lunes, 23 de mayo de 2016

Hablando de los números y sus metáforas [CIX]

Laura Jaramillo



En tiempos idos, las retretas eran una constante en la plaza
Bolívar de Caracas (foto: C.E. Misle, 1964)



         Recuerdo que hace algunos años en la fiesta de graduación de mi prima, como de costumbre, a la mitad del bonche, y pa seguir con el bochinche, llegó un grupo musical bastante agradable en su son. Como lo normal, todos salimos a echar un pie. Era un son de antaño, como de los años 50. Cuando me dicen su nombre, me sonaba como a retrete, pero no, era retreta.
         Luego, con el tiempo, me reencontré con la palabra, lástima que no fue con el grupo, pero con un significado bastante singular, al menos no la había escuchado antes: en el banco había una retreta e gente. Cuando pregunto qué es eso, me dicen: chacha, que el banco estaba cundío e gente. Ahí sí me cayó la locha, porque cundío sí la conozco sobradamente, pues acostumbro decir, cuando me preguntan cómo estaba el metro, que estaba cundío o hasta los tequeteques.
         Según el DRAE, retreta proviene del francés retraite y tiene las siguientes definiciones:

1. f. Toque militar que se usa para ordenar retirada o para que la tropa se recoja por la noche en el cuartel. 2. f. Fiesta nocturna en la que las tropas de diferentes armas recorrían las calles con faroles, antorchas, músicas y a veces carrozas con atributos varios. 3. f. C. Rica y Cuba. Función musical nocturna al aire libre, generalmente en parques y paseos. 4. f. Ven. Concierto que ofrece en las plazas públicas una banda militar o de cualquier otra institución.

         La idea principal de retreta es de multitud, de cantidad de algo en un lugar. Pero no es solamente retreta; rememorando el artículo del colega, hay autopistas de hombres, vergajazo de gente, mierdero de muebles (estas dos últimas tienen un aroma a Oriente y un gusto en su pronunciación), coñazo de cervezas, retahíla de frases, sarta de mentiras y ristra de groserías.
         Además de las mencionadas por el profe, también tenemos parranda: el examen tenía una parranda de preguntas; sarapanda: el mercado estaba rodeado de una sarapanda de bachaqueros. O el cardumen de gente. Cuando vemos a alguien bastante entraíto en años, decimos que tiene una pila de años encima. Recuerdo también a la mamá de una amiga decir que aquí hay chinos como arroz picao.
         En fin, tiene razón el profe Malaver, los usuarios de la lengua tienen la capacidad infinita de crear metáforas, en este caso numéricas, las cuales son supremamente geniales y asombrosas.

laurajaramilloreal@yahoo.com






Año IV / N° CIX / 23 de mayo del 2016

lunes, 16 de mayo de 2016

El clímax del tórax de Pólux [CVIII]

Edgardo Malaver


La caza del unicornio (1596), de Jan van der Straet (1523-1605)



         ¿Cuántas palabras terminan con equis en español? Las 65 que pongo a continuación son apenas las que he logrado encontrar en el diccionario:

almoradux, anticlímax, ántrax, ápex, ax, bórax, box, burofax, carcax, cefalotórax, cérvix, clímax, cóccix, códex, córtex, coxcox, decitex, dix, dúplex, dux, escólex, ex, fax, Félix, fénix, flux, fórnix, gambax, gambox, gambux, hápax, hélix, hemotórax, hidrotórax, índex, kilotex, látex, lux, mesotórax, metatórax, moradux, nártex, neumotórax, ónix, opopánax, ox, patax, pólex, Pólux, protórax, réflex, relax, saxafrax, sílex, sioux, támpax, telefax, télex, tex, tórax, tríplex, trox, túrmix, unisex, x.

