lunes, 30 de junio de 2014

Que tu ‘y’ sea ‘y’ y tu ‘o’ sea ‘o’ [XII]

Edgardo Malaver Lárez

 

 

 

 

 

         Es una cuestión de sentido común. Y/o, y/u, e/o, e/u... u, o, y, e... ah... ¿U o e i...? ¿No es demasiada complicación, cuando, utilizando el sano sentido lógico, sería tan sencillo?

         Ya habrá visto usted algún letrero en algún quiosco cerca de su casa que ofrezca “malta y/o refresco”, con lo cual el comerciante debe tener la ilusión de que les expresa a sus posibles clientes que están en la libertad de comprar, si lo desean, las dos cosas, pero que pueden, también, decidirse por una sola de las dos opciones. Qué amable.

         Los habitantes del mundo de la banca se comportan a veces como si tuvieran resguardada en sus bóvedas la partida de nacimiento de esta curiosa... ¿conjunción?, y es fácil imaginarse —aunque esto está por demostrarse— que aparecerá en el custodiado documento el nombre de algún banquero conocido... o de un gerente financiero... o de un abogado mercantil.

         ¿De dónde viene este constructo bicéfalo, esta especie de vacilación conjuntiva, de disyuntiva doblemente bifurcada (puesto que una de sus sendas es ya, por sí sola, una bifurcación)? Viéndola con cuidado —con algo de cariño, como si deseáramos utilizarla seriamente—, la construcción y/o es toda perplejidad y toda confusión. Más allá del quiosco y el banco, si la palabra que la sigue es, por ejemplo, oscuro, ¿habrá que escribir “misterioso y/u oscuro”? Y si sigue, por ejemplo, inmenso, ¿tendrá que ser “solitario e/o inmenso”? Ya a esta corta distancia, pareciera que algo nos falta, que alguna fibra de ella nos fuera extraña. Algo de esquemático tiene, que no es armonioso.

         La revista Punto y Coma publicó en 1991 una nota sobre este fenómeno, que parece una orden de fusilamiento en su contra:

 

y/o. Un «aviso» destinado a los traductores de la antigua división de traducción española de Luxemburgo establecía «la abolición, salvo petición expresa del servicio interesado, del uso de la expresión “y/o”, que deberá sustituirse siempre por “o”. La razón de ello es que en español la conjunción “o” tiene ya de por sí carácter no excluyente (la expresión “comer manzanas o peras” puede equivaler indistintamente a “comer manzanas”, “comer peras” o “comer manzanas y peras”)». El rechazo de este esperpento lingüístico no es nuevo ni exclusivo de los traductores españoles: nuestro compañero Carlo Gracci (SdT B-7) publicó unas reflexiones sobre ese tema en el último número de Aperture, la hoja de información de los traductores italianos, y el Diccionario de dificultades del inglés de Torrents del Prats le dedica un artículo bastante detallado en el que propone algunas soluciones (párr. 5).

 

         Parece convincente; sin embargo, el Manual de estilo y normas editoriales (2009) del Colegio de Sonora, México, lo es más:

 

y/o. La expresión y/o es una fórmula inventada por los estadounidenses para economizar palabras; indica la posibilidad de que suceda la situación A o la situación B, pero sin escribir sendas oraciones. En español dicha expresión es innecesaria, y su uso se presta a confusiones. Si en la lista de requisitos para un empleo se solicita persona que sepa hablar francés y/o inglés, puede entenderse que hable uno de los dos idiomas, en cuyo caso bastaría con decir: se solicita que el candidato hable francés o inglés. En cambio, si se requiere a alguien que maneje los dos idiomas, el anuncio podría decir: se solicita que el candidato hable inglés y francés (Quiroz Trujillo, 2009, p. 51).

 

         ¿Inventada por los estadounidenses? Entonces, funcionará en Estados Unidos (a lo sumo, en países de habla inglesa), y quién sabe por qué; será lógico y natural en inglés, pero en español no funciona y no hace falta. Ya está todo claro. Era de sentido común.

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Bibliografía

Punto y Coma (1991). “Y/o”. Nº 4 (dic.). Disponible en http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/04/pyc041.htm#y/o.

