Edgardo Malaver Lárez

Las lampyridae, luciérnagas para los amigos, viven 61 días
El 10 de abril del 2013, en el número III
de Ritos de Ilación, titulado “Electroencefalografistas
y más récords”, en el que me
concentré en recolectar algunas pocas curiosidades de la lengua española (como
quien se prepara para jugar a la trivia), repetí sin pensarlo mucho esta idea
que había leído horas antes en algún comentario de Facebook, probablemente: “Y
hay una curiosidad que más bien parece un insulto creado por los argentinos
para lanzarse entre sí cuando no gana el candidato de su preferencia en alguna
elección: alterando el orden de sus letras, la palabra argentino sólo
puede ser transformada en ignorante”. Pues resulta que el ignorante fui
yo. El ingenuo al menos. Hoy, casi 13 años después, descubro fortuitamente que
semejante afirmación, por fortuna, no es cierta.
Es lo que se llama un anagrama en
toda regla, pero de ningún modo es el único que puede construirse con ese
conjunto preciso de letras. Para comportarme esta vez lo más seriamente que
pueda, y aunque ustedes deben conocer muy bien el concepto, pongo aquí lo que
dice el diccionario sobre el termino anagrama: “Cambio en el orden de
las letras de una palabra o frase que da lugar a otra palabra o frase distinta”.
Resulta que hace horas, cuando sucedió
todo este hallazgo y este asombro, lo que estaba haciendo era buscar alguna buena
noticia sobre el idioma español que comentar en esta décima tercera “edición
aniversaria” de Ritos y, por alguna razón que no recuerdo, me vi en la
página de la Real Academia; al desplegar, como por accidente, un menú a la
izquierda del botón “Consultar” mis ojos cayeron sobre otro botón que decía “Anagrama”.
“¿Qué será esto?”, me dije, “¿será posible que el diccionario me vaya a dar
anagramas de las palabras que yo le ponga aquí?”. Pues para alegría mía, sí,
así fue. Y entonces, aunque parezca mentira, me vino a la memoria en ese
instante el que creo que es el único anagrama del que hemos hablado en Ritos:
la palabra argentino. Y escribí “argentino”, pensando que me iba a salir
lo que yo recordaba del 2013. ¡Pero no! Hay cuatro palabras en el diccionario
que se escriben con las mismas letras que argentino y que me da gusto mostrarles hoy: gritonean,
de verbo gritonear; el ya mencionado ignorante; la hermosa palabra tangerino, con su femenino, más hermoso aún, y tangieron,
del verbo tangir.
A veces a uno le sucede que se contenta
de haber cometido un error porque cuando el tiempo nos trae la corrección, e
incluso cuando nos trae la filípica, sale uno ganando porque todo termina
siendo un aprendizaje. Quién hubiera dicho que de una palabra tan conocida y
tan cercana florecieran de repente tantas palabras nuevas, que, más que
palabras, parecen melodías.
Quizá para muchos es algo tan
común y tan simple que ya ni siquiera se percatan de los anagramas que se les
presentan todos los días. Para mí no deja de ser atrayente como un imán. Es
como si estuviera aprendiendo a leer y escribir otra vez... porque recuerdo que
eso me pasaba cuando estaba aprendiendo a leer y escribir: cada palabra nueva
que encontraba era una flor nueva, un océano nuevo, una alegría nueva.
Por tanto, no es solamente
que me alegra haber podido corregir lo que llamaría una ‘falla de investigador’
que tuve hace 13 años —porque nunca es tarde—, sino además que, caminando por
el bosque de la lengua, me acabo de tropezar otro tesoro. Jugar con las letras
de unas palabras para construir otras palabras es de lo más agradable que se pueda
haber. Ahora, por ejemplo, usted pone rama en diccionario y le aparece amar,
arma, armá y mara. Puede ser también el juego más poético
del mundo: usted pone luciérnaga y el diccionario le da neurálgica.
¿Se imaginan una luciérnaga neurálgica que en una rama arma una mara?
Algunos disfrutamos unos placeres
más bien inverosímiles. Hoy, para el cumpleaños de Ritos de Ilación, yo
por lo menos me siento feliz con este descubrimiento.
emalaver@gmail.com
Año XIV / N° DXXV / 25 de febrero del 2026
DÉCIMA TERCERA EDICIÓN ANIVERSARIA
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