No nos damos mucha cuenta, pero algunas de ellas son de lo más frecuentes.
         El dato que parece inverosímil —muchos de mis alumnos creerían antes en la existencia de los unicornios— es que esa equis a menudo equivale a una zeta. Cuando me encuentro ante esta falta de fe, mi catecismo siempre es la evidencia que ofrecen las palabras mismas, por lo menos su ortografía y etimología. ¿No está más bien claro que la palabra corteza deriva de cortex, que luz proviene de lux, que feliz desciende de felix?
         También se observa el fenómeno en palabras tan conocidas como cervical, descendiente de cérvix; torácico y su parentesco con tórax; índice, que es familia de índex. Y hay un grupo, menos popular pero muy coherente: ápice, de ápex; códice, de códex; hélice, de hélix. Llegados a este punto, nacen las dudas. ¿Cómo que equis es equivalente a zeta, si lo que aparece es una ce?, preguntan muchos. ¿Y acaso no es toda ce, en realidad, una zeta seguida de e o de i? La propia palabra zeta puede, y debería, escribirse ceta.
         Otra evidencia relativamente confiable es que el plural de muchas de ellas se construye como el de las que terminan con zeta: con ce. Los ejemplos fáciles de reconocer en la lista son tóraces, fluces, felices. A pesar de esto, en realidad, es un grupo muy poco uniforme. La palabra tez, por ejemplo, no se relaciona, como podría pensarse, con tex, que pertenece al ámbito textil (al textual no).
         Aunque sea, etimológicamente, un grupo muy heterogéneo, puede observarse también que en algunos casos, además de la palabra terminada en equis, existen en español formas quizá más contemporáneas de esas mismas palabras, que se escriben con jota. Son los casos de cárcax, que proviene del árabe y también se escribe carcaj; dix, forma castellana antigua de la actual dije; flux, del francés, que ha derivado en flujo; réflex, perteneciente al campo de la fotografía en inglés y que guarda relación con reflejo; relax, también del inglés, y antes del latín, que equivale a relajamiento.
         Como no puede faltar, el grupo incluye un miembro con talento para la comedia, al menos la de tipo stand-up: ex, un prefijo de origen latino que la economía de la lengua ha convertido en sustantivo (aquel que ha dejado de ser cónyuge de alguien). Si lo pluralizáramos como si terminara con zeta, casi todos olerían mal. ¿Qué diría Asterix?

emalaver@gmail.com





Año IV / N° CVIII / 16 de mayo del 2016

lunes, 9 de mayo de 2016

¡Qué sexy eres! [CVII]

Isabel Matos



“Una mezcla de Aure, Marce y Luisa”, respondió 
uno de los encuestados. Aquí, de derecha a izquierda


         La percepción, proyección y permanencia de la palabra sexy tiene tantas variantes como individuos en esta encuesta. Porque esto empezó como una pregunta dentro de un círculo bien íntimo de amigas. Y luego, movida por una mezcla de curiosidad y descaro, tal vez en partes iguales, empecé a preguntarles a mis amigos qué consideraban ellos ser sexy. Al principio trataban de evadir el tema, decían cosas como “Es difícil de definir”, “Es subjetivo”, “No lo había pensado”, etc. Luego de algunas palabras de aliento cada quien empezaba a dar su definición. Pero empecemos por una que a mi parecer se quedó corta, la básica, la del diccionario: el DRAE nos dice que es un adjetivo y sustantivo que se refiere al “atractivo físico y sexual”. Físico y sexual, es importante recordar esto, puede que nos lleve a otro rito.
         Las respuestas fueron tan coloridas, variopintas y creativas que merecen estar todas en este artículo. Pero, antes de presentar los hermosos resultados de esta investigación de campo permítanme reseñarles, de manera sucinta, parte del análisis:

·        Existen puntos en común entre las respuestas, pareciera que la mayoría está de acuerdo en que hay una combinación específica de actitud y atractivo físico que hace de alguien una persona sexy.
·        Casi todos dijeron que es un tema muy subjetivo, que lo que le parece atractivo a una persona puede desagradarle a otra. Así que los ingredientes de la receta son dos, lo suficientemente generales para abarcar todos los aspectos que alguien puede considerar sexy: cuerpo y mente.
·        Tener buen cuerpo, no es ser sexy. Hay personas que están en buena forma y no transmiten nada o, en las palabras exactas del encuestado, “son un huevo sin sal”.
·        Ser hermosa, guapo, linda o lindo y cuchi NO equivalen a ser sexy. En este punto de la conversación los encuestados se debatían para ver quién era más sexy: Mariángel Ruiz, Chayanne o Ricky Martin. Al final ganó Charlize Theron.