Quiroz Trujillo, Alma Celina (2009). Manual de estilo y normas editoriales. Hermosillo, México: El Colegio de Sonora.

 

 

 

Año II / Nº XII / 30 de junio del 2014

 



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lunes, 16 de junio de 2014

Confusión remota entre 'b' y 'v' [XI]

Luisa Teresa Arenas Salas


     ¿Cómo dices tú: [benesla] o [venesuéla]?
     ¿Cómo debe decirse: [benesuéla] o [venesuéla]?
     ¡Pon atención a lo que dice la gente a tu alrededor! ¡Escúchate a ti mismo y observa tu pronunciación! ¿Cómo pronuncia la gente la letra <v> chiquita, <v> de vaca, como la llamamos en Venezuela, o letra uve, como se recomienda en la última edición de la Ortografía de la lengua española (2010)? Anota cuántas veces escuchas que pronuncian la <v> como bilabial [b] o como labiodental [v]. Compara tu observación con la argumentación que a continuación escribo.
     No existe en español ninguna diferencia en la pronunciación de las letras <b> y <v>; ambas representan el fonema bilabial, oclusivo, sonoro, oral /b/. ¿Por qué?, se preguntarán muchos de ustedes. Porque la articulación labiodental de la <v> no es propia del sistema fonológico del español. Pronunciarla así: [viviénda] es “un error que comenten muchas personas por un equivocado prurito de corrección” (RAE, 2010: 92), basado en recomendaciones que en el pasado se hacían en la Ortografía y la Gramática de la Academia. O también por imitación de otras lenguas como el inglés y el francés, en las que la pronunciación labiodental sí es propia. Esta confusión remota existe, a pesar de que en el Diccionario de autoridades (1726-1739) se reconoce que “los españoles no hacemos distinción entre estas dos letras”.
     Ahora bien, si tu hábito lingüístico es la pronunciación labiodental de la <v>, no te angusties, es parte de tu idiolecto producto de esa confusión que viene de tu tránsito por la escuela, en la que tus profesores de español insistían (y aún insisten) en la pronunciación labiodental de la <v>, bien sea como recurso mnemotécnico para la correcta escritura o simplemente para hacer real distinción entre los dos grafemas. También, actores, personalidades de la televisión y hablantes quienes, pretendiendo mostrar una buena dicción, caen en el vicio de la ultracorrección. Se inicia, pues, para todos, un proceso de reaprendizaje.
     Ahora tienes el conocimiento: “la pronunciación correcta de la letra <v> en español es idéntica a la de la letra <b>, por lo que no existe diferencia de pronunciación en nuestro idioma entre palabras como bello [béјo] (hermoso) y vello [béјo] (pelo)” (RAE, 2010: 92), bota [bóta] (calzado) y vota [bóta] (acción de depositar el voto). ¡¿Cómo diferenciarlas, entonces?! La respuesta a esto podría ser tema de otro Ritos de Ilación.
     Lo que sí no debe hacerse, queridos y respetados colegas lectores, es obligar a nuestros pupilos a una pronunciación labiodental de la <v>, pues, “sin querer queriendo”, por falta de conciencia de lo comunicado aquí, sostenemos esa remota confusión en el aula, pretendiendo mejorar la ortografía. Ahora, apreciados lectores, especialmente mis colegas docentes y locutores, les digo: [benesla], [bída], [abentúra], [bitalidád]... es la pronunciación correcta de las palabras Venezuela, vida, aventura, vitalidad, en cualquier situación de habla sea esta formal o informal.

Bibliografía
Real Academia Española (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa.

ltarenas13@gmail.com



Año II / Nº XI / 16 de junio del 2014

lunes, 2 de junio de 2014

Se armó la sampablera [X]

