lunes, 6 de noviembre de 2017

Una pregunta vieja [CLXXVIII]

Edgardo Malaver



El Arco del Triunfo bajo la nieve (1940), 
fotografía de Robert Doisneau 


 
         Vamos a responder una vieja pregunta: ¿cómo se dice, profe: neva o nieva, forza o fuerza? No es difícil responder, en realidad, y en los más de los casos, ni siquiera hace mucha falta consultar diccionarios o libros de gramática. Quizá lo principal que habría que tener presente es que ambos verbos son irregulares. A los regulares no se les ocurre sembrar esas dudas en los hablantes.
         Cuando usted se encuentra con esta disyuntiva, no tiene más que pensar en otro verbo que sepa conjugar con certeza y cuya estructura vocálica —se me ocurre llamarla así— sea igual a la del verbo con el que tiene la duda. Por ejemplo, si usted no se decide acerca de si decir Me fuerzas a buscar otra opción o Me forzas a buscar otra opción, piense en el verbo soñar. Es la misma estructura vocálica, o-a, que en algunas formas se convierte en ue-a (o ue-o), y nadie duda de cómo se conjuga soñar: yo sueño, tú sueñas, él sueña, nosotros soñamos, ustedes sueñan, ellos sueñan. Así que, con confianza, diga Me fuerzas a buscar otra opción.
         En el caso de nevar, ¿deberíamos decir En París nieva cada cien años o En París neva cada cien años? Hay que pensar, como en el caso anterior, en un verbo similar que sepamos conjugar. Nevar tiene la misma estructura vocálica que regar, por ejemplo, es decir, e-a (que deriva en ie-a o ie-o), de modo que si decimos yo riego, tú riegas, él riega, nosotros regamos, ustedes riegan, ellos riegan, entonces habría que conjugar también así el verbo nevar. Habría que hacerlo si nevar fuera un verbo irregular corriente. Es defectivo y, por eso, no se conjuga más que en tercera persona del singular; es decir, habría que decir En París nieva cada cien años.
         Sí hay que tener el cuidado de no elegir un verbo regular como modelo. Podar y entrar, por ejemplo, no nos van a servir porque sus estructuras vocálicas no varían en la conjugación. La duda sencillamente no aparece. Tampoco funcionarán doblar, donar, dorar, dotar, orar, osar, robar, sobar, soplar, votar. En el otro grupo, no se adaptan a esta “regla” los verbos alegrar, besar, cesar, dejar, inventar, legar, mermar, quedar, velar, vetar.
         Si usted aún se siente inseguro, puede hacer este ejercicio: conjugue (y, mejor aún, construya oraciones, al menos, en tercera persona del singular con) los verbos acordar, colar, contar, esforzar, holgar, poblar, rodar, rogar, volar. Y, para que no vuelva a dudar, incluya entre ellos amolar. En el otro grupo, puede utilizar éstos: acertar, apretar, cegar, helar, mentar, segar, sembrar, sentar, tentar. Y, por si no le ha sonado curiosa su conjugación, inténtelo también con fregar.
         Por último, otro ejercicio muy útil —pero antes de hacerlo puede ser bueno recurrir al diccionario— es conjugar y emplear en oraciones el verbo amueblar... ¿o es amoblar?

emalaver@gmail.com




Año V / N° CLXXVIII / 6 de noviembre del 2017




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