         Son muchas las conclusiones que podemos sacar con estas definiciones y para su deleite, amigo lector, aquí están algunos de los fragmentos más curiosos y divertidos de lo que cada quien respondió a la pregunta ¿Qué es ser sexy?:

“Es algo que se proyecta”; “Despertar los bajos instintos”; “Puede ser feíto pero con encanto”; “Que baile buenísimo”; “Ese no sé qué”; “También puedes ponerte sexy”; “Puede ir de la mano con estar bueno”; “Se refleja en cómo se quieren ver [las mujeres], pero no las define”; “Una mezcla de Aure, Marce y Luisa”; “El je ne sais quoi que te da cosquillas en el... estómago”; “Sentirse poderosa y bella”; “El calor es sexy”; “Sentirse bien, con un toque hedonista”; “Es seducción e inteligencia a través de la actitud y confianza”; “Es confianza, inteligencia y felicidad”; “No darse mucha bomba, darse su lugar”; “Me siento sexy cuando alguien me mira como a un helado de chocolate”; “Tiene que ser de ambas partes, del que es sexy y del que observa”; “Es pintarse la boca de rojo”.

         De esta tela hay mucho que cortar, pero ya será para otro Rito de Ilación. Y sí: tú eres sexy.


isabelmercedes@gmail.com





Año IV / N° CVII / 9 de mayo del 2016

lunes, 2 de mayo de 2016

Celebrando el español (II) [CVI]