Aurelena Ruiz



         Cuando hay alguna revuelta por ahí —algo muy fácil de encontrar hoy en día en Venezuela— solemos escuchar a la gente decir que “se armó la sampablera”, pero ¿sabemos de dónde viene esa expresión?
         No es difícil deducir que viene del nombre de san Pablo, el apóstol que convirtió el cristianismo en una religión universal. San Pablo era hijo de judíos fariseos y participó en las primeras persecuciones contra los cristianos, pero, luego de escuchar a Jesús en su viaje a Damasco, “revolucionó” su vida y se convirtió a la nueva fe. Desde entonces, se dedicó a predicar la palabra de Dios por todas partes; fundó comunidades cristianas a lo largo de Asia Menor y Europa, hasta llegar a Roma.
         Durante su larga travesía san Pablo tuvo que “luchar” con muchos judíos y cristianos para liberarlos de algunos rituales del judaísmo, en dos oportunidades fue “encarcelado” y juzgado en Roma y, aunque su muerte no está muy clara, todo parece indicar que fue “ejecutado” en ese mismo lugar.
         A pesar de que la historia de san Pablo está muy asociada con la controversia, la lucha, la revolución y la violencia, no es directamente de este apóstol de donde viene la expresión, sino de la Plaza San Pablo, ubicada en el centro de Caracas, donde actualmente se encuentra el Teatro Municipal.
         Resulta que el 2 de agosto de 1859, ocurrió en Caracas un enfrentamiento entre liberales y conservadores, luego del golpe de Estado contra Julián Castro, dirigido por el conservador Manuel Vicente de las Casas.
         Castro, considerado como “antipartidista”, fue elegido como presidente interino tras la renuncia de Monagas en julio del 58. En febrero de 1859 Castro renuncia por aparentemente sufrir de una enfermedad, pero pronto recupera el cargo y les da su apoyo a los liberales.
         Luego de derrocar a Castro el 1° de agosto, De las Casas lo encarcela y se declara también a favor de los liberales; sin embargo, los civiles no lo apoyan y los conservadores retoman el poder.
         Por su parte, Pedro Vicente Aguado, jefe de los liberales en La Guaira, se entera del derrocamiento y decide ir con sus tropas a Caracas. Aguado esperaba encontrarse con una ciudad bajo el dominio de los liberales, pero, por el contrario, fue recibido en la Plaza San Pablo por los conservadores, trayendo como consecuencia una feroz batalla que generó una gran alteración del orden público.
         Aquiles Nazoa afirma que “de aquel suceso memorable se originó la palabra caraqueña sampablera”, dando a entender que existe alguna disputa, pleito o alboroto.
         En los últimos meses, son muchas las sampableras que se han armado en el país, especialmente en San Cristóbal y Altamira. ¿Será entonces que en unos cien o doscientos años nuestros descendientes dirán que se armó una “sancristobalera”?, ¿o quizás una “altamirera”?

aurelena.ruiz@gmail.com



Año II / Nº X / 2 de junio del 2014

lunes, 26 de mayo de 2014

¿Qué es este merequetengue? [IX]

Sara Cecilia Pacheco





En ocasión de mis veinte años en Venezuela

         Tenía diez años y quería integrarme. Practicaba frente al espejo palabras, expresiones, frases como ¡Cónchale, vale! Me esforcé y lo logré al punto en que hay quien tras tiempo de conocerme no sabe que no nací aquí. No solo quería aprenderme las palabras, dejar de nombrar a la lechosa, papaya; quería también aprenderme el cantaíto. Quería hacerme imágenes. Quería adueñarme de ellas. Entre esas palabras estaba merequetengue, tan larga, tan sonora, difícil de definir... Hoy en día puedo decir con total naturalidad que merequetengue es así como un tira y encoje, algo entretenido, un asunto que es como confuso, movedizo…
         Solo ahora se me ocurre buscarlo en el diccionario. Y no está. Mi intuición me lo decía hace veinte años. Busco y busco y resulta que, como yo, esa palabra con tanta sonoridad venezolana no es de aquí, es cocoliche —una jerga de inmigrantes italianos—. Y tal como entendemos todos, significa lío, desorden, caos... Un maracucho ya lo explicó en Internet: http://maracucholario.blogspot.com/2013/08/merequetengue.html.
         Por cierto, nunca he escuchado la canción de Porfi Jiménez.
         ¿Ven cómo me adueñé de este merequetengue?

sarace.pacheco@gmail.com



Año II / N° IX / 26 de mayo del 2014

lunes, 19 de mayo de 2014

¡Abajo cadenas!, gritaba el señor [VIII]

