miércoles, 25 de diciembre de 2019

Toda la Navidad en una sola palabra [CCLXXXIV]

Ariadna Voulgaris




Maia Morgenstein y Jim Caviezel como María y Jesús
en
La pasión de Cristo (2004), de Mel Gibson




         Como recordarán, Jesucristo nació en una familia pobre en un pueblo pequeñito, nunca tuvo, según sus propias palabras, “donde reclinar la cabeza” y murió tan pobre que sus amigos salieron corriendo. Solo su madre lo acompañó de principio a fin y lo hace con tanto silencio que a veces parece más una presencia espiritual... pero ha quedado claro que en esa familia todos eran así.
         Este diciembre, se me metió a mí en el cuerpo el espíritu de la osadía y me sentí ya con la confianza suficiente, después de cinco años viviendo en Grecia, para leer el relato del nacimiento de Jesús en su lengua original. Mi abuelo me contaba esa historia en griego, pero yo nunca la había leído sino en español.
         Sé desde siempre que hay que comenzar con el Evangelio según san Lucas. Paso la prueba del primer capítulo, y en el segundo vuelvo a ver la escena en que María recuesta a Jesús en el pesebre; es allí donde mi imaginación sufre un ataque del espacio exterior. Toda la vida hemos sabido que José y María no encontraban dónde hospedarse en Belén y por eso ella tuvo que parir casi al aire libre, en mitad de la noche, rodeada de animales y contando apenas con la ayuda de un carpintero (su marido, está bien, pero no tenía experiencia en partos nocturnos). Pero esta mi primera lectura me disloca con una palabra en el versículo 7. Allí el hermano Lucas dice:

κα τεκεν τν υἱὸν ατς τν πρωττοκον, κα σπαργνωσεν ατν κα νκλινεν ατν ν φτν, διτι οκ ν ατος τπος ν τ καταλματι.

         ¡Katalýmati! ¿Habitación? ¿Cuarto de huéspedes? ¿Cuál habitación? ¿Cuál cuarto de huéspedes, si los pobres no encontraban dónde pasar la noche cuando llegaron a Belén? Nadie los recibía. Todo estaba lleno porque mucha gente estaba llegando a la ciudad para censarse. La traducción más inofensiva al español dice más o menos así: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la posada”. ¡Posada! Me imagino que es a partir de esta palabra que hemos entendido a lo largo de la historia que los tres visitantes de Nazaret andaban por ahí dando tumbos y que nadie se condolía de ellos. Pero si el original decía καταλματι, como acabo de descubrir, queda implícito que estaban hospedados en una casa, solo que no podían estar en el espacio donde habitaba la gente y, por tanto, tuvieron que irse al lugar donde estaba el pesebre: ¿el establo? ¿Tenían establo?
         Un artículo de Fernando Renau que me encuentro menciona varios detalles de la cultura hebrea que permiten sacarle información a este versículo. Uno de esos detalles es que José era de Belén (razón por la cual tenía que censarse allí), y por eso debía tener parientes en la ciudad. Es lógico pensar que hubiera podido llegar a casa de un primo, de una tía abuela, de un hermano menor. Otro dato importantísimo es que se consideraba que la mujer parturienta quedaba “impura” durante semanas, razón por la cual habría sido harto extraño e irregular que María pudiera convivir con los familiares de su marido después del parto e incluso durante el parto.
         Leí también un agudo artículo de un testigo de Jehová (que no pone su nombre) que da una importancia enorme a la hospitalidad judía de la época y aun de la actualidad. Argumenta que es poco probable que siendo de Belén, un descendiente de David fuera a ser rechazado si volvía a casa de sus parientes y vecinos, y muchísimo más si venía con una esposa a punto de parir.
         Estos dos artículos y otros terminan descartando que Lucas haya querido decir posada y que se refiera a lo que hoy llamaríamos una instalación turístico-hotelera. Debe haber pensado en una habitación, una sala común, una estancia, un cuarto de invitados. De hecho, explican que el propio san Lucas y además san Marcos, cuando narran el episodio en que Jesús manda preparar la Última Cena y pide que vayan a preguntar en la ciudad “dónde está la estancia donde ha de celebrar la Pascua con sus discípulos”, utilizan también la palabra καταλματι, y en ninguno de los dos casos se ha traducido como posada.
         Aunque no estoy dando todas las evidencias (porque no soy especialista en este asunto), parece que Jesús nació en la casa de algún pariente de José (Dios le eligió un buen padre humano a su hijo), aunque no haya sido en la habitación más cómoda, ni siquiera propiamente dentro de la casa. Y con respecto a la palabra casa, me deslumbra y me contenta la solución que descubro en la llamada Biblia Latinoamericana, de 1995: “...pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa”.
         Aparece casa también, en español, en la historia del amigo san Mateo cuando cuenta la primera visita oficial que recibió Jesús como profeta, sacerdote y rey: la de los Reyes Magos. Dice: “...y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre...” (Mateo 2, 11). En griego veo la palabra οκίαν, la responsable de nuestra economía.
         ¿Desde cuándo existe esa confusión, si es que lo es? Quiero dejar a los profesionales de la lengua dilucidar si es un error de traducción, de transcripción, de interpretación o simplemente que el pueblo se lo imaginó todo torcido (porque no sabía leer, porque no conocía la cultura hebrea, porque todo el fenómeno Jesús le parecía un cuento fantástico, no soy yo quien lo sabe con certeza). También puede haber sido la traducción al latín:

et peperit filium suum primogenitum; et pannis eum involvit et reclinavit eum in praesepio, quia non erat eis locus in deversorio.

De latín sí que no sé casi nada, pero el mejor diccionario que encuentro en Internet me dice que deversorio equivale a hotel.
         Si nos ponemos dicotómicos entre católicos y protestantes, la traducción de Vatican.va dice albergue y la Reina-Valera dice mesón. Y si nos fijamos solo en los idiomas, la Nouvelle Edition de Genève en francés pone l’hôtellerie; el traductor de la Bibbia della Gioia italiana elige locanda del villaggio; la King James Version inglesa propone inn.
         Quién sabe si hay que tomar la actitud de la Santísima Virgen: “guardar todas estas cosas para meditarlas en nuestro corazón” (el segundo capítulo de Lucas es particularmente rico, ¿no?). Es que a Dios en realidad le importa más otra cosa. Y a nosotros puede ser que nos importen más las palabras que la presencia espiritual que exudan; que nos importen más las historias como literatura que como vida; la Navidad más como fiesta que como fe. Y la Navidad no puede depender de una sola palabra. ¿Habrase visto pobreza más pobre que esa?

ariadnavoulgaris@gmail.com



Año VII / N° CCLXXXIV / 25 de diciembre del 2019




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