Luisa Teresa Arenas Salas


Edición de Madrid Cómico dedicada 
a Melitón González




         Como les decía en la conclusión del rito anterior, una vez leído el poema “El idioma castellano”, espero que hayan captado su fino humor asociado a temas lingüísticos y que hayan reflexionado con base en las interrogantes propuestas para compartir así sus reflexiones con las mías.
         Primero, una aclaración (nobleza obliga): Rafael Escandón en su obra Curiosidades del idioma, de donde tomé el texto, no identificó al autor, lo que me llevó a inferir que el poema era anónimo. Sin embargo, nuestro curioso Edgardo Malaver encontró a su autor, Pablo Parellada y Molas (1855-1944), lo que ratifiqué en un blog denominado Palabras de Poeta. El álbum de poemas de Lemoniestar. Gracias a esto, yo rectifico y todos descubrimos al comediógrafo, humorista, periodista y dibujante español que utilizaba los seudónimos “Melitón González” y “Pancho Mendrugo” en sus obras.
         Ahora, la reflexión, en la que desharé las costuras al poema. ¿Es quijotesco?, me pregunté, y mi respuesta es afirmativa. El poema es quijotesco por su sabiduría lógica, pero (siempre hay un pero) la lengua no es lógica; es arbitraria, tal como la caracteriza Ferdinand de Saussure en su teoría del signo lingüístico. El poema especula sobre las regularidades e irregularidades propias de las lenguas naturales y, específicamente, de la hoy (23 de abril) mundialmente celebrada lengua española. El autor pretende arreglar sus irregularidades, propias de los niveles de análisis lingüístico, como por ejemplo la variedad de género (morfema gramatical) de los sustantivos y adjetivos regulares en español: “la hembra del cazo es caza / la de velo es una vela / la del correo / correa...”. ¿Qué diría el soberano al respecto? ¿Soberano profano? ¿Soberano experto?
         Es el usuario quien, con toda la majestad que le da la facultad natural del lenguaje, crea lengua; quien, sin pensarlo siquiera, establece la norma de uso de las palabras; quien, involuntariamente, produce los cambios y, a la vez, mantiene conservadoramente usos tradicionales. Los hablantes de una lengua crean voces nuevas (neologismos) poniendo en práctica los procesos de creación que establece el sistema (competencia morfológica), así como añadiendo nuevos significados a palabras ya existentes (competencia semántica). Ejemplo del primer caso son los padres que crean nuevos nombres para sus hijos a partir de sus propios nombres de pila. De Eduardo e Ível, unos amigos bautizaron a su hijo Edvel, aplicando procesos lingüísticos denominados composición por acortamiento (Ed-uardo) y aféresis (Í-vel), es decir, usaron mecanismos morfofonológicos de manera inconsciente. El segundo caso es la creación semántica por extensión metafórica, como ocurre en el mundo político venezolano actual: oligarca (cualquier indigente en este país puede considerarse oligarca), escuálido (no se necesita ser flaco, macilento para definirse como escuálido).
         Claro, después que el uso constante de una voz se impone, la Academia más la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) decreta, mediante investigación, su uso general en el español. La Real Academia Española, fundada en 1713, empezó con el lema criticado por Parellada en el poema: “cual la Academia Española / ‘limpia, fija y da esplendor’”, y hoy en día, como ASALE, lucha por la unidad del español.
         Pues bien, el poema trata de algunas dificultades lingüísticas en el español, a partir de una andanada de ejemplos, para luego concluir con estos versos: “Ya basta para quedar / convencido el más profano, / que el idioma castellano / tiene mucho que arreglar”. Pero no se trata de arreglar sino de comprender, a través de la observación y el estudio del sistema lingüístico español, las irregularidades a las que se refiere el autor ufanándose al decir: “pero yo lo hago mejor / y no son ganas de hablar / pues les voy a demostrar / que es preciso meter mano / al idioma castellano / donde hay mucho que arreglar”.
         Y “el meter mano” viene asido a la ciencia lingüística para justificar la impertinencia de esas soluciones implícitas en los ejemplos a lo largo del poema, sobre lo cual disertaremos en una próxima entrega. ¿Qué aspectos podemos tratar? El género en castellano y su diferencia con el sexo (nivel gramatical), el acento y fenómenos semánticos (nivel fonosemántico), la homonimia y la paronimia (fenómenos morfofonosemánticos), “la sílaba on” (¿sílaba?) para la formación de aumentativos: Ramón, *ramo grande; ratón, *un gran rato (morfología).
         Nuevamente, invito a los lectores de Ritos de Ilación a pensar y enviar sus reflexiones para confrontar nuestras ideas en la próxima entrega.

23 de abril de 2016

Continuará...

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Año IV / N° CVI / 2 de mayo del 2016

lunes, 25 de abril de 2016

Un inca y una caraqueña [CV]

Edgardo Malaver Lárez


La actriz Maribel Alarcón personifica a Isabel Chimpu Ocllo en La princesa inca,
de Lola Artancho (Foto: J. Soriano)