Isabel Matos





         Ese señor que grita en nuestro himno nacional es, de acuerdo a algunos sitios de Internet, el señor acomodado, mantuano, con propiedades y demás. Ese señor pedía libertad de la misma manera que la pedía “el pobre en su choza”.
         Al consultar al diccionario de la Real Academia Española encuentro que son 22 las definiciones disponibles para la palabra cadena. La primera es la que se refiere a una serie de eslabones enlazados; luego, cadenas humanas y otras definiciones más mecánicas. En el puesto número seis se presenta una definición que pudiésemos aplicar a la situación política del país: opresión o poder absoluto. Esta definición seguramente es la misma que se usó en nuestro himno nacional. La séptima definición menciona una serie de instalaciones pertenecientes a la misma empresa. ¿Acaso no se trata de los ministerios y misiones del actual gobierno? A mi parecer, se trata efectivamente de otra cadena. La novena definición nos habla de un conjunto de emisoras de radio y televisión que trasmiten el mismo mensaje. Qué curioso, me parece, que VTV, ANTV, TeleSur y Globovisión son efectivamente otra cadena. Lo invito en este momento, querido lector, a que revise la definición número 21 que nos ofrece la RAE. Creo que estará de acuerdo en que es una cadena burocrática. Pareciera que cada definición de cadena nos brinda una definición de país.
         Los nombres cambiaron pero son los mismos señores que gritan ahora en cadenas (nacionales, de radio y televisión), aunque ahora piden cárcel para aquellos que osaron pedir libertad.

isabelmercedes@gmail.com



Año II / Nº VIII / 19 de mayo del 2014



Otros artículos de Isabel Matos

lunes, 12 de mayo de 2014

Tu misión, Jim, si decides aceptarla... [VII]

Edgardo Malaver Lárez

 

 

 


         Sabemos que durante la Conquista y la Colonia muchas ciudades de América —en México, por ejemplo— nacieron alrededor de las misiones fundadas por los evangelizadores que tenían el objetivo de convertir a los indígenas al cristianismo. Muchas de esas misiones fueron destruidas a partir del siglo XVII, otras subsistieron y terminaron mimetizadas dentro del mar de la ciudad que crecía y crecía, y —en Venezuela, por ejemplo— han dejado rastros que emocionan a los enamorados de la historia: no es infrecuente tropezarse en algún pueblo pequeño con una cruz más o menos grande en medio de una calle, de una pequeña plaza o incluso en algún jardín, con una fecha que delata su origen a la vez civilizador y espiritual.
         Desde abril del 2003, existen en Venezuela misiones diferentes a aquellas que pretendían extender la fe cristiana en el Nuevo Mundo. La primera de las “misiones” ideadas por el gobierno, que honrosamente llevaba como apellido el apodo que utilizaba don Simón Rodríguez, se proponía, al menos idealmente, eliminar de Venezuela el analfabetismo. Después de ésta, con la consecuente sensación de que el gobierno estaba trabajando en diversidad de campos en que se necesitaba la acción de un equipo responsable, pensó también en la Misión Sucre, la Misión Ribas, la Misión Guaicaipuro, y más tarde Misión Árbol, Misión Identidad, Misión Ciencia. Proliferaron tanto —son al menos 33—, que pareciera haber una, o más de una, por cada tipo de problema que hay en Venezuela. Algunas tienen nombres un tanto exagerados y rimbombantes que parecieran querer abarcar todo el país con el solo nombre, como la Misión A Toda Vida Venezuela, la Misión Niños y Niñas del Barrio o la Gran Misión Vivienda Venezuela. Es tanto lo que el gobierno ha hecho girar su trabajo alrededor de las “misiones”, que hasta los humoristas comenzaron en algún momento a tener las suyas: la de Emilio Lovera es un programa llamado Misión Emilio que se transmite por Televén.
         La construcción de estos nombres probablemente haya sido inspirada por el título de la archiconocida serie de televisión Mission: Impossible, que transmitió originalmente CBS entre 1966 y 1973. El canal grabó una nueva versión de la serie entre 1988 y 1990, antes de que Tom Cruise aterrizara en la tradición de las misiones en 1996. Cada capítulo comenzaba con el mensaje de un agente del gobierno americano que le explicaba al protagonista, Jim Phelps, mediante un mensaje grabado —que se destruiría cinco segundos después de ser escuchado—, un delicadísimo problema diplomático que, con frecuencia, hacía peligrar la estabilidad de un gobierno, la vida de un líder internacional, la paz del mundo. El mensaje invariablemente decía: “Tu misión, Jim, si decides aceptarla...”.
         Lo interesante del título Misión: imposible son los dos puntos, de los que casi nadie se percata. Puesto en evidencia por este signo, el sentido del título es que al equipo dirigido por Phelps se le encargan misiones que no puede cumplir nadie, dada la peligrosidad del enemigo o las ínfimas posibilidades de éxito. La palabra imposible no es, pues, adjetivo del sustantivo misión. Las dos palabras son sustantivos. Es decir, a Phelps se le está diciendo en realidad: “Tu misión, Jim, si decides aceptarla, es lograr un imposible”. La misión es... lo imposible. Misión: imposible.
         La palabra misión, entonces, tiene en Venezuela una acepción nueva, que quizá un día se sume a las 10 que da el diccionario, puesto que ya no parece que su uso vaya a ser pasajero. Tampoco parece ser pasajera la práctica de ponerle nombre a algo tan imbautizable como una misión de cualquier naturaleza, de ignorar las señales que nos da la lengua, que son gratuitas, y, ergo, de actuar antes de reflexionar. Nuestra misión, ya que hemos decidido aceptarla, tendría que ser lograr el “imposible” de ver, en medio de tanta dificultad, hasta el último detalle.

