Edgardo Malaver Lárez
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| ¿Los textos informativos gritan lo suficiente? |
Cada tres o
cuatro meses oigo a alguien a mi alrededor quejarse de que en el trabajo o en
su celular le lleguen comunicaciones importantes o mensajes personales o de
cualquier tipo escritos en letras mayúsculas sostenidas. La verdad, me digo yo,
es que no se ve bien, estéticamente no es fácil de aceptar. Sin embargo, esta no
es nunca esa la razón de la queja. Lo que oigo decir es siempre que el autor
del mensaje está gritando.
Sólo
una vez hace años, porque lo decía una persona que sabía relacionada con los
estudios de la lengua, he preguntado si las mayúsculas se utilizaban para
expresar molestia o reprensión, y me respondió que sí; solamente dijo que sí.
Posiblemente —es la hipótesis que favorezco en este caso— respondió afirmativamente
pensando en el uso común y frecuente. Yo había preguntado pensando en la norma,
de la que muy pocos parecen tener conciencia.
Ya
está implícito, ¿verdad?, que la norma no sustenta esta práctica ni esta actitud. No existe
norma alguna en la lengua española que indique, ni siquiera implícitamente, que
el uso de mayúsculas sostenidas signifique ni deba ser interpretado como un
grito, como un mensaje en voz alta ni mucho menos un emisor que le habla airado,
molesto o en términos insultantes a su destinatario. He revisado escrupulosamente
las normas del uso de mayúsculas y minúsculas de la Real Academia Española y la
Asociación de Academias de la Lengua Española y no encuentro nada que señale
esta práctica como errada, inconveniente ni irrespetuosa. A mí me parece estéticamente
poco atractiva o armoniosa, pero eso de ninguna manera la convierte en un grito
áspero o destemplado.
(Me
imagino que algunos lectores están pensando en esos conjuntos de normas propias de
algunas disciplinas, empresas o instituciones precisas que atañen a grupos de
personas que trabajan en sus campos del conocimiento y que deben comunicarse
por escrito, y han decidido crear sus propias normas para regir esa comunicación.
No puedo incluir esas normas en mi análisis de este asunto. Reflexiono sobre él
desde el punto de vista lingüístico e intento que esa reflexión sea tan
científica como se pueda, y para lograr eso tengo que recurrir a especialistas pertinentes.
Los hay también fuera de la Academia, claro que sí y gracias a Dios, pero no
puedo confiar a la primera en cualquier grupo que en su oficina (de cuatro o de
mil quinientos empleados, no importa), haya decretado que “la sangría ya no se
usa”, que “las mayúsculas no llevan tilde”, que “los nombres no tienen
ortografía” y otras reglas sin fundamento, como que “las mayúsculas sostenidas
expresan gritos”. Ya es suficiente con las incongruencias en que a veces caen los
especialistas más respetados, que trabajan rigurosamente. Lo demás no nos va a
ser útil.)
La sola introducción de las normas que ofrece
la Academia ya indica explícitamente que la escritura regular se hace en
minúsculas y que, por ende, el uso de las mayúsculas debe seguir unas normas
razonables. Inmediatamente agrega: “La escritura enteramente en mayúsculas se
emplea únicamente en las siglas, los números romanos y textos cortos de
carácter informativo”. Esto tendría que ser suficiente para descartar del todo la
redacción en mayúsculas sostenidas (e incluso la discusión, si es que existe,
sobre si es positiva o negativa de alguna manera). Pero también elimina la idea
de que el uso de mayúsculas sostenidas sea agresivo. Las normas ni siquiera
mencionan que existan hablantes que se inclinen por esa mecánica.
La única norma del uso de las mayúsculas
que puede traerse a esta reflexión es la número 6, referente a “la
mayúscula sostenida para favorecer la legibilidad”, pero señala explícitamente que
se refiere a “la visibilidad y legibilidad de textos cortos”. Esta sexta norma
está dividida en diez puntos, que resumo aquí:
Llevan mayúsculas sostenidas a) palabras que aparecen
en portadas de libros y documentos; b) cabeceras de diarios y revistas; c)
inscripciones en lápidas, monumentos o placas conmemorativas; d) lemas y
leyendas de banderas, estandartes, escudos, monedas; e) textos de carteles de
aviso o de las pancartas; f) en textos informativos, frases que expresan el
contenido fundamental (Por higiene, SE PROHÍBE DEPOSITAR BASURA); g) términos como aviso,
nota, advertencia, posdata, cuando introducen los textos
correspondientes (AVISO: Los pagos se harán los martes); h) en textos
jurídicos y administrativos, verbos que expresan la finalidad del escrito (SE
DECRETA...); i) términos con los que se alude brevemente a las partes en
documentos jurídicos o administrativos; j) textos de los cómics y viñetas
gráficas.
Creo que se
puede entender que la escritura textos enteros, es decir, oraciones concatenadas
que forman párrafos y párrafos consecutivos que forman textos, en los que todos
los caracteres utilizados aparezcan en su forma mayúscula, no es aceptable, no
se ajusta a las normas. Sin embargo, tampoco afirma en ninguno de los puntos,
ni siquiera en letras pequeñitas dentro de un paréntesis escondido detrás de una
nota a pie de página, que las mayúsculas sostenidas en una palabra, una frase o
un párrafo tengan el fin de expresar gritos ni agresión verbal contra el receptor
del mensaje. Las mayúsculas no significan eso. No parece faltar nada más que
decir.
emalaver@gmail.com
Año XIV / N° DXXV / 20 de abril del 2026
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