         Los que hemos estado trabajando durante este mes de abril para sumarnos honrosamente al Día Mundial del Libro y del Idioma quizá estemos siendo injustos con el Inca Garcilaso de la Vega y con otros escritores, aun autores importantes para nosotros mismos. Dedicar el día de hoy, 23, a Miguel de Cervantes y a William Shakespeare, que murieron en esta fecha pero en 1616, puede ser un homenaje justo —puede serlo y ciertamente lo es— para dos personalidades literarias de las cuales puede afirmarse sin temor a exagerar que quizá no tengan nunca comparación en sus lenguas ni en las otras. Sin embargo, a poco de ponerse uno a examinar quién más ha estado relacionado con esta efemérides, descubre nombres que nos sorprenden y nos emocionan.
         En primer lugar, la propia Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que en 1995 escogió el 23 de abril para conmemorar la muerte del Manco de Lepanto y del Bardo de Stratford, no ignora nunca al Inca. Es el único americano del grupo y es el que nosotros no nombramos.
         El Inca Garcilaso nació en 1539, también en abril, ocho años antes que Cervantes y 25 antes que Shakespeare, de la unión de un conquistador español y una princesa inca, Sebastián de la Vega e Isabel Chimpu Ocllo. Recibió, a pesar de ser hijo ilegítimo, una educación de primera junto a los hijos bastardos de Francisco Pizarro (1478-1541), de quien era cercano colaborador De la Vega padre. En 1560, llegó a España y se hizo militar, pero su condición de mestizo representó siempre un obstáculo. Luego respiró la atmósfera humanística europea y terminó traduciendo del italiano la obra Diálogos de amor, de León Hebreo (1464-1523). Como historiador, escribió dos obras importantes: Historia de la Florida y jornada que a ella hizo el gobernador Hernando de Soto, publicada en Portugal en 1605, y Comentarios reales, cuya primera parte apareció también en Portugal en 1609 y la segunda un año después de su muerte. Ambas combinan historia y autobiografía, datos reales y defensa de su linaje incaico, geografía y literatura.
         Un punto harto atractivo de su obra es su visión de las lenguas habladas en ambos imperios. Dice, por ejemplo, en los Comentarios —o al menos comenta que así lo hace el Padre Blas Valera (1545-97)— que siendo la lengua castellana tan compleja, sería más inteligente que los españoles aprendieran la indígena en lugar de obligar a los indios a aprender el castellano. “Y, por el contrario”, agrega, no sin su pizca de ironía, “si los españoles, que son de ingenio muy agudo y muy sabios en ciencia, no pueden, como ellos dicen, aprender la lengua general del Cuzco, ¿cómo se podrá hacer que los indios, no cultivados ni enseñados en letra, aprendan la lengua castellana?”.
         Sin embargo, hay que añadirlo también, revela que los antiguos reyes incas hacían algo muy parecido: una vez conquistado un territorio, mandaban a sus nuevos vasallos aprender la lengua del emperador y enseñársela a sus hijos, lo cual aseguraba la paz. No cabe duda de que no ha sido la española la única lengua que ha acompañado al imperio dondequiera que se ha implantado.
         Garcilaso el Inca, entonces, murió, como Cervantes y Shakespeare, el 23 de abril; pero hay, además de los tres, autores que, por el mismo golpe de dados de la historia, tienen esta fecha en su biografía y tendríamos que homenajearlos también —leer sus obras, aprender de sus aciertos y errores, rezar por ellos—. Habría que acordarse, por ejemplo, del británico William Wordsworth, que vino al mundo en 1850, del francés George Steiner, que lo hizo en 1929, y, aunque nos sorprenda tenerla tan cerca y no percatarnos, de una mujer que murió en 1936 pero que desde entonces vive y vivirá siempre en ese latido inquieto que es la literatura venezolana: Teresa de la Parra.

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Año IV / Nº CV / 25 de abril del 2016

lunes, 18 de abril de 2016

Zimbabwe y Venezuela [CIV]