emalaver@gmail.com




Año II / Nº VII / 12 de mayo del 2014



miércoles, 23 de abril de 2014

Congorocho [VI]

Isabel Matos

 

 

 

[Para recordar nuestro primer aniversario (25 de febrero), que quedó opacado por la ola

de protestas ocurridas en toda Venezuela, y para celebrar el Día del Idioma de este año, Ritos de Ilación reinicia la publicación de sus notas, que esperamos regularizar ahora

que el equipo ha crecido]


 

         Esta palabra me ha acompañado desde que aprendí a pronunciarla. La usaba para cualquier insecto que se pareciera a un escarabajo. Aunque estaba especialmente reservada para unos congorochitos que vuelan frenéticos hacia los bombillos encendidos hasta quedar exhaustos o, en su defecto, asados por el bombillo.

         En el DRAE no está registrado. Tampoco en múltiples diccionarios de venezolanismos en línea[1]. Realizo una búsqueda simple en Google y encuentro varios resultados:

 

1.   Un pueblo en el estado Guárico, a unos 20 kilómetros de San José de Guaribe. Otros sitios web dicen que pertenece a Anzoátegui, pero ni siquiera Google Maps tiene fotos o información alguna del lugar. Ese no es el congorocho que yo conocía.

2.   Un insecto de la familia de los Miriápodos, es decir, un ciempiés. No precisamente el insecto que recordaba, pero al menos es un insecto.  Este congorocho vive en la selva húmeda[2], así que no sé muy bien cómo el vocablo vino a parar en mi casa del llano árido.

3.   La búsqueda de imágenes es más alentadora. Muchos ciempiés y uno que otro escarabajo. Así que luego de visitar las páginas de los escarabajos encuentro que un venezolano respondió en un blog una vez, por allá por el 2008, que a los escarabajos se les dice congorocho también. Además, una joven publicó también una foto de un hermoso bordado en punto de cruz titulado Congorocho en otro blog en 2011.

 

         No soy la única. Respiro aliviada. He aquí la foto del célebre congorocho:




isabelmercedes@gmail.com

 

 

 

[1] Por ejemplo: http://projetbabel.org/internet/venezonalismos.htm#C

http://ensartaos.com.ve/cultura/diccionario-de-venezolanismos.

http://www.comercioexterior.ub.es/correccion/venezuela/cultura/Diccionario%20de%20Venezolanismos.htm.

[2] De acuerdo a http://www.mucubaji.com/guaquira/EEGBiodMyriapoda.html.

