lunes, 11 de diciembre de 2017

Más allá de un ritmo, una denigración [CLXXXIV]

Luis Camacaro


 
Antes del reguetón, la literatura y el cine habían encumbrado
a las
femmes fatales. Sue Lyon en Lolita (1962)



         No importa lo que se haga, las probabilidades de huir de él son nulas. Aunque no sea de agrado, en algún lugar llegará a los oídos sin querer, entonces solo queda acostumbrarse a su ritmo y seguir su son. Ese es el reguetón, un género musical producto de la mezcla entre el reggae jamaiquino y el hip-hop latinoamericano, con un puesto en la cultura general y altamente escuchado por todo tipo de personas, sobre todo, por los jóvenes.
         No se puede negar que el reguetón es pegadizo, pues las personas de una u otra forma terminan moviéndose a su ritmo o tarareando sus letras. El problema radica en que esas personan no se percatan de que más allá de ese “tucutún” contagioso existen palabras con significados denigrantes sobremanera y, lo peor, dirigidas hacia la mujer, la principal afectada.
         La imagen de la mujer en el reguetón es dejada por el piso cuando la describen con calificativos despectivos. En vez de usar un vocabulario que apueste por embellecer y dejar en alto lo que representa el sexo femenino, el reguetón se vale de palabras que, si bien a simple vista parecen inofensivas, al ser relacionadas con el resto de la letra cobran un significado realmente ofensivo y hasta ridículo.
         Ese es el caso de las siguientes palabras: felina, canina, zorra, gata y cachorra. Nombres de animales, nada que temer, pero ¿qué quieren decir realmente los reguetoneros?, pues que la mujer es comparable con todos esos animales porque se comporta como ellos (son infieles por naturaleza). Además, son usados otros términos como chapiadora (mujer que hace lo que sea por dinero), asesina (que tiene relaciones sexuales de forma agresiva) y abusadora (sin modales, brusca). No conforme con eso, en el reguetón se emplean calificativos que siempre han sido usados por la figura masculina para piropear a la mujer, como mami, mamacita, mamita o baby.
         Lo anterior guarda estrecha relación con lo siguiente: la mujer como figura netamente desinhibida y provocadora. Para el reguetón es muy claro: las féminas no tienen vergüenza, son fiesteras y excitadoras del deseo sexual. Algunos de los enunciados que dejan en claro esta idea son “no se pierde ni un party”, “perrear no escatima”, “le encanta la ropa atrevida”, “lleva mirándome toda la noche”, “a ella le gusta la gasolina (el alcohol)”, etc.
         El hombre también cumple un papel importante en las canciones reguetoneras, aunque quizá menos peyorativo, pues se presenta como la figura superior, el que manda sobre la figura femenina y la vuelve inferior. “Te vas a ir conmigo”, dice la letra de una canción; “soy yo quien mando”, dice otra; “aquí nosotros somos los mejores”, “aquí las cosas corren a mi manera”, dicen otras dos. ¿Acaso hay algo más patético?
         Entonces, se puede ver claramente la postura que se toma contra la mujer a través del reguetón. El problema con este género musical no es el ritmo, no son los instrumentos utilizados, ni siquiera la voz del cantante, el problema es el vocabulario denigrante usado en contra de la imagen femenina. Pero ¿por qué?
         Cualquier justificación es inaceptable, porque la mujer como elemento fundamental de la sociedad, productora de la humanidad y ser precioso por naturaleza debe ser respetada ante cualquier medio, y su belleza e importancia ha de ser expresada en cada oportunidad.

enriqcamacaro@gmail.com




Año V / N° CLXXXIV / 11 de diciembre del 2017

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