Edgardo Malaver Lárez


 
Marley (1945-81), autor de himnos


         Por lo que he leído recientemente, hay apenas tres países en el mundo cuyos himnos nacionales no tienen letra, todos en Europa: España, San Marino y Bosnia-Herzegovina. Hay otros países cuyos ciudadanos no logran cantar sus himnos sin dudar en alguna estrofa.
         Hace días leí que Bob Marley (1945-81) escribió en 1979 una canción titulada Zimbabwe para apoyar el bando marxista de las guerrillas que combatían en la Guerra de Rodesia. Poco después, cuando terminó la confrontación y Marley fue invitado a ofrecer un concierto en la capital, la canción terminó convirtiéndose en el “segundo himno nacional” de ese país, que por entonces fue rebautizado, justamente, Zimbabue.
         En Venezuela tenemos también un “segundo himno nacional”: Alma llanera, de Rafael Bolívar Coronado (1884-1924), con música de Pedro Elías Gutiérrez (1870-1954). La canción está contenida en una zarzuela que estrenó el autor en 1914 —la canta un personaje llamado Rita casi al final— y que el azar (o quizá, más que eso, su letra vigorosamente llanera) se encargó de meter en la memoria de los venezolanos del último siglo.
         Pero en Venezuela, todo tiene que ser sensacional e hiperbólico. La semana pasada, en el metro, un artista ambulante se paró en mitad del tren para cantarnos la hiperpopular canción Venezuela. Cien voces lo siguieron. Al terminar, nos dijo que había que poner atención a la “hermosa letra de este poema”, pues era admirable que los autores, los españoles Pablo Herrero y José Luis Armenteros, de lejos, habían sido capaces de captar y expresar la belleza de Venezuela. Más adelante dijo que ésta era considerada “nuestro tercer himno nacional”.
         Un país africano que adopta una canción escrita por un autor caribeño, un país sudamericano que adopta una canción escrita por autores europeos. Probablemente falte investigar un poco más, pero ya es suficiente para reflexionar. ¿Será este un ejemplo de ciega transculturización, de indomable globalización o de enriquecimiento cultural? Ojalá que sea, al menos, amistad internacional. Lo que sí parece cierto es que cada uno de los autores ha dado en el blanco con respecto a lo que hubieran podido esperar los sujetos de su versificación. Marley escribía para animar a una lucha armada que perseguía tomar el poder, mientras que Herrero y Armenteros pretendían describir poéticamente una tierra que consideraban favorecida por la naturaleza (aunque, según el cantante del metro, no la conocían, como no conocía el cantante jamaiquino lo que entonces era Rodesia). Y, sin embargo...
         El jamaiquino comienza y termina diciendo que todo hombre tiene derecho a decidir sobre su destino, razón por la cual “arm in arms, with arms, we’ll fight this little struggle”. ¡Se incluye en el pleito! Como se trataba de una guerra de tres bandos en la que cada uno combatía contra los otros dos, profetiza: “Soon we’ll find out who is the real revolutionary”. Les dice you’re right 16 veces, o sea, cada 22 palabras.
         Los españoles, igualmente, hablan de Venezuela como si fuera su pueblo, llevan “su luz y su aroma en la piel y el cuatro en el corazón”. Además, “entre sus playas quedó su niñez, tendida al viento y al sol”. Y, tal como lo pide Serrat en Mediterráneo, desean que el día en que mueran los entierren cerca del mar, pero en Venezuela. A diferencia de la canción de Marley, que menciona a Zimbabue 23 veces en 45 versos, la de Herrero y Armenteros nombran a Venezuela apenas en dos versos de 32.
         ¿Por qué los pueblos tienen “segundos himnos nacionales”? En Guatemala, Luna de Xelajú; en Colombia, La piragua de Guillermo Cubillos; en Italia, Va, pensiero. ¿Acaso será una cuestión de gusto del pueblo, más que de hechos históricos? Lo curioso en Zimbabue y Venezuela es que sus autores sean extranjeros, y lo curioso en Venezuela es que no nos conformemos con dos, sino que tenemos tres. ¿Será posible que un día tengamos cuatro?

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Año IV / Nº CIV / 18 de abril del 2016

lunes, 11 de abril de 2016

Celebrando el español [CIII]

Luisa Teresa Arenas Salas



Nacido en abril de 1539, el Inca Garcilaso de la Vega comparte
con Shakespeare y Cervantes haber muerto el 23 de abril de 1616


         Para aderezar con un poco de humor el Mes de los Idiomas, un evento dedicado a festejar las seis lenguas que se estudian en la Escuela de Idiomas Modernos y, en especial, la nuestra por celebrarse el Día Mundial del Español el 23 de abril, los invito a disfrutar del siguiente poema (¿quijotesco?) aparecido en una revista española, sin autor conocido. Este texto, “además de ser jocoso, encierra una asombrosa lógica que hace meditar hasta a los académicos” (Escandón, 1990: 13), y, como digo yo, a los no académicos también. Por ello, lo están leyendo en Ritos de Ilación para su goce y reflexión. El tema en él tratado aparecerá en más de una edición, pues, después de esta, se publicará una reflexión lingüística posterior.

EL IDIOMA CASTELLANO

Señores: un servidor,
Pedro Pérez Baticola,
cual la Academia Española,
“limpia, fija y da esplendor”.

