martes, 16 de septiembre de 2014

Naguará de hipótesis [XXII]

Edgardo Malaver



         Leyendo, como a los 13 años, El hombre que calculaba (1938), de Malba Tahan, conocí la palabra guarismo, que me sonó desde el principio tan informal, tan misteriosamente llana y cotidiana, que no lograba incluirla en el conjunto de lo numérico. Un guarismo es una cifra, un número, y Beremís Samir, el protagonista, los utilizaba como si él hubiera inventado la matemática. La palabra proviene del árabe, lengua en que esta ciencia ha experimentado innumerables e inmensos avances durante toda la historia, es decir, ninguna palabra más justa para Beremís, que habla poco en la novela, pero cuando habla los sabios callan para escuchar.
         Sólo ahora se me ocurre utilizar la palabra guarismo para nombrar toda manifestación lingüística propia de los nativos y habitantes del estado Lara, a quienes en toda Venezuela llaman guaros. Existen guarismos muy expresivos que todos hemos oído: ah, mundo —“¡Ah, mundo, Barquisimeto!, / dijo un barquisimetano...”—, vacié —¿o bacié?—... y naguará.
         ¿Naguará? ¿No hay algo extraño, curioso, intrigante, en esa palabra?
         Tengo la hipótesis —en este artículo de hoy casi todo es hipótesis— de que en aquellos días de los que hablo esta expresión no estaba tan extendida como ahora por toda Venezuela. Entonces era una forma de reconocer a los larenses; ahora lo utilizan hasta los inmigrantes chinos. Y en esa diseminación por todo el territorio, ha ido perdiendo sonidos. Todavía oye uno de vez en cuando: “Una guará”, que es, en mi hipótesis, la forma de la expresión, el estadio de su evolución que, por alguna razón, comenzó a repetir en algún momento toda Venezuela; pero esa u se perdió —o se ha ido perdiendo— tal como, en contexto informal y oral, se pierden sílabas iniciales en expresiones como natanseria en lugar de qué vaina tan seria, o Ña Juana en lugar de doña Juana.
         Mi hipótesis más osada, sin embargo, es que antes de derivar en una guará, la conocida expresión debe haber sido una guarada, es decir, algo típico, característico, propio de los guaros, de los larenses. (Sucede, curiosamente, que es ahora al final de la palabra donde se produce la frecuente elisión de una sílaba.) Es el mismo tipo de construcción que aparece cuando, bromeando con los amigos, decimos, verbi gratia, que este o aquel acto, esta o aquella conducta es una marcelada, es decir, un acto o conducta propia de Marcela. Hasta hay quien, en este contexto, diría que todo aquello que hace Pedro es una pedrada. Quien dice entonces: “Naguará de hipótesis”, por ejemplo (aunque esta formulación no parece muy larense), además de expresar sorpresa, está diciendo, más o menos: ‘Esa hipótesis es una guarada, es como si fuera la hipótesis de un guaro’.
         Naguará, que ahora dudo de escribir como una sola palabra, es pues un “guarismo”, y como aporte regional al acervo del conjunto de la lengua, enriquece, en número y en belleza, la que se habla en Venezuela. Su uso cotidiano y la reflexión consciente sobre su significación es para los venezolanos una ocasión más para saborear, como saboreaba Beremís Samir la delicia de los números y sus relaciones, la dulzura de las palabras en las que nos movemos y existimos.

emalaver@gmail.com



Año II / Nº XXII / 15 de septiembre del 2014



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