lunes, 18 de julio de 2016

Úes e íes [CXVI]

Edgardo Malaver


Los zulúes lograron derrotar al poderosísimo Imperio Británico
en la Batalla de Isandlwana (1879)



         Heme aquí, otra vez, con los plurales. Los plurales de las palabras que terminan con i y u acentuadas me han atraído desde que por primera vez oí en la escuela que se formaban agregándoles la terminación -es. Qué sencillo y qué fascinante; sencillo porque, en realidad, es la misma regla que para las que terminan con consonante, y fascinante porque agregando los mismos sonidos se consiguen resultados tan diferentes. He estado jugando desde entonces con colibríes y manatíes, como si fueran los subibajas del parque, con ñandúes y caribúes, como si pertenecieran a mi ecosistema. También, de vez en cuando, con los maníes y los champúes, que son más cotidianos.
         Con una poca de ayuda del diccionario y limitándome a sustantivos y adjetivos, he rescatado de mi memoria estas palabras que terminan con í: ají, ajonjolí, alfonsí, alhelí, bagdadí, baladí, bengalí, benjuí, berberí, bisturí, borceguí, carmesí, chantillí, chií, coatí, colibrí, cují, i, culí, esquí, frenesí, guaraní, hurí, iraní, iraquí, israelí, jabalí, malí, manatí, maní, maniquí, maorí, maravedí, marroquí, nazarí, pachulí, paquistaní, pedigrí, pipí, pirulí, popurrí, potosí, rabí, rubí, saudí, sefardí, sí, sufí, suní, tahalí, tejemaní, tetuaní, tití, yemení, zahorí. Usted puede, sin ningún temor, como quien tiene la Constitución en la mano, pluralizar las 55 agregándoles -es. Su maestra de tercer grado lo felicitará. Algunos otros hablantes lo mirarán como si usted hubiera dicho una grosería en ruso... siempre por razones baladíes. Un rasgo justiciero que tienen los adjetivos de este grupo es que son inmunes a las diferencias de sexo de los seres vivos y de género de los objetos inanimados.
         Las que terminan con ú, por su parte, son menos frecuentes... o mi memoria no les es tan favorable: añú, bambú, bantú, bululú, calalú, canesú, caribú, cebú, champú, cu, cucú, fufú, gurú, hindú, iglú, menú, ñandú, ñu, paspartú, Perú, pupú, ragú, tabú, tatú, tiramisú, tú, tutú, u, vudú, zulú. Poco más de la mitad. Lo que pasa en el grupo anterior, pasa aquí.
         Tradicionalmente se ha entendido que pluralizar estas palabras con una simple ese indica un uso más bien popular, mientras el otro es más bien culto, lo cual también puede traducirse con facilidad a la dicotomía entre oralidad y escritura. La Academia Española, que con la edad ha aprendido de los bambúes a ser flexible, ahora le da tratamiento descriptivo, en lugar de prescriptivo, al asunto. Cada quien sople el viento hacia su molino.
         Una consecuencia lógica y esclarecedora de este tipo de pluralización es que las vocales i y u, cuando aparecen como palabras individuales, como sustantivos, deberían pluralizarse, igualmente, íes y úes. El habla cotidiana lo confirma con la expresión poner los puntos sobre las íes. Sin embargo, suele creerse que el plural de las vocales a, e y o cuando aparecen solas es también con -es. La propia Academia nos ha dicho toda la vida que las palabras que terminan con esas vocales y éstas reciben el acento se pluralizan con ese: marajás, papás, sofás; bebés, cafés, pagarés; dominós, rondós, bongós. La diferencia está —o debe haber estado en la antigüedad— en la calidad de abierta o cerrada de la vocal.
         Nos agrade o no, como ni queriendo puede detenerse la evolución de la lengua, esto terminará cambiando y probablemente dentro de cien años no tenga sentido que nadie haga estos comentarios porque sencillamente será de otra forma, que nadie cuestionará. El problema, entonces, no es la antigüedad, ni lo es el futuro. El problema ni siquiera es el plural de ninguna palabra. El problema, si es que de verdad hay alguno, soy yo, que, cuando quiero comerme una galleta en la calle, al llegar al kiosko, no logro decir sino: “Señora, por favor, deme dos Marilúes”. Y, si necesito un disco compacto para guardar información, llego a la esquina de mi cuadra y le digo a un buhonero que verdaderamente se gana la vida bailando: “¿Cuánto cuestan hoy los cidíes, compañero?”


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Año IV / N° CXVI / 18 de julio del 2016

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