Edgardo Malaver Lárez
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| Aunque
tomada casi 60 años antes, esta imagen de El Universal, podría confundirse con una de hace menos de dos meses |
Todas
las familias caraqueñas que conozco cuentan historias del terremoto de 1967 —incluso
la mía, que no lo es—. Un amigo de la universidad me contó que sus padres se
estaban dando su primer beso cuando los interrumpió el terremoto; no pudieron
volver a besarse hasta que se lo indicó el sacerdote en la boda, casi dos años
después. Una empleada de limpieza de una oficina donde yo trabajaba recordaba
que el terremoto la había sorprendido en la ducha, y así salió hasta la sala de
su casa; más tarde se vio en la calle envuelta apenas por el mantel de su mesa
de comedor. Un hermano de mi abuela estaba viendo “El Dorado”, la película de John
Wayne, en un cine de la avenida Urdaneta. “Yo era tan bajito”, narraba cada mes
de julio, “que decidí esperar que salieran todos, no me fueran a aplastar en la
carrera”.
El
detalle curioso de aquel 29 de julio—quizá frívolo, considerando que fue una
tragedia— es que cuatro días antes se había celebrado el cuarto centenario de la
fundación de Caracas, aunque los eventos conmemorativos no se detenían en esa
fecha. La orgullosa Caracas estaba preparada para pasar de fiesta todo 1967. Y la
naturaleza, otra vez, quiso darle una lección. El último sábado del mes terminó
en catástrofe, y para muchos fue momento de comenzar todo otra vez.
Esta
semana, vamos a dar la palabra al periodista Guillermo José Schael (1919-89),
en aquel momento reportero del diario El Universal, para que nos cuente lo
que él mismo bautizó “el terremoto cuatricentenario”, y así tituló su obra. Leamos
fragmentos de la introducción del libro, publicado en 1972 y subtitulado Lo
que ocurrió en la noche del 29 de octubre de 1967:
Las esferas
del reloj de la Catedra se partieron a las 8 y 2 minutos de la noche del 29 de
julio de 1967 —año cuatricentenario de la ciudad—. El movimiento sísmico, que
duró 35 segundos, seguido de otro de menor duración e intensidad, fue el más
violento ocurrido en Caracas después del terremoto de la madrugada del 29 de
octubre de 1900. Acusó un saldo trágico de cerca de 400 víctimas y causó daños materiales
de consideración. Por ser fin de semana, numerosos vecinos se hallaban aquella
trágica noche en los cines, restaurantes o simplemente asistían a reuniones
familiares. Otros habían viajado al vecino litoral donde el mismo sismo causó
estragos por su mayor proximidad al epicentro localizado por el Observatorio
Cagigal en el mar, a 12 kilómetros de la costa. Su director, el capitán Ramiro
Pérez Luciani, y el jefe del Departamento de Sismología, Dr. Gunther Fiedler,
revelaron aquella misma noche a los periodistas que la violencia de la onda
había roto los flejes de sujeción de las agujas pendulares, dejando al sismógrafo
sin registros.
La
localización del epicentro fue confirmada al día siguiente cuando la
Comandancia General de la Marina informó que uno de los submarinos de la Armada
que navegaba en la latitud norte 10,39 y oeste 66,5 a la hora de producirse el suceso,
observó un repentino descenso de la sonda a cien brazas. La opinión oficial fue
la de que el terremoto tuvo lugar en el mismo foco que habría dado origen al
desastroso ocurrido el 26 de marzo de 1812. Al responder las preguntas formuladas
por los periodistas que cubríamos la información, el capitán Pérez Luciani
reveló que el Observatorio había recibido cerca de dos mil llamadas desde el 1º
de enero al 25 de julio casi todas procedentes de la zona este de la ciudad y
de personas que dijeron haber sentido leves temblores. Dichos movimientos de
escasa intensidad, aunque registrados en la cinta del sismógrafo, fueron
imperceptibles en otras zonas de Caracas, excepto los del 17 y 21 de junio que
alcanzaron una magnitud de 1 y ½ y 1 y ¼ de la escala de Richter. Originalmente
el epicentro se atribuyó a la región de los Humocaros, en el estado Lara, pero
estudios posteriores indicaron que esta localización no era correcta [...].
Más
adelante, después de algunas explicaciones científicas sobre los movimientos sísmicos, Schael explica que,
según Fiedler, el de 1967 ha sido “de los más espantosos terremotos observados durante
su historia [la de Caracas]”; además, estuvo “acompañado de un fuerte
rugido que duró unos 42 segundos, murieron más de 300 personas entre Caracas y el
Litoral guaireño bajo montones de escombros de edificios”.
Caracas tiene alrededor
de 6.000 edificios con más de cuatro pisos y unos 1.000 que pasan de 10 pisos.
De los edificios altos, 180 fueron deteriorados gravemente, incluyendo 40 con
daños estructurales, no habitables. Además, un número considerable de casas de
una o dos plantas resultaron muy dañadas en Caracas, Litoral, Los Teques,
Carayaca, Guarenas, Guatire y alrededores.
Cuatro
edificios en el este de Caracas (Los Palos Grandes y Altamira) cayeron por
completo, dejando un montón de escombros de pocos metros de altura —San José y Neverí,
de 10 pisos, y Palace Corvin y Mijagual, de 11 pisos—. Parcialmente, dice Fiedler,
cayó la Mansión Charaima. [...]
Según
Schael, a muchos llamó la atención el hecho de que en la noche del terremoto
nunca se interrumpió el servicio de energía eléctrica. La explicación en este
caso fue ofrecida por el ingeniero Asdrúbal Fuenmayor, del Departamento de
Carga de la empresa La Electricidad de Caracas: hubo tres razones: el diseño del
sistema del servicio, los procedimientos aplicados y la inmediata reacción de
los empleados que estaban a cargo. Los equipos que se utilizaban en aquella
época, aunque pudieran quedar desactivados por un movimiento de tierra, podían
ser “fácilmente reconectados mediante telemandos o control remoto instalados
con sentido previsivo”.
Dos
cosas impresionan en el libro de Schael: que ofrece gran cantidad de
fotos del acontecimiento y una rigurosa lista de los nombres y otros detalles
de las víctimas.
Casi al
final de la obra, también, el autor pone una breve nota sobre una peculiar coincidencia:
[El doctor
Fiedler] anotaba como circunstancia curiosa el hecho de que los grandes sismos
que han afectado a la ciudad de Caracas se han producido generalmente después
del 20 de cada mes y en luna menguante. Consultada la retrospectiva Centeno
Grau, podemos citar, como ejemplo, el terremoto de Santa Úrsula, ocurrido el 21
de septiembre de 1766; el del Jueves Santo 26 de marzo de 1812, luego el del 29
de octubre de 1900, y finalmente este [...] del 29 de julio de 1967. Únicamente
el terremoto de San Bernabé, que sorprendió a Caracas la mañana del 11 de junio
de 1641 se presenta como una excepción. El último sismo registrado oficialmente
en Caracas data del 24 de julio de 1972, día onomástico del Libertador, poco
antes de las 7:00 a.m.
Otra
coincidencia notable parece ser la de ocurrir durante fiestas, sean patrias o
religiosas, en las que los venezolanos acostumbran desinhibir su incansable espíritu
parrandero y bullicioso.
emalaver@gmail.com
Año XIV / N° DXLV /
17 de agosto del 2026
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