 

 

 

Año II / Nº VI / 23 de abril del 2014

EDICIÓN DEL DÍA DEL IDIOMA


lunes, 13 de mayo de 2013

¡¿Cuba fue una colonia estadounidense?! [V]

Joana Do Rego



         Durante las pasadas dos semanas he fastidiado al editor de Ritos de Ilación, Edgardo Malaver, para que siga publicando la revista; sin embargo, aquí en esta tarde de fotocopias, recordando una de las últimas novelas románticas que leí son mi debilidad, recordé que uno no debe pedir a los demás lo que no está dispuesto a hacer uno mismo, así que, aquí tienen mi primera contribución a Ritos de Ilación.
         El primer tema del tercer trimestre en Laboratorio de Inglés es la Crisis Cubana de los Misiles; teniendo todo el tiempo del mundo, estudiante al fin, esperé hasta última hora para estudiar y cuando voy a revisar los documentos que descargué de la red, resulta que son requetelargos, así como la palabra nicenoconstantinopolitano, de la que se habló en el Ritos pasado (el cual deberían leer).
         Después de tanto leer, una compañera me dice que Cuba se independiza de España a finales del siglo XIX y que luego de eso comienza a ser colonia estadounidense. Se podrán imaginar el tamaño de mi sorpresa luego de haber crecido en un mundo donde Castro odia el imperio.
         Así que he aquí los datos que recopilé: Cuba, evidentemente, como casi toda América, fue colonizada por España en el siglo XVI; en 1868 empieza la llamada Guerra de Diez Años, con la que los cubanos tratan de liberarse del yugo español; hasta 1895, Estados Unidos hace grandes inversiones en Cuba, principalmente en tabaco y caña de azúcar; después de muchas disputas, como siempre Estados Unidos fue el héroe del día, y logró “liberar” a Cuba, solo para poner la fusta bajo su propia mano y es hasta la llegada de Fidel Castro que Cuba por fin se ve fuera de la mano yanqui, o eso es lo que los cubanos pensaron...

 j.zerpa5@gmail.com

 

 

 

Año I / Nº V / 13 de mayo del 2013

 

 

 

Update

     Hoy, 21 de julio de 2014, mientras reviso/corrijo el texto para publicarlo adecuadamente en el blog, me gustaría agregar otra cosa curiosa que descubrí sobre Cuba en la clase de Analysis de Inglés III: hasta hace poco hubo muchas noticias acerca de Guantánamo y su cárcel. Siempre que escucho eso me viene a la mente el desierto de Mojave, despiadado e infértil, con plantas rodadoras por doquier. Pero resulta que Guantánamo está ubicado en la muy fértil tierra cubana donde la mayoría de sus habitantes viven de la producción de caña de azúcar y café. Luego de la intervención de Estados Unidos, a través de la Enmienda Platt (http://www.ourdocuments.gov/doc.php?flash=true&doc=55), obligaron a Cuba a ceder parte de su territorio bajo la amenaza de que la invasión seguiría, a menos que el “arriendo” fuera posible. Desde entonces y hasta 1960, Estados Unidos hizo un pago simbólico de 5.000 dólares anuales, hasta que el gobierno de Castro se negó a seguir recibiéndolo. Definitivamente el estudiante de Idiomas necesita saber más cosas además del conocimiento lingüístico de las lenguas que domina, necesita conocer la cultura propia y la de su entorno.

lunes, 22 de abril de 2013

Nicenoconstantinopolitano [IV]

Edgardo Malaver Lárez

 

 

 

 

 

         Una de nuestras lectoras, Joana Do Rego, nos escribe desde Venezuela. Muchas gracias, Joana, por los saludos y por tenernos presentes.

         Dice Joana que le gustó una de las curiosidades lingüísticas a las que dedicamos el número 3 de Ritos de Ilación: la de la palabra más larga de todas las incluidas en el Diccionario de la Real Academia Española, electroencefalografista, y que pudo incluso utilizarla en una oración: “El electroencefalografista estará ocupado hasta las tres”. Debe trabajar en una oficina. Despide su mensaje solicitando más comentarios nuestros sobre esta y otras palabras particularmente largas.

