Edgardo Malaver Lárez

Eladio
Lárez y Pelé. ¿Usted quiere ser rico...
o sólo millonario?
Por un millón de dolitas,
¿qué quiere decir millonario? Opción A: el que tiene un millón de cosas;
opción B: el que sabe escribir la palabra millón; opción C: el que se ha
ganado la lotería; opción D: el que va a Nueva York a lavar platos y dice aquí
que allá era platero. A veces el popular programa de concursos ¿Quién quiere
ser millonario?, que en Venezuela era conducido por Eladio Lárez, hacía
estas mezclas desquiciadas de opciones, entre las cuales era difícil decidirse.
A veces yo no sabía si reírme o molestarme.
La velocidad a la que se
deterioraba el bolívar —y quién sabe si hubo otras razones— causó que el
programa perdiera sentido. Ya no se podía ser millonario al responder las...
20, 25, 30 preguntas, no sé cuántas eran. O faltaban o sobraban cifras en los
montos que se ofrecían. No importa. Lo que importa es que no se podía ser
millonario de esa manera, ni siquiera en agosto del 2000, cuando comenzó a
transmitirse en Venezuela. Y no se podía porque ¿qué quiere decir millonario?
¿Por qué, a pesar de ser, en forma y en contenido, más impresionante que otras
más sencillas, no es tan poderosa?
Existe un criterio —habrá
sido definido por científicos de la economía, presumo yo— para decidir si una
persona es millonaria o no. No consiste, así sin más, en poseer mucho, mucho,
mucho dinero. Y en el lenguaje figurado, quizá sea el popular Alí Primera el único
que haya logrado crear una metáfora convincente, irónicamente, sobre la pobreza:
Niños color de mi tierra
con sus mismas cicatrices,
millonarios de lombrices.
Y por eso, qué tristeza
viven los niños
en las casas de cartón.
Parafraseando, pero con fidelidad, la definición dice así:
persona cuyo patrimonio neto (es decir, la diferencia entre sus activos y
sus pasivos) es igual o superior a un millón de unidades monetarias (comúnmente
dólares o euros), representado en dinero líquido y, también, en el monto total
de sus bienes (propiedades, inversiones, etc.).
Muchos de nosotros tenemos
claro, antes de despejar la ecuación, que nuestro resultado quedará por debajo
de cero. Y a muchos otros, las sumas y restas, las multiplicaciones y
divisiones les dará más de un millón, pero como la unidad de medida no es el
dólar ni el euro —podía ser también la libra esterlina—, sigue siendo uno de
nosotros, los humildes.
Quién sabe si quede otra
opción que sumarse al deseo de otro cantante popular, Roberto Carlos, y reunir
un millón de amigos, sin que se los debamos a nadie, sin que hayamos firmado
hipoteca sobre ellos (que equivaldría como a venderlos, ¿verdad?), sin que se
los dejemos en prenda a usurero alguno. Tres o cuatro amigos líquidos y sin
gravamen, contantes y sonantes, limpios, recién salidos del cuño. Tres o
cuatro, porque, como dice Rafael Tomás Caldera, “tiene más quien necesita
menos”.
Preguntémonos, en suma, si
millonario, siendo un término, en apariencia, perteneciente a la ciencia
económica, es o puede ser buen sinónimo, es decir, buen sustituto semántico de rico,
por ejemplo, que es la palabra más sencilla con que podemos llamar la posesión
de muchos bienes. Claro que sí, en el lenguaje cotidiano lo es, y el
diccionario pone casi el mismo grupo de palabras como sinónimos del uno y del otro.
Los sinónimos de millonario son multimillonario, rico, millonetis,
adinerado, acaudalado, pudiente, opulento, potentado,
capitalista, amillonado, bacán. Los de rico son adinerado,
acaudalado, pudiente, opulento, millonario, capitalista,
próspero, potentado, creso, platudo, fondeado,
bacán, valioso. Pobre aparece como el único antónimo de
los dos.
Sin embargo, imagínese usted
estos versos de Calderón de la Barca sustituyendo rico por millonario:
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza.
O el salmo en que David describe a Dios como “clemente y misericordioso,
lento a la ira y rico en piedad”; o aquel monólogo de Doña Beatriz de Silva
en que Tirso canta:
¡Oh premio rico, que a perder provoca
el seso del dichoso que te alcanza!
Pues si enloquece una desconfianza,
también el gozo vuelve un alma loca.
Y, para que en serio nos preguntemos en serio si es literal o
metafórico, aquí tenemos a Agustina Andrade:
¡Si eso es triunfar, la gloria es el martirio,
la gloria es la embriaguez!
¡Vale más la sonrisa de mi madre
que el más rico laurel!
¿Que qué quiere decir millonario?
Que tiene plata, pero que si es rico... Que tiene muchos bienes, muchos activos
y pocos pasivos, muchas inversiones y pocas deudas, pero que si es rico, que yo
no sé cómo es... Y como pobre parece más rico por sí solo, ser
millonario debe significar otra cosa.
emalaver@gmail.com
Año XIII / N° DXXXII / 12 de enero del
2026
Ligeia,
Annabel y otras mujeres de Poe
Antiguo manuscrito revela origen extraterrestre de la palabra ‘arepa’
Simón
Rodríguez, el traductor visible




