Edgardo Malaver Lárez
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| Raskolnikov y su casera... otra palabra que va y viene |
¿Qué
edad tenía usted cuando se dio cuenta de que alquilar y alquilar
significan acciones diferentes e incluso contrarias? Sí, sí, alquilar y alquilar,
es decir, ‘ceder temporalmente y bajo ciertas condiciones una propiedad a
alguien a cambio de dinero’ y ‘usar esa propiedad por el pago de una cantidad
de dinero cada cierto tiempo’. Yo te alquilo la casa y tú me alquilas la casa.
El propietario y el inquilino ejercen acciones diferente, incluso contrarias,
pero las dos se llaman por el mismo nombre. ¿Se habrá quedado así esta
situación —cuando sea que haya aparecido, así, bajo la forma de coincidencia,
que no de sinónimo— debido a que, cuando la dichosa palabra saltó del árabe al
español, contenía, implicaba, dejaba claro que se trataba de un mismo acto,
de un mismo monto de dinero, de una misma transacción? En latín, por el contrario,
un contrato para tal intercambio se llamaba de locatio-conductio, que
firmaban, correspondientemente, el locador y el locatario. ¿Demasiada
diferencia? Quién sabe. Lo que sí coincidía era el nombre alquilé, es
decir, la cantidad que tenía que cambiar de manos, que en ambos lados de la
transacción se llamaba igual, aunque en este caso no se confundía ni se confunde
nadie. El sistema árabe parece haber satisfecho más a los hablantes del romance
castellano de aquel momento.
Pasa lo mismo, ya usted sabe, con el
sustantivo huésped, ‘el que se alberga, se hospeda, en un lugar’
y ‘el que lo recibe, lo hospeda’. Aunque no siempre hay transacción financiera
en este caso, ¿será, como en el anterior, meramente cuestión de dinero?
emalaver@gmail.com
Año XII / N° CDLXXIII / 12 de agosto del 2024
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