         Para responder a esta lectora, iniciamos una paradójicamente breve investigación que nos dio varias sorpresas. Por ejemplo, encontramos en la página 11 del diario Notitarde, de Venezuela justamente, del 21 de enero de este año, una nota que habla de los vocablos más largos del mundo. Dice que se lleva la palma la palabra lopadotemachoselachogaleokranioleipsanodrimhypotrimmatosilphioparaomelitokatakechymenokichlepikossyphophattoperisteralektryonoptekephalliokigklopeleiolagoiosiraiobaphetraganopterygon, que, como se ve, contiene 182 letras. Es un término del “griego antiguo, que fue inventado con fines humorísticos por el escritor Aristófanes, para designar una comida ficticia”. Aristófanes vivió entre el 444 y el 385 antes de Cristo, pero de haber vivido en el actual siglo y de haber escrito en español, probablemente habría tenido que sustituir algunas k por c o por qu, algunas ph por f, etc., con lo cual la dichosa palabra terminaría teniendo, en nuestra lengua, apenas 177 caracteres. Bastante.

         Notitarde habla también de una palabra sueca que requiere 130 caracteres para escribirla.

         En español, a pesar de que existen (o por lo menos pueden construirse cuando se necesitan, gracias a la composición o la derivación) palabras más largas que electroencefalografista, pero lo que deseábamos destacar la semana pasada era que es ésta la más larga que se encuentra en el diccionario; el español es un idioma, al parecer, mucho más sintético que algunos otros. Otra palabra que parece estirarse mucho es nicenoconstantinopolitano, de 25 letras, que no ha aparecido nunca en ninguna edición del diccionario de la Academia a pesar de pertenecer al ámbito religioso —el credo católico se llama así desde el año 381—. También es posible componer: otorrinolaringológicamente y contra-rrevolucionariamente, de 26; electroencefalográficamente, de 27, e incluso anticonstitucionalísimamente, ¡de 28!

         Este parece ser el máximo de longitud en español. Un profesor de morfosintaxis, sin embargo, se daría banquete “desarmando” esta palabra en sus numerosos componentes y demostraría que la lengua española es capaz, así, de concentrar una inmensa variedad semántica en formas léxicas verdaderamente reducidas.

         Hemos encontrado, a pesar de todo esto, la exageración de las exageraciones en español: pentaquismiriohexaquiskiliotetracosiopentaquismiriohexaquiskilotetracosiohexacontapentagonal. Si estuviera en el diccionario, diría: ‘perteneciente o relativo al polígono de 56.645 lados’. Noventa y dos caracteres apenas, ¡en singular!

 

emalaver@gmail.com

 

 

 

Año I / Nº IV / 22 de abril del 2013




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Ilación

Electroencefalografistas y más récords


miércoles, 10 de abril de 2013

Electroencefalografistas y más récords [III]

Edgardo Malaver Lárez






         Hay gente para todo: gente que come moscas, gente que colecciona botellas de refresco, gente que se congela para esperar la resurrección. Y gente que recoge curiosidades lingüísticas.
         En español, las curiosidades son muchas. Por ejemplo, la palabra oía tiene tres sílabas en tres letras. La palabra menstrual es la más larga con sólo dos sílabas. El vocablo cinco tiene a su vez cinco letras, coincidencia que no se registra en ningún otro número. La palabra electroencefalografista, con 23 letras, se ha convertido en la más extensa de todas las admitidas por la Real Academia Española en su diccionario. En plural, serían 24. La palabra pedigüeñería tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en nuestro idioma: la virgulilla de la eñe, la diéresis sobre la u, la tilde del acento y el punto sobre la i. El vocablo reconocer se lee lo mismo de izquierda a derecha que viceversa. Y hay una curiosidad que más bien parece un insulto creado por los argentinos para lanzarse entre sí cuando no gana el candidato de su preferencia en alguna elección: alterando el orden de sus letras, la palabra argentino sólo puede ser transformada en ignorante.
         Todo esto está en el nivel lexical, pero llevando este empeño al terreno de la morfosintaxis, encontramos una palabra cuya pronunciación requeriría, si la encontráramos escrita, que nos detuviéramos por lo menos un instante a pensar. ¿Cómo pronunciaría usted la forma verbal salle, el singular del imperativo sálganle o salidle? Tendría que ser ‘sal-le’, en contra de lo que parece indicar la ortografía.
         La semántica, finalmente, también nos ofrece sus aportes. París, por ejemplo, tiene fama de ciudad romántica, pero el nombre de ciudad que aparece al leer al revés la palabra amor es Roma.
         ¿Cuál otra se le ocurre a usted?

emalaver@gmail.com



Año I / Nº III / 10 de abril del 2013



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