Ariadna Voulgaris
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| La expulsión de los
moriscos, la procesión (1882), de Manuel Gómez-Moreno |
La hache es una letra tan
curiosa que —a menos que mañana aparezca una fuente más antigua— la primera vez
que su nombre apareció escrito en un libro fue en el año 1433. Y para más precisión,
¡lo escribieron sin hache!
Su antecesor, en el alfabeto
fenicio, de donde lo tomaron los amigos griegos, se llamaba het, y era,
más o menos, un rectángulo vertical, algo inclinado hacia la izquierda y
dividido en dos cuadrados aproximadamente del mismo tamaño. Los especialistas
dicen que se pronunciaba /jet/, como se pronuncia en inglés casi todo lo que
comienza con hache. En Grecia perdió los trazos horizontales superior e inferior,
y así, ya casi era la mismísima hache nuestra de cada día, a la que llamaron eta.
Más tarde, la adoptaron los avispados amigos romanos y con los siglos fueron
debilitando su sonido aspirado.
Hasta el momento, 2.860 de
las palabras incluidas en el diccionario de la Real Academia comienzan con
hache. Nada mal para ser una letra que, supuestamente, no se pronuncia (ver Ritos LXV). Sin embargo, no serían tantas si siguiéramos escribiendo igual todas
las palabras que en latín comenzaban con efe. Lo que Ruy Díaz de Vivar llamaba furtar
ahora lo llamamos hurtar; lo que don Quijote de la Mancha llamaba finojos
ahora lo llamamos hinojos; lo que Gonzalo de Berceo decía fervir
ahora lo decimos hervir (y no olvidemos ferviente, que se le
parece tanto porque también le sube la temperatura).
Esta tendencia —miren ustedes
si serán graciosos los españoles— se inició en el siglo XV, después de la expulsión
de los musulmanes de la península y el descubrimiento de América. Las élites
intelectuales comenzaron a ver con malos ojos la preferencia del pueblo por las
efes iniciales de palabras latinas y comenzaron a pronunciarlas con hache levemente
aspirada. Al final del siglo, las cosas se invirtieron y les dio por evitar esa
aspiración, que ahora sentían como reminiscencias de la lengua árabe y del
habla rústica. No fueron pocas, sin embargo, las palabras que conservaron la
hache, particularmente en zonas alejadas de la capital del imperio, como
Andalucía, Extremadura y mucho más en Canarias y América.
Y no me lo van a creer —yo
misma casi no lo creo—, pero el pueblo romano apreciaba con todo su corazón la vulgarísima
palabra future, equivalente a ‘practicar el coito’, y esta, en la Edad
Media, terminó convirtiéndose en foder, que pronto logró su versión aspirada,
hoder, la cual, como ya os estáis imaginando, ¡derivó en nuestro
recurrentísimo joder! Como dirían ellos mismos, a que son graciosos los españoles.
Aunque muy discutido, quizá
el significado más antiguo del signo het sea el de ‘cerrado’, ‘espacio cercado’,
‘patio’. No es difícil imaginarse que sería, por los cuatro costados, un patio
muy silencioso.
ariadnavoulgaris@gmail.com
Año XIV / N° DXXXII /
16 de marzo del 2026
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