

Cervantes, M. de (1998). El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Centro Virtual Cervantes. Recuperado el 18 de febrero de 2023, de https://cvc.cervantes.es/literatura /clasicos/quijote/edicion/parte1/cap14/cap14_02.htm.

De la Parra, T. (1982). Obra (Narrativa, ensayos, cartas). Biblioteca Ayacucho.

Grondin J. (2008). ¿Qué es la hermenéutica? Herder.

 

 

 

Año XI / N° CDXX / 8 de mayo del 2023

 

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