Pero yo lo hago mejor,
y no son ganas de hablar,
pues les voy a demostrar
que es preciso meter mano
al idioma castellano,
donde hay mucho que arreglar.

¿Me quieren decir por qué,
en tamaño y en esencia
hay esa gran diferencia
entre un buque y un buqué?

¿Por el acento? Pues yo,
por esa insignificancia,
no concibo la distancia
del presidio al que presidió,
ni de tomas a Tomás,
ni de topo al que topó,
de un paleto a un paletó,
ni de colas a Colás.

Mas dejemos el acento,
que convierte, como ves,
las ingles en inglés,
y vamos con otro cuento.

¿A ustedes no los asombra
que diciendo rico y rica,
majo y maja, chico y chica,
no digamos hombre y hombra?

¿Y la frase tan oída
del marido y la mujer,
¿por qué no tiene que ser
el marido y la marida?

Por eso no encuentro mal
si algunos me dicen cuala,
como decimos Pascuala,
femenino de Pascual.

El sexo a hablar nos obliga
a cada cual como digo,
si es hombre: “Me voy contigo”;
si es mujer: “Me voy contiga”.

¿Por qué llamamos tortero
al que elabora una torta,
y al sastre que ternos corta
no le llamamos ternero?

Como tampoco imagino,
ni el diccionario me explica,
¿por qué al que gorras fabrica
no le llamamos gorrino?

¿Por qué las Josefas son
por Pepitas conocidas,
como si fuesen salidas
de las tripas de un melón?

¿Por qué el de Cuenca no es cuenco,
bodeque el que va de boda,
y el que los árboles poda
no le llamamos podenco?

Cometa está mal escrito
y por eso no me peta:
¿hay en el cielo cometa
que cometa algún delito?

Y no habrá quien no conciba
que llamarle firmamento
al cielo es un esperpento:
¿quién va a firmar allá arriba?

¿Es posible que persona
alguna acepte el criterio
de que llamen monasterio
donde no hay ninguna mona?

Si el que bebe es bebedor,
y el sitio es bebedero,
hay que llamar comedero;
a lo que hoy es comedor;
comedor será quien coma,
como es bebedor quien bebe,
y de esta manera debe
modificarse el idioma.

¿Y vuestra vista no mira,
lo mismo que miro yo,
que quien descerraje un tiro,
dispara, pero no tira?

Ese verbo y más de mil
en nuestro idioma son barro;
tira el que tira de un carro,
no el que dispara un fusil.

De largo sacan largueza,
en lugar de larguedad,
y de corto, cortedad,
en vez de sacar corteza.

De igual manera me quejo
al ver que un libro es un tomo;
será un tomo si lo tomo,
y si no lo tomo, un dejo.

Si se llama mirón
al que está mirando mucho,
cuando mucho ladra un chucho
hay que llamarle ladrón.

Porque la sílaba -on
indica aumento, y extraño
que a un ramo de gran tamaño
no se le llame Ramón.

Y, por la misma razón,
si por lo que estáis escuchando,
un gran rato estáis pasando,
estáis pasando un ratón.

¿Y no es tremenda gansada
en los teatros que sea
denominada platea
lo que no platea nada?

¿Puede darse, en general,
al pasar de masculino
a su nombre femenino
nada más irracional?

La hembra del cazo es caza;
la del velo es una vela;
la del pelo es una pela,
y la del plazo es una plaza;

la del correo, correa;
la del mus, musa; del can, cana;
del mes, mesa; del pan, pana
y del jaleo, jalea.

Y basta para quedar
convencido el más profano
que el idioma castellano
tiene mucho que arreglar.

Conque basta ya de historias;
si, para concluir, me dais
cuatro palmas, no temáis
que os llame palmatorias.

Escandón, Rafael (1990). Curiosidades del idioma. Caracas: Panapo.


         Espero que, una vez leído el poema, hayan captado el humorismo presente en él, entendido según la primera acepción que se lee en el DRAE como: “Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas” (2006: 796). ¿Cuál es la realidad que presenta este poema? ¿Qué hechos enjuicia? ¿Cómo los comenta? ¿Dónde radica su comicidad? ¿Celebramos el idioma español burlándonos de él? ¿Ridiculizándolo? Todas estas interrogantes son para que cada lector las medite, nos las comente y compartamos sus reflexiones en un próximo número de Ritos de Ilación.

Continuará...


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Año IV / Nº CIII / 11 de abril del 2016

lunes, 4 de abril de 2016

Cica y chicunguña [CII]

Edgardo Malaver Lárez


Li Po... ¿o Li Bai? Todo depende 
del alfabeto fonético internacional


         Me tiene conmovido la fidelidad con que algunas personas que entran en contacto con ellas y leen sus nombres en los medios de comunicación respetan la ortografía de los nombres de dos enfermedades que han hecho su debut en América Latina recientemente. Y me conmueve también con cuánto respeto los medios copian esos nuevos nombres, en apariencia, sin preguntarse si verdaderamente se escriben así. Además de las persistentes dolores en las coyunturas, ¿de la denominada chikungunya no llamará la atención ningún otro misterio, ni siquiera ortográfico? De la llamada zika, ¿no tendremos nada más que decir, aparte de que puede aguarle a uno la sangre si los síntomas se prolongan mucho en tiempo?
         Sí, hay un par de cosas que pueden decirse de estos dos nombres, de la forma en que nos han llegado escritos y de cómo y por qué podrían escribirse de otra forma.
         Por qué se escriben zika y chikungunya es más o menos sencillo de responder. Lo más probable es que estas palabras hayan llegado a nuestros medios de comunicación (que es por donde nos han llegado a los ciudadanos comunes) inicialmente transcritas mediante el alfabeto fonético internacional, el código que se utiliza para representar todos los sonidos posibles del habla humana. Una vez transcrito un término nuevo, es bastante sencillo saber cómo se pronuncia en su lengua original y, una vez que se pronuncia, con las posibilidades y limitaciones de cada lengua, se puede escribir como sería más lógico y natural escribirlas en cada lengua. Por esa razón escribimos en español Yeltzin, mientras los franceses escriben Eltsine; en español escribimos Jesús, mientras los italianos escriben Gesù; nosotros escribimos Li Po y los angloparlantes escriben Li Bai.
         Así, en español, zika y chikungunya parecen ser aún transformaciones iniciales a partir de sus transcripciones fonéticas, es decir, no lucen aún armoniosas con la ortografía típica de la lengua española. Para llegar a serlo, para estar escritas como se escribirían en español si hubieran nacido en español, faltaría, en el primer caso, que la sílaba zi- se transformara en ci-, como indica la tendencia natural, aunque no absoluta, del español al representar este sonido ante las vocales e e i, y que -ka se tornara -ca; y en el segundo caso, sería preciso que la sílaba -kun- se transformara -cun-, y que -nya se convirtiera en -ña, como sugiere la naturaleza del alfabeto fonético. Lo más natural en nuestro código, entonces, sería cica y chicunguña.
         Pasado un tiempo —aún falta bastante—, estas palabras terminará escribiéndose así, igual que ya no se escribe switch, goal ni baseball, ni se escribe tampoco pot pourri, aide de camp ni petit maître. La única diferencia está en que los idiomas de los que provienen, además de no ser tan lejanos en historia y geografía, utilizan el mismo alfabeto que el español. Su adaptación fonética, sin embargo, comenzó el día mismo de su llegada a nuestros oídos: unos hablantes dicen chincuguya; otros pronuncian chicuguya, etc., e incluso hay quienes dicen: Se me pegó la chica.
         Lo más conmovedor que tienen la cica y la chicunguña no es, naturalmente, el estrago que está haciendo en la salud de la población, sino el movimiento intestino que ya es posible sentir que se desarrolla en sus nombres para transformarse en palabras totalmente nuestras. Ya verán.


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Año IV / Nº CII / 4